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Mostrando las entradas etiquetadas como Adviento

El misterio de la alegría

  Sea intensa o simple, todos queremos experimentar la alegría. Es una de las emociones básicas de nuestra humanidad, que nos puede llevar a disponer nuestra vida de otra manera. Es esa emoción que nos puede llevar a ver las cosas con luz y colores más vivos y a darnos fuerza para realizar tareas difíciles. Es la que nos permite pasar situaciones difíciles de una forma más llevadera. Es un estado de ánimo que lleva a despertarnos y levantarnos con ganas de lograr grandes metas y la que nos ayuda a poder ser agradecidos con los que recibimos. Es una emoción que nos abre los oídos y todos los sentidos de tal manera que podemos disfrutar dulcemente de las cosas más sencillas de la vida y de nuestra vida cotidiana. Es esa emoción que nos lleva al asombro y en la que nos sentimos más cercanos a los niños. Todos alguna vez en la vida hemos tenido esa experiencia tan agradable de haber estado necesitando algo importante y llegó. Y al recibirlo sentimos la sensación de que ha encajado ...

Reiniciar...

  El otro día me encontré en una situación que seguramente les ha sucedido a ustedes: después de varias horas de trabajo, mi computadora comenzó a ralentizarse. Los programas tardaban en responder, y no podía avanzar igual. Recordé que hacía días que no la había apagado, dejándola solo en modo de hibernación. Entonces decidí reiniciarla. Esperé unos minutos con paciencia y vi que valió la pena. La máquina volvió a trabajar bien. Esta simple historia me llevó a un simple paralelo con lo que estaba rezando sobre el Evangelio de este Segundo Domingo de Adviento, cuando la Iglesia nos invita especialmente a la conversión. Este pasaje comienza con las palabras Juan Bautista desde el desierto: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». Este es el que anunció el Profeta Isaías diciendo: «Voz del que grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”» (Mt 3, 1-3). Espero que esta tan simple comparación no les moleste y les pueda ayudar un poco a c...

Esperando visita...

  Qué emoción se vive cuando preparamos la visita de alguien querido a nuestra casa. Esperamos la llegada de ese día preparando y disponiendo todo para que esté a gusto, para que se sienta bien y perciba el cariño que le tenemos con detalles y esfuerzos. Cuando sabemos el día y la hora que vendrá, podemos organizar y planificar mejor cosas más especiales y elaboradas. Y todo con entusiasmo porque nos llena de alegría el corazón. Pero existen también esas personas a las que queremos tanto y que le tenemos una confianza tal, que no tienen que anunciar su visita, pues pueden llegar en cualquier momento para hacernos compañía, para contarnos algo nuevo o para quedarse en silencio y comunión haciéndonos compañía. Personas que ocupan un lugar mucho más profundo en el alma. Y tal vez por ser tan especiales, les guardamos en la despensa lo que tanto le gusta, o tenemos siempre a la mano lo que sabemos que necesitará. Son esas personas que ocupan un lugar indispensable en nuestro camino...

Peregrinar...

  En los últimos días, he tenido la oportunidad de viajar por carretera, cargar maletas y vivir diversas aventuras. He contemplado la noche y el amanecer desde diferentes altitudes y temperaturas, con momentos de hambre y sed. Un viaje realizado en compañía de mis hermanas, y con una meta clara, como todo buen viaje. Hoy, al reflexionar sobre el Evangelio de este último domingo de Adviento, me alegró notar que esta experiencia se conecta con un tema común: el peregrinar. Recordamos a María, quien, al aceptar el llamado de Dios para ser la Madre de Jesús, se apresuró con decisión a visitar a su prima Isabel, viajando hacia un lugar lejano. Qué fortaleza, tanto exterior como interior, mostró al atravesar zonas peligrosas y distantes, motivada por el único deseo de servir a su prima anciana y embarazada. Su fuerza y entusiasmo nos enseñan que el amor es el verdadero motor de la vida. Este viaje puede reflejar lo que significa para todos nosotros lo que es el peregrinar de nuestra exis...

Morder el agua...

  Frase extraña o ilógica: “morder el agua”. Me vino, una tarde que estaba muy agotada. Tenía mucho calor y era un clima muy seco. Por lo tanto, la sed que tenía era mucha. Y al empezar a tomar agua, mi sensación era necesitar que pase rápido por mi garganta. Es como que quería morderla para satisfacer más pronto esa necesidad de hidratarme, que el agua entre pronto por todo el cuerpo. Me reí de la frase, pero horas después me puse a pensar que a veces en la vida es algo así lo que puede sucedernos. Hay veces que tenemos una sed indescriptible, impaciente, urgente y necesaria. Una que no solo para hidratarnos físicamente. Es una sed que puede darse en diversas necesidades de la vida. Sed de respuestas, sed de encuentro, sed de aliviar un dolor grande, sed de calmar el resentimiento o cólera, sed de solventar una urgencia económica, sed de reconciliación con un ser querido, sed por comprender preguntas hondas sobre la vida. Tantos tipos de sed como experiencias de vida que suceden e...

Dos frecuencias...

  Caminaba luego de un lindo encuentro, me quede pensando en tantos regalos y alegrías que recibo. Y entonces reconocí otra vez esa sensación tan dulce y misteriosa: ese sentir el pecho y el corazón cálido y ardiente. Algo que enciende el oído, la vista y todos los sentidos para reconocer que estoy llena de alegría. Un misterio que no depende de las circunstancias, sino que es algo que brota de dentro. Reconocí y confirmé una vez más que en el camino interior tenemos como dos canales, dos frecuencias en las que también se manifiesta y vive la alegría: Una es la cotidiana, con esas circunstancias buenas, con detalles de cariño, con esos asombros y acontecimientos que despiertan risas y carcajadas. Alegrías tan sanas y humanas que nos ocurren con tantas personas y en diversas circunstancias. Alegrías que pueden depender en parte de nuestra actitud, como también se ven influenciadas por lo que nos rodea. Y en la cual podrán haber momentos de alegría. Esos momentos inolvidables q...

La hora perfecta...

  Mes de diciembre, cuando los planes sobre las celebraciones de Navidad, sobre las visitas de familia o los encuentros con los nuestros emociona y anima a querer vivir lindos días. ¿Cómo es nuestra disposición, nuestro entusiasmo y los detalles con los que nos preparamos para estas grandes visitas? ¿Qué emociones se evocan en el corazón cuando sabemos que llegará esa persona que queremos tanto? La mayoría de las veces sabremos la hora y día. Tal vez iremos marcando en el calendario los días que faltan, que faltan 10, 9, 8 días hasta que las emociones y lindas fantasías sigan aumentando … Otras veces puede ocurrir sabremos que ese ser querido llegará en cualquier momento. Y los sentimientos podrían alterar el sueño y el horario natural porque queremos estar alertas ante su inminente llegada. Todos ellos síntomas de amor, de admiración y de un deseo sincero de querer encontrarnos con esas personas. En este primer domingo de Adviento, Jesús nos habla de estar en vigilia porque ...

Flores en el desierto

  Por distintas razones, esta semana me tocó vivir y ser testigo de la tristeza y angustia por distintos tipos de pérdidas y circunstancias. Dolores hondos en los que dan ganas de hacer algo por ellos y lo mejor es rezar y ofrecer. Creo que cuando en la vida nos toca atravesar momentos así, podemos tal vez identificarnos con alguna de las figuras que la 1ra lectura de este domingo como: el desierto, yermo, estepa, las manos débiles, las rodillas vacilantes, inquietud, ceguera, sordera, cojera, pena y aflicción. Figuras que de una u otra manera no son extrañas ni nuevas en nuestra historia de vida. Y junto a estas experiencias, tuve también la bendición de vivir y ser testigo de otros momentos de especial alegría en los que también podrían identificarse con palabras de esta misma lectura: regocijo, alegría, florecer, germinar, contemplar la gloria y majestad de Dios, fortalecer, vivir sin temor, saltar, ser rescatados, cantos de júbilo, alegría sin límite. Nuestra vida es así....