Creo que nunca como ahora la experiencia de las despedidas se vuelve una experiencia constante y viva. Despedidas por aquellos que se van a vivir lejos, como aquella tan difícil cuando perdemos a un ser querido en este mundo. Sólo en este mes tuve más de 10 noticias de pérdidas de personas. Personas muy queridas para mí, como el ver los míos sufriendo hondamente por ello. Misterio de la muerte en el que la despedida y el dolor puede dejarnos en silencio no solo de palabra, sino ese que nos deja toda emoción y pensamiento en blanco. Silencio que grita, porque el dolor atraviesa todo nuestro ser. Y dolor que cuando es llevado con fe, puede animarnos e invitarnos a poder ser vivido con paz y amor por los que partieron y los que quedaron con nosotros. El Señor también quiso enseñarnos a través de su Madre y sus apóstoles a saber llevar esta partida. Aquella durísima cuando murió un viernes, como la de estar 40 días resucitado para luego despedirse e irse en cuerpo y alma al cielo...
Todos tenemos experiencias cotidianas que nos llenan de asombro y nos llevan a encontrarnos con la presencia de Dios en nuestra vida. Quiero compartirles mis propias experiencias sencillas y reales, que puedan animarles a descubrir las que están a su alrededor...