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Inocente pero no ingenuo

  Son dos palabras que podrían parecer sinónimas y no lo son. La persona ingenua no comprende del todo lo que ocurre en la realidad. Podría también ser inocente, pero sin saberlo. No tiene suficiente experiencia de vida para identificar la maldad, los defectos o las heridas que pueden ocasionar los demás. Un ejemplo son los niños, quienes no sufren ni se decepcionan de las personas porque no identifican el lado negativo o el pecado de otros. Todos hemos sido niños y ocurrió que, con los años empezamos a descubrir que no todo es “color de rosa”. La inocencia, en cambio, implica no haber ocasionado daño; implica no ser responsable del problema o dolor que hay. Y se agrega a ello que la inocencia se identifica para cada situación, de caso en caso, pues podríamos ser culpables de una realidad y ser inocentes de otra. La ingenuidad es una condición, una forma de ver la realidad con cierta limitación de conciencia, de recursos, de edad o de decisión. Creo, además, que incluso hay p...
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Llegó el momento...

  Llegó la hora, llegó el momento e hiciste lo que el Padre te pidió. Fuiste a buscar a Juan, aquel que iba preparando el camino para que otros se encontraran contigo. Fuiste a buscarlo, pero no le dijiste: “Llegué, diles a tus discípulos que me sigan”. No. Sencillamente llegó el momento de vivir lo que el Padre te pidió: te pusiste en la fila y, como uno más, fuiste bautizado. Juan el Bautista, obviamente, se sorprendió y cuestionó tu pedido, pues en realidad eres Tú quien debería bautizarlo a él. Pero no; llegó el momento e hiciste lo que el Padre te pidió. Llegó el momento de acercarte a nosotros, ya no solo como el Niño nacido en Belén o el joven de Nazaret.  Llegó el momento de acercarte a nuestras vidas como adulto, para caminar con nosotros o para cargarnos...  Llegó el momento de solidarizarte y hacerte presente en lo cotidiano de nuestro camino. Y entonces nos viste en la fila buscando la conversión, acogiendo la invitación de Juan para sumergirnos en el ...

Sed

  ¿Quién de nosotros no ha tenido la experiencia de tener sed? Algo que puede hasta alterarnos a medida que pasa el tiempo. Es algo por lo cual incluso podemos desmayarnos o morir, pues el líquido en el cuerpo es fundamental. Y creo que en la vida tenemos experiencias interiores que son así: sed de encuentro, sed de perdón, sed de paz, sed de respuestas, sed de eternidad. Una sed que también  urge   ser saciada y que si tomamos buenas decisiones, encontraremos la fuente para saciarla. Me vino a la mente esta experiencia al rezar sobre la solemnidad que recordamos hoy: la Epifanía del Señor, con personas muy particulares que hicieron cosas increíbles por saciar la sed que vivían. Es una fiesta litúrgica cargada de símbolos con los que podemos identificarnos. Espero que estas reflexiones nos ayuden a ahondar en esta fiesta y a comprender mejor lo que Dios nos quiere enseñar. El viaje:   En primer lugar, está este viaje y llegada de estos hombres de Oriente. Viene...

Mi familia

  Esta es una de las fotos que más me gusta al recordar a mi familia. Fue tomada hace muchos años como comprenderán, pero me recuerda la experiencia hermosa que he tenido siempre de sentirme tan amada, protegida y comprendida por los míos. Los años han pasado… pero el amor y la gratitud por ellos, y por los demás alrededor, sigue creciendo. Mi familia ha tenido siempre gestos y palabras que, al decirlas, me despiertan historia y gozo. Compartimos recuerdos que pueden traernos lágrimas, tanto de alegría como de dolor, pero que se vuelven llevaderos porque ellos comprenden muy bien lo que hay en mi corazón. Ellos me han mostrado lo que es el amor concreto, lo que no se negocia y lo que puede crecer cada vez más. Ellos me han mostrado lo que significa la entrega y el sacrificio por amor. Mi familia es ese espejo que me recuerda quién soy y qué busco ser; la que ha puesto palabras en mi boca para entender la vida y la que siempre ofrece un refugio seguro y hombros generosos para de...

Estrellas en forma de cruz

  Desde que planeé armar el nacimiento en mi nueva casa, me entusiasmó la idea de hacerlo bajo esta pared llena de cruces. Y estoy contenta porque me ayuda mucho a relacionar más estos dos misterios… Uno podría preguntarse qué tiene que ver el tema de la cruz, del dolor de Jesús con esta etapa del año que nos remite más a la ternura, sencillez y alegría. Pero creo que todos también podemos reconocer que en nuestra vida las dos realidades pueden ir de la mano. En más de una oportunidad todos hemos podido experimentar una gran alegría que fue de la mano con un sufrimiento. Y es que así es nuestra vida, así es nuestra humanidad. Y Dios nos ama tanto, que viene a estar con nosotros en todas las etapas de nuestra vida: en los veranos y primaveras, pero también en los otoños e inviernos. Dios viene para quedarse en TODO momento de nuestra vida porque viene a vivir, a caminar, a reír, a cargarnos y a permanecer para siempre a nuestro lado. Es más, ¿Qué sentido tiene la Navidad y el que Di...

El misterio de la alegría

  Sea intensa o simple, todos queremos experimentar la alegría. Es una de las emociones básicas de nuestra humanidad, que nos puede llevar a disponer nuestra vida de otra manera. Es esa emoción que nos puede llevar a ver las cosas con luz y colores más vivos y a darnos fuerza para realizar tareas difíciles. Es la que nos permite pasar situaciones difíciles de una forma más llevadera. Es un estado de ánimo que lleva a despertarnos y levantarnos con ganas de lograr grandes metas y la que nos ayuda a poder ser agradecidos con los que recibimos. Es una emoción que nos abre los oídos y todos los sentidos de tal manera que podemos disfrutar dulcemente de las cosas más sencillas de la vida y de nuestra vida cotidiana. Es esa emoción que nos lleva al asombro y en la que nos sentimos más cercanos a los niños. Todos alguna vez en la vida hemos tenido esa experiencia tan agradable de haber estado necesitando algo importante y llegó. Y al recibirlo sentimos la sensación de que ha encajado ...