Vi salir a los niños de 1er grado orgullosos con su regalo por el día del padre. Eran unos vasos decorados como macetas para albergar unas plantas que habían sembrado. Tenía un cartel también hecho por ellos que decía Feliz Día Papa y todo en un celofán transparente. Pensé por un momento que era un regalo muy simple, pero luego me dejó pensando todo lo que simbolizaba… Me remitió entonces a aquellos amigos que he conocido antes y luego de ser papás por primera vez. Me acordé de todas las preguntas, temores, decisiones y retos que sentían ante aquello que se venía por delante. Sus vidas habían cambiado para siempre y tenían toda esa sana preocupación por el futuro de sus hijos y de su familia. Dudas muy comprensibles como lo económico, la forma de educarlos, el tiempo que necesitarían para estar con ellos, no querer repetir los errores que cometieron con él, etc. Y ahora veo estos mismos papás años después: tan contentos, tan “derretidos” con esas hijas que los llenan de besos, o ...
Todos tenemos experiencias cotidianas que nos llenan de asombro y nos llevan a encontrarnos con la presencia de Dios en nuestra vida. Quiero compartirles mis propias experiencias sencillas y reales, que puedan animarles a descubrir las que están a su alrededor...