Llegó la hora, llegó el momento e hiciste lo que el Padre te pidió. Fuiste a buscar a Juan, aquel que iba preparando el camino para que otros se encontraran contigo. Fuiste a buscarlo, pero no le dijiste: “Llegué, diles a tus discípulos que me sigan”. No. Sencillamente llegó el momento de vivir lo que el Padre te pidió: te pusiste en la fila y, como uno más, fuiste bautizado. Juan el Bautista, obviamente, se sorprendió y cuestionó tu pedido, pues en realidad eres Tú quien debería bautizarlo a él. Pero no; llegó el momento e hiciste lo que el Padre te pidió. Llegó el momento de acercarte a nosotros, ya no solo como el Niño nacido en Belén o el joven de Nazaret. Llegó el momento de acercarte a nuestras vidas como adulto, para caminar con nosotros o para cargarnos... Llegó el momento de solidarizarte y hacerte presente en lo cotidiano de nuestro camino. Y entonces nos viste en la fila buscando la conversión, acogiendo la invitación de Juan para sumergirnos en el ...
Todos tenemos experiencias cotidianas que nos llenan de asombro y nos llevan a encontrarnos con la presencia de Dios en nuestra vida. Quiero compartirles mis propias experiencias sencillas y reales, que puedan animarles a descubrir las que están a su alrededor...