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Las preguntas eternas...

  Cuando era niña me encantaba leer unos libros que se llamaban el ¿Por qué? y el ¿Cómo? Preguntas que mes las hice siempre, y que me han llevado a tanto asombro y a nuevas preguntas que sin haberlas podido responder, me llevaron a encontrarme con el mismo Dios.   Creo que es muy humano y comprensible preguntarnos y querer tener la vida más controlada con respuestas claras.   Sin embargo, hemos de entender también que nuestra humanidad y las realidades más importantes de nuestra vida tendrán siempre un resquicio de misterio y de respuestas inconclusas.   Algo así es lo que me viene al corazón en el Evangelio de este domingo. Un diálogo que se da en la Última Cena, en la que Jesús les promete prepararnos una morada y en la que ante la pregunta sobre el camino para llegar a ella, Cristo revela que Él es el Camino, la Verdad y la Vida.   Un diálogo en el que revela su unión con el Padre y en el que nos muestra claramente que la única manera de alc...

Mi morada

                Creo que todos de una u otra manera hemos experimentado tener corazones “turbados” como los describe Jesús este domingo. Corazones con incertidumbres, angustias, temores, decepciones, dudas, soledades o preocupaciones.             Y creo además que una de las raíces más importantes es cuando no se tiene algo verdaderamente seguro para apoyarnos. Y el corazón humano no sólo requiere de algo, sino de ALGUIEN estable y permanente que nos ofrezca un amor y seguridad eterna.             Creo que, por eso, el inicio de esta lectura me conmueve mucho, porque sabiendo esta realidad te ofreces Jesús, para creer en ti y para darnos una gran promesa, Una tan personal y cercana: que puede aliviar las angustias y ansiedades:   irás a una de las moradas del Padre para prepararla y estar con nosotros. ...