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Mostrando las entradas etiquetadas como Frutos buenos

Primero el árbol, luego el fruto

  Todos anhelamos ser personas plenas, de buscan contribuir todo lo que se pueda para lograr un mundo mejor. Queremos dejar un legado valioso y dar frutos que perduren en el tiempo. Y dentro de varias enseñanzas importantes que Jesús nos dice en el Evangelio de este domingo, nos habla de algo que me dejó resonando: la figura de los frutos buenos y el árbol bueno. Me quedé entonces meditando que más de una vez nos hacemos trampas y actuamos confundidos en la vida, poniéndole más atención a los frutos, los resultados y los logros; pero no lo suficiente a lo que nos habla sobre los árboles buenos: “…no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien”. Lc 6,43-45 Se trata pues, de esforzarse por ser buenos árboles. Los frutos son una consecuencia que se manifiesta de diver...

Arando nuestra tierra

  Dentro de tantas verdades que este domingo nos dice Jesús en el Evangelio, hay una cita que me llamó de manera especial y que en un sentido resume las demás: «Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el Reino de Dios.»   Lc 9,62 Que poniendo en positivo sería algo así como “si quieres estar junto a Dios, pon la mano en el arado y camina sólo hacia lo que vez en el horizonte”. Entonces, quise entender mejor en qué consiste la actividad del arado, esta tan importante para aquel que quiera recoger los frutos buenos de la cosecha.  La verdad que al entender un poco más este ejemplo que nos pone, me quedé agradecida por entender un poco más qué características importantes necesito en mi vida cotidiana para dejar que Él habite en mí y en nuestra humanidad Espero que estos sencillos puntos puedan ayudarte a poner medios concretos para cosechar los frutos de amor y gozo en Dios aquí en la tierra, donde empieza el camino al cielo. El arad...

Un árbol bueno

  Esta semana tuve la oportunidad de conocer y maravillarme con este árbol que les comparto en la foto. Es del siglo XVII. Imponente por el tamaño, el grosor de sus ramas y por estar tan lleno de vida luego de tantos siglos. Está en medio de un inmenso lugar dejando cualquier otra palmeras o árbol como pequeño e incomparable. No sé si me impresionó más el ancho del tronco central, las raíces profundas que no se ven, pero se saben, o la sombra que ofrece. Pero esa tarde me transmitió mucha paz al verlo junto al atardecer del sol. E inmediatamente me llevó a la analogía de querer tener esa vida sólida de quien tiene hondas raíces y consistencia personal. Y entonces al rezar el Evangelio de este domingo me detuve particularmente en lo que justamente el Señor nos dice sobre los frutos de los árboles. "Cada árbol se conoce por su fruto: no se cosechan higos de los espinos, ni se recogen uvas de las zarzas" Lc 6,44 Me hice un ejercicio interior que me ayudó mucho. Los animo ...