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Mostrando las entradas etiquetadas como poder de la oración

Amor y dolor...

  Creo que uno de los misterios más grandes de todo ser humano es el sufrimiento. Una realidad que no buscamos, pero que está. Dolores injustos, justos, comprensibles, sorpresivos, profundos, pasajeros, áridos, eternos, fugaces. Esos que crecieron a lo largo del tiempo, esas enfermedades, duelos, soledades, impotencias, angustias, ofensas, noticias o defectos personales. Desde los más hondos que parece que nos quitan la voz, que nos nubla los sentidos y nos hace perder la dimensión del tiempo, como aquellos simples y pasajeros que se asemejan a un incón en el dedo más pequeño. Esos que vienen de factores externos o los que se originan dentro del alma. Dolores de tantas formas y dimensiones, pero con una característica común: nos dejan huella, pues luego de ellos no somos los mismos. Creo que es necesario aceptar que es imposible sacarlos de nuestra vida y mucho que se irán echándole la culpa a Dios o a los demás. Sencillamente están, seamos cristianos, ateos, jóvenes o anci...

No hay imposibles para Dios...

    Tuve estas semanas una experiencia muy fuerte de ver el dolor de una familia ante el accidente de su hijo. Una experiencia en la que tocaba ponernos en manos de Dios con confianza y esperanza. Pero experiencia en la que como familia de nuestro colegio, se tornó en una experiencia honda de fe, de oración con insistencia y de vivir la esperanza de los niños. Ver a los más pequeños de inicial, a todos los estudiantes, los profesores y padres de familia rezando con mucha fe por su pronta recuperación. Y ver cómo poco a poco, este estudiante ha ido recuperándose. Experiencia en la brota dar gracias a Dios de todo corazón por escuchar nuestra oración, en la que también queríamos confiar en sus planes y momentos. Experiencia espiritual que ha quedado grabada en mi corazón y en la de nuestra escuela. Y justo rezando el Evangelio de este domingo me encuentro con dos bellísimos pasajes que narran el poder de Dios, la fuerza de ese pedir con insistencia y confianza. Dos pasajes que n...

Seamos Pepe Grillos…

  Este simpático personaje de uno de mis cuentos favoritos, es este pequeñito insecto que con su canto constante perseguía a Pinocho pidiéndole una y otra vez que no haga caso a sus falsos amigos. Pinocho le quería, pero también le incomodaba que le recuerde lo que no quería recordar. Era más “divertido” o «fácil” dejar de ir a la escuela para hacer otras cosas. Y Pepe Grillo no dudaba en insistir que esa no era una buena decisión. Este buen amigo se arriesgó a terminar pisado o herido. Pero su cariño, su verdadero compromiso y el estar seguro que Geppetto sabía qué era lo mejor para él, le animó a seguir hablándole. Algunas veces tenemos esa voz de la conciencia que actúa como este per sonaje, y otras Pepe Grillo toma la forma de aquellos que son los verdaderos hermanos, amigos, esposos, padres o hijos. Aquellos que no se intimidan ante el rechazo o las malas reacciones que podríamos tener cuando con seriedad y auténtico amor reprenden con cariño para recordar qué está bien y qué...