Hay lugares físicos que evocan mucha paz, esos en los que uno necesita estar o imaginar cuando quiere tranquilidad y una alegría serena. Y hay lugares que no se describen físicamente pues la belleza no está en la forma, distancia, clima o ambiente. Son lugares en el alma en los cuales uno puede experimentar esa verdadera paz y armonía que va más allá de lo que rodea. Creo que ese lugar lo encuentro cuando hago aquello bueno que queda escondido. Guardar en el corazón aquellas batallas, acciones, aquellas decisiones que sólo Dios y yo conocemos. Esa sensación de saberme cómplice por esas historias de amor, sacrificio, perdón y esfuerzo que sólo Él y yo sabremos comprender y atesorar en todo su valor. Esas en las que Él me animó y me dio su fuerza para saberme consecuente, auténtica y feliz. Historias maravillosas que pierden su encanto si son reveladas a los demás. Una vez escuché que era muy bueno preguntarnos cuál era nuestro público. Si en realidad estamos más interesados ...
Todos tenemos experiencias cotidianas que nos llenan de asombro y nos llevan a encontrarnos con la presencia de Dios en nuestra vida. Quiero compartirles mis propias experiencias sencillas y reales, que puedan animarles a descubrir las que están a su alrededor...