Hoy, segundo domingo de Pascua, sólo quiero quedarme contemplando la experiencia de los apóstoles en dos momentos: Por un lado, verlos con puertas cerradas por miedo a los judíos. Encerrados como muchas veces puede ocurrirnos a nosotros, que, ante el temor al sufrimiento, a las heridas y daños, preferimos escondernos y cerrar los ojos. Un miedo muy humano, un temor muy comprensible. Una razón que sabe que es Dios, que Él lo puede todo, pero que va unido a tantos sentimientos y emociones removidas…Creo que, si hubiera estado con ellos, seguro que también cerraba las puertas por temor… Por ello, también me conmueve mucho ver a Jesús en este segundo momento: Este amigo sabe lo que sienten y por ello atraviesa las puertas cerradas, como atraviesa también nuestros miedos y temores. Y apareciéndose en medio de ellos, dice una frase que puede calarnos al fondo del alma: “Paz a vosotros”. Como diciéndonos "quédense tranquilos y siéntanse protegidos, porque conmigo, las cosas son ...
Todos tenemos experiencias cotidianas que nos llenan de asombro y nos llevan a encontrarnos con la presencia de Dios en nuestra vida. Quiero compartirles mis propias experiencias sencillas y reales, que puedan animarles a descubrir las que están a su alrededor...