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Mostrando las entradas etiquetadas como Tomás

El duelo por el mejor amigo

  Estoy convencida de que uno de los regalos más maravillosos que nos ha dado Dios es la amistad. Creo que tener un verdadero amigo es una ruta segura para nuestra felicidad. Es esa persona con quien podemos pensar en voz alta, a quien podemos abrirle el corazón sin miedo pues sabemos que nos trasciende, y a quien le damos permiso para recordarnos quiénes somos si lo olvidamos o nos desviamos. Antes de explicar algo con palabras, ya sabe lo que pasa por nuestra mente y corazón. Y cuando estamos con esa persona, todo se renueva porque la historia en común va tomando nuevos retos y caminos a lo largo de los años. El tesoro de la amistad es una hermosa responsabilidad y un reto; y como todo tesoro, es importante hacerla crecer. Creo que cuando existe una auténtica comunión, ver sufrir a esa persona puede ser más fuerte que el sufrimiento propio. Personalmente, cuando me pregunto qué experiencias son las que más me han costado vivir, no dudo en responderme que es el haber visto sufri...

Creer en invierno

  Hay días en los que el corazón puede sentirse como en invierno, donde el sol demora en salir y el frío nos hace más sordos y ciegos. Días de invierno por causas simples o muy profundas, pero en los que el corazón está como arrugadito y da miedo tocarlo porque puede caer en pedacitos. Días de invierno como los vividos por estos amigos de Jesús que le siguieron, caminaron, rieron y lloraron con Él. Sentían que explotaba de entusiasmo por el Reino que llegó y el cielo prometido. Le vieron dormido, madrugando, orando, haciendo milagros indescriptibles y derritiéndose de ternura por los niños, los débiles o con las caricias de su Madre. Amigos cercanos, apóstoles que lo dejaron todo para seguir al Hijo de David, pero que en cuatro días vieron esa intempestiva tortura, el dolor inenarrable y la misma muerte de Dios. Amigos como Tomás, que tanto le amaba. El que animó a los apóstoles a seguir a Jesús cuando corrían peligro hacia Jerusalén (Jn 11,16). El que al preguntar otro día, recibe...

Curando nuestros miedos...

  Dejar las puertas bien cerradas es una actitud de protección. De los ladrones, del vandalismo, a invadir nuestra privacidad o por una obsesión a tener todo cuidado. Por sanas o no tan sanas razones.  Puertas cerradas en nuestras casas, como otras veces las de nuestras vidas. La pregunta es ¿Por qué? Y la sencilla y complicada respuesta será algo tan humano y a veces difícil de abordar: el MIEDO.  De tantas formas: como al fracaso, al abandono, al rechazo, al conflicto, a la humillación, al ataque, al sufrimiento, a reventar de cansancio, a la inseguridad del cambio, a la enfermedad, a la debilidad, al duelo, a la soledad, a los líos y en fin… otros más. Cada uno sabe bien a qué. Lo que queda en común, es que muchas de nuestras actitudes o decisiones pueden venir de ellos. Y entonces, cerraremos esa puerta para evitar que se haga realidad aquel temor. El evangelio de este segundo domingo de Pascua en el que también celebramos el de la Divina Misericordia, es ocas...

¿Cómo veo las heridas?

  Hoy, segundo domingo de Pascua, sólo quiero quedarme contemplando la experiencia de los apóstoles en dos momentos: Por un lado, verlos con puertas cerradas por miedo a los judíos. Encerrados como muchas veces puede ocurrirnos a nosotros, que, ante el temor al sufrimiento, a las heridas y daños, preferimos escondernos y cerrar los ojos. Un miedo muy humano, un temor muy comprensible. Una razón que sabe que es Dios, que Él lo puede todo, pero que va unido a tantos sentimientos y emociones removidas…Creo que, si hubiera estado con ellos, seguro que también cerraba las puertas por temor… Por ello, también me conmueve mucho ver a Jesús en este segundo momento: Este amigo sabe lo que sienten y por ello atraviesa las puertas cerradas, como atraviesa también nuestros miedos y temores. Y apareciéndose en medio de ellos, dice una frase que puede calarnos al fondo del alma: “Paz a vosotros”. Como diciéndonos "quédense tranquilos y siéntanse protegidos, porque conmigo, las cosas son ...