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Mostrando las entradas etiquetadas como Tiempo de Dios

El mejor tiempo…

  “La paciencia todo lo alcanza”, decía Santa Teresa de Jesús. Y cada vez me parece más cierto y necesario. Creo que en un mundo acelerado donde el hacer las cosas rápidamente es una virtud, tener experiencias en las que toca esperar, toca confiar porque no se ven los resultados, toca aceptar que debemos aguardar más tiempo de lo que suponíamos, se convierte en algo hasta desagradable o que puede ponernos de mal humor. Situaciones en las que la impaciencia hasta nos lleva a buscar culpables fuera o dentro... Y aunque unos tienen más de paciencia que otros, es humano el desconcierto cuando las cosas no suceden como lo esperamos. Hoy al rezar en torno a la Sagrada Familia y en torno al inicio de un nuevo año, me vino a la mente y al corazón la pregunta sobre la importancia del tiempo, los tiempos de la vida, los tiempos de Dios. ¿Cómo medimos y valoramos el tiempo? ¿Cuándo es mucho tiempo y cuándo poco tiempo? El pasaje del Evangelio nos sitúa en torno a José y María que van al templ...

La hora perfecta...

  Mes de diciembre, cuando los planes sobre las celebraciones de Navidad, sobre las visitas de familia o los encuentros con los nuestros emociona y anima a querer vivir lindos días. ¿Cómo es nuestra disposición, nuestro entusiasmo y los detalles con los que nos preparamos para estas grandes visitas? ¿Qué emociones se evocan en el corazón cuando sabemos que llegará esa persona que queremos tanto? La mayoría de las veces sabremos la hora y día. Tal vez iremos marcando en el calendario los días que faltan, que faltan 10, 9, 8 días hasta que las emociones y lindas fantasías sigan aumentando … Otras veces puede ocurrir sabremos que ese ser querido llegará en cualquier momento. Y los sentimientos podrían alterar el sueño y el horario natural porque queremos estar alertas ante su inminente llegada. Todos ellos síntomas de amor, de admiración y de un deseo sincero de querer encontrarnos con esas personas. En este primer domingo de Adviento, Jesús nos habla de estar en vigilia porque ...

Sin prisa y sin pausa…

  Esta es una frase que una amiga me la dijo una vez, y se me quedó grabada animándome a hacer las cosas con serenidad y perseverancia a la vez. Pero hoy rezando me encantó pensar más que es una frase que le pertenece a Aquel que me da el ejemplo y ha creado el mismo tiempo. Y junto con esta frase, en estas últimas semanas tuve la experiencia de haberme reencontrado con distintas personas luego de tiempo, que me dieron la alegría de verlas mejor. Unas más serenas, otras más maduras, otras con mejor carácter, otras más abiertas a Dios, otras con el dolor y la pérdida más asumida y aceptada, otras más generosas, otras más dóciles. No es novedad que, a lo largo del tiempo todos pasamos por distintas etapas y cambios significativos de los cuales no somos conscientes muchas veces y en los que alguien nos lo hará notar. Cuántas virtudes y logros personales que no se ganaron de un día para otro, sino que a lo largo de los meses, años o décadas nuestro interior fue modelándose y cambia...