Todos
en algún momento de nuestra vida hemos tenido la experiencia de hacer una
corrección a una persona que amamos mucho: hijos, pareja, amigos, hermanos,
compañeros de trabajo, etc.
Y
es que, si queremos a alguien, buscamos el bien para esa persona. Buscamos que sea feliz, que deje de vivir en
la mentira, que se conozca bien y sea consciente de sus grandezas, pero también
de todo aquello que necesita cambiar.
Cuando
amamos a una persona no podemos evitar el dolor cuando le vemos torcer el camino
y tomar malas decisiones. Es entonces cuando el amor que nos muestra Jesús nos
pide actuar, nos anima a no quedarnos con los brazos cruzados, nos pide hablar
y hacer lo que esté en nuestras manos para que pueda cambiar.
Pero
hemos de reconocer que esta experiencia muchas veces no es tan fácil. Tendremos
personas en nuestra vida que con sencillez y gratitud nos escuchan y acogen lo
que podemos decirles. Pero hay otras que el orgullo o la dependencia tan fuerte
a lo que viven, no les permite abrir los ojos y el corazón para aceptar que se
están haciendo mucho daño. Puede pasar incluso como describe el Evangelio
que ese hermano “peca contra ti…” y comprendemos que si lo hizo con nosotros es que
las cosas pueden estar más graves aún.
Y
entonces, puede venir otra dificultad en paralelo: el miedo al rechazo, la
incomodidad que se nos vendrá, la incomprensión que recibiremos, la propia evasión
a tener problemas o nuestra inseguridad entre otras realidades más. Se une
nuestro sincero deseo de buscar el bien de esa persona con el miedo a las
consecuencias que nos pueda traer. Viene la tentación de hacernos la "vista gorda".
O
si tenemos otro tipo de personalidad, puede venir el tema de nuestra propia
impaciencia o la cólera que sentimos por lo que esa persona vive que nos lleve
a corregirles lo cual está muy bien, pero hacerlo con falta de paciencia y
caridad. Viene entonces la duda si estamos buscando corregirle por amor o por
cólera, como desahogando nuestra rabia y sumando tal vez más heridas que
soluciones.
Qué
importante es hablar, qué necesario es jugárnoslas y no quedarnos callados para
buscar el bien para el otro. Pero también qué difícil
es saber combinar esta muestra de amor con la realidad de nuestras propias
fragilidades.
Hablar
es un arte. El arte de amar.
Hoy
Jesús nos invita a hacerlo. Nos invita a poder salvar al hermano. Es fácil
entenderlo cuando tengamos que gritar para que no cruce la pista y sea
atropellado, es fácil si le advertimos que está ingiriendo un veneno, es fácil cuando
le animamos a cuidar su salud. Pero cuánto amor necesitamos vivir cuando la
corrección que se le haga implique riesgos en nuestra relación pues se trata de una respuesta significativa para el corazón de
esa persona.
Pero creo que la fuerza del amor por los que tanto amamos nos lleva a actuar para
hacerle feliz. Y Dios quien nos ha regalado ese amor, nos puede dar toda la
gracia necesaria para hacerlo bien y poder ser consecuentes con lo que anhelamos de
esa persona.
Está
en nuestras manos y nuestra libertad el lanzarnos y hasta "embarrarnos" para rescatarle de barro a quien tanto amamos y tanto necesita.
A
Jesús le costó la vida, llegó a la Cruz por decir la verdad, llegó a muchas
heridas y humillaciones por no quedarse callado. ¿Qué somos capaces de hacer
por los que amamos?
Y
entonces para hacerlo de la mejor manera posible, implicará el amor de lanzarnos
a hablar, pero también aprender a controlarnos y educarnos para hacerlo de la
mejor manera posible con el arte de hablar, con un apropiado como, cuándo, dónde
y sobretodo un para qué. Porque el que habla, ama y el que habla bien ama mejor aún.
Y si hacer todo esto no es suficiente, hoy Jesús nos invita también a una realidad maravillosa: la comunidad. Rezar en comunidad los unos por los otros, y rezar en comunidad también por esas personas que tanto amamos y que a pesar de hablarle y exhortarle no quiera cambiar.
La fuerza de la comunidad, la fuerza de la
oración y la fuerza del amor es capaz de muchas cosas.
Que
esta semana podamos darnos un espacio para ver cómo van nuestras
relaciones: si hablamos, si nos dejamos corregir, si buscamos hacerlo con el
verdadero arte de las palabras, si somos impacientes con los defectos de los
demás, si nos fijamos más en lo bueno que en lo malo de los que amamos.
Que
esta semana valoremos el tesoro de la amistad, de la comunidad y de la
bendición de poder crecer con el amor de Dios y también con el amor que nos
dan los demás.
Mateo 18, 15-20
En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace
caso, has salvado a tu hermano.
Si
no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede
confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la
comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un
pagano o un publicano.
En
verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos,
y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.
Os
digo, además, que, si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para
pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres
están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
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Te pongo esta canción que compuso hace tiempo 2 de
nuestra comunidad, la letra es muy linda. Aquí te la dejo:
AMIGO
FIEL
Algunos
dicen que es más fácil encontrar
una
aguja en un pajar que un amigo de verdad,
que
es cosa de locos.
Van
dando vueltas sin saber a dónde van,
caminando
en soledad sin tener en quien confiar,
bastándose
solos.
Escondiéndose
en el silencio de algún cuarto oscuro.
Queriendo
gritar palabras que nadie escuchará.
Pero
te digo que un amigo de verdad
es
un tesoro por el cual vale la pena luchar,
te
alumbra el camino.
En
esta vida no podemos avanzar
sin
la fuerza que nos da un amigo al caminar.
Te
muestra el horizonte.
Es
faro que guía al puerto cuando estás perdido.
No
se apaga en la distancia, porque un amigo fiel.
Sabe
entender lo que no puedo explicar,
nos
une el mismo horizonte, que anhelamos alcanzar.
Es
su amistad como aire para respirar,
y
sé que, aunque yo olvidara
no
me dejará olvidar, porque fiel es su amistad.
Brilla
a tu lado en medio de la oscuridad,
hace
el dolor llevadero, la alegría más real.
Se
hace más plena cuando se vive en verdad,
es
más fuerte que la muerte, por siempre vivirá
porque
fiel es la amistad.

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