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Mostrando las entradas etiquetadas como Amor

Las matemáticas de Dios

  Si hiciéramos una comparación entre las matemáticas y nuestra vida, podríamos decir que rechazamos la resta y buscamos la multiplicación. Todo ser humano prefiere ganar y nadie quiere perder. ¿Y qué podríamos decir si en nuestra vida cristiana Jesús nos habla de un reto que rompe nuestra lógica interior? Él nos afirma que, a medida que demos la vida, la recibiremos y la ganaremos en abundancia. Pero como en las buenas operaciones, ésto es muy comprobable... Trataré de explicarme: Hay cosas en nuestra vida que nos llenan de vida. Son esas acciones que sacan lo mejor de nosotros; experiencias en las que vemos tanta necesidad o retos por delante, que nos volcamos hacia ellos con toda nuestra pasión y esfuerzo. Esa entrega y esfuerzo para dar lo mejor de nosotros por lograr una meta, una ayuda o un proyecto que hace mucho bien. Entonces ocurre algo extraño pero especial en nuestra atención y conciencia: perdemos la dimensión del tiempo. Nos olvidamos de que ya es hora de almorz...

Seguridad

  Esta es una palabra que, aunque pensemos no tenerla muy presente en el diccionario de la vida, sí lo está… Creo que la búsqueda de seguridad motiva gran parte de nuestras acciones; su ausencia genera carencias y problemas, y su presencia define nuestras decisiones. Todos, sin importar cuán autosuficientes seamos, necesitamos sentirnos protegidos y seguros. Y es que la experiencia de vulnerabilidad, de sentirnos frágiles y desprotegidos es una experiencia que puede hacernos sentir incompletos e insatisfechos a pesar de ser algo tan humano y comprensible. Nadie disfruta la inseguridad. ¿Cómo podría gustarnos un estado que nos enfrenta directamente con el miedo al sufrimiento y a nuestra propia finitud? Pero es una condición que nos acompañará hasta el fin de nuestros días.  Sin embargo, hay formas de llevar esta condición tan nuestra. Creo que hay personas que pueden vivir en una mentira, pensando que no necesitan de nadie, que se bastan a si mismos y que además deben ...

Como aves libres...

  Hace un tiempo tuve un sueño muy bonito en el que estaba volando. Tomaba impulso, y con esfuerzo y ganas podía elevarme más alto. Me sentía libre y sentía cómo el viento fresco me impulsaba a seguir haciéndolo. Hoy al rezar en el Evangelio de este domingo sobre las Bienaventuranzas, me vino el recuerdo de este sueño. El Espíritu me dio el regalo de comprender un poco más cómo el Señor nos quiere libres y que volemos alto. Libres porque podemos liberamos de cadenas o cintas delgada que puedan atarnos y atrasar nuestra felicidad. Este domingo tal vez sea ocasión para escuchar al Señor y cortar esas cintas o cadenas para volar alto con la fuerza del amor de Dios. Les comparto una oración que escribí. Espero que les ayude ver a las Bienaventuranzas como un verdadero camino de libertad y de amor que se logra cuando nos unimos a Él y tenemos puesta la mirada en el Sol, en lo alto y en lo verdaderamente importante. Soltemos lo que nos ata y volemos para ser felices desde ya y para...

El misterio de la alegría

  Sea intensa o simple, todos queremos experimentar la alegría. Es una de las emociones básicas de nuestra humanidad, que nos puede llevar a disponer nuestra vida de otra manera. Es esa emoción que nos puede llevar a ver las cosas con luz y colores más vivos y a darnos fuerza para realizar tareas difíciles. Es la que nos permite pasar situaciones difíciles de una forma más llevadera. Es un estado de ánimo que lleva a despertarnos y levantarnos con ganas de lograr grandes metas y la que nos ayuda a poder ser agradecidos con los que recibimos. Es una emoción que nos abre los oídos y todos los sentidos de tal manera que podemos disfrutar dulcemente de las cosas más sencillas de la vida y de nuestra vida cotidiana. Es esa emoción que nos lleva al asombro y en la que nos sentimos más cercanos a los niños. Todos alguna vez en la vida hemos tenido esa experiencia tan agradable de haber estado necesitando algo importante y llegó. Y al recibirlo sentimos la sensación de que ha encajado ...

Tips para una mudanza...

  Varios de ustedes saben que estos meses he estado dedicada a mudanzas y traslados. Un reto y todo un aprendizaje. Hoy al rezar el Evangelio del domingo, me encantó identificar diversas analogías con detalles y experiencias que me tocaron vivir estos días. Por eso me atrevo a compartirles algunas experiencias vividas en lo práctico y un eco espiritual que Jesús me animó a vivir. Espero que les sirva. Y de pasadita, les doy algunas recomendaciones si alguien está por mudarse… ·       Esta experiencia empieza teniendo un objetivo claro: hacía donde, quiénes vivirán en ese lugar, el tamaño del lugar, etc. Es decir, tener una meta clara, lo cual nos llevará a saber decidir y planificar de la mejor manera posible. Y en nuestra vida también necesitamos metas claras y rutas definidas para ver qué hacer. Esos cambios interiores en los que se decide qué se mantiene y qué se deja. Hoy Jesús nos dice que hay un reino preparado para nosotros, hay un cielo, hay...

Como una fuente...

  En estos días tuve el regalo de tener nuevas amigas. Las conocía un poco, pero por diversas circunstancias pude tener lindos encuentros que me animaron a caminar también con ellas. Y me quedaba pensando cómo podemos ser personas tan distintas, pero compartir la misma búsqueda y anhelos. Pero también me preguntaba qué es lo que nos une con los demás a pesar de ser distintos. Entonces me vino la imagen de una fuente, la que destila agua por diversas direcciones y que llega más alto y lejos cuando brota con más fuerza e intensidad. Fuente que tiene un solo origen, pero que al salir se dirige a variadas direcciones. Una fuente de la que se forman muchos caminos pero que proviene de un mismo origen. Creo que algo así somos nosotros, de diversos colores y matices, con historias y caminos diversos. Diferentes, pero viniendo todos del mismo origen, y con la misma esencia. Distintos, pero con la misma condición humana: esta que siempre anhela a más, que necesita encontrarse con los ot...

El ejemplo de los niños...

  Un niño camino al colegio muy temprano, que le ha costado levantarse de la cama, caminando en una mañana fría en uniforme. Sin hambre y hasta sin frío. Sólo tiene tanto sueño, que es capaz de caminar dormido...  Yo he visto más de uno así. ¿Y tú? La pregunta es por qué puede hacer eso sin miedo a caerse. Y la única respuesta es porque va confiado, con la guía y sostén de las manos de su padre. Una figura e imagen buenísima para comprender lo que es ser como niños confiados en nuestro Padre del cielo.   Es eso lo que Jesús nos pide este domingo. Resuelve preguntas difíciles como la que le ponen a prueba los fariseos sobre el divorcio. Pero en realidad lo que le interesa aclarar es la pregunta sobre la dignidad de las mujeres, y también la de los niños (porque ambos eran considerados menos que los hombres adultos).   Un pasaje en el que Jesús hasta se enoja, porque sus apóstoles que buscaban cuidar a su maestro y no interrumpirlo, botan a unos niños que eran traídos ...