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Mostrando las entradas etiquetadas como Paz de Cristo

Un palito de fósforo...

  Todos los días prendo mi cocina con un pequeño palito de fósforo, que al frotarse sobre una cajita enciende un fuego que permite calentar y cocer alimentos. Algo tan chiquito que origina cosas grandes. Un palito que podría provocar un incendio, que puede iluminar un cuarto oscuro o encender una fogata que abrigue y caliente en un duro invierno.   Creo que todos podríamos compararnos con este pequeño palito de fósforos: frágil y débil. Que, si se queda solo, puede quebrarse, mojarse o caerse dejando de arder y cumplir su misión. Pero que al unirse a ese objeto necesario, se convierte en calor y fuego. Hoy el Evangelio nos habla del fuego que trae Cristo, uno que al arder no trae la paz que busca el mundo. Un fuego que arde de amor, que quema lo falso y alumbra lo verdadero. Un fuego que no hace daño, sino todo lo contrario, porque contagia e inunda de amor todo lo que toca. Hoy sin miedo, dejémonos encontrar por su amor y encender en nosotros su fuego vivo. Y si al enco...

Paz

  No sé cuál ha sido la experiencia de ustedes al conocer a nuestro nuevo Papa León XIV. Yo me he sentido muy agradecida, conmovida y sorprendida por muchas razones que sería largo de explicar. Pero una experiencia constante, es haber experimentado una necesidad de prolongar el deseo y experiencia de paz que ha repetido de muchas formas desde su primer mensaje. Desear, buscar vivir y alentarnos a acoger la paz verdadera de Cristo Resucitado en un tiempo lleno de conflictos y divisiones. Una paz que necesitamos vivir y acoger desde el amor de Dios y la fuerza de su Espíritu. Y justo el Evangelio de este domingo, a una semana de la fiesta de Pentecostés nos habla de muchas cosas y también de la paz que nos da: “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde”. Jn 14,27   Y me llevó a meditar y contemplar una verdad que no debemos dejar de lado: que la paz va más allá de algo tranquilo, sin problemas ...

Curando nuestros miedos...

  Dejar las puertas bien cerradas es una actitud de protección. De los ladrones, del vandalismo, a invadir nuestra privacidad o por una obsesión a tener todo cuidado. Por sanas o no tan sanas razones.  Puertas cerradas en nuestras casas, como otras veces las de nuestras vidas. La pregunta es ¿Por qué? Y la sencilla y complicada respuesta será algo tan humano y a veces difícil de abordar: el MIEDO.  De tantas formas: como al fracaso, al abandono, al rechazo, al conflicto, a la humillación, al ataque, al sufrimiento, a reventar de cansancio, a la inseguridad del cambio, a la enfermedad, a la debilidad, al duelo, a la soledad, a los líos y en fin… otros más. Cada uno sabe bien a qué. Lo que queda en común, es que muchas de nuestras actitudes o decisiones pueden venir de ellos. Y entonces, cerraremos esa puerta para evitar que se haga realidad aquel temor. El evangelio de este segundo domingo de Pascua en el que también celebramos el de la Divina Misericordia, es ocas...

Mi morada

                Creo que todos de una u otra manera hemos experimentado tener corazones “turbados” como los describe Jesús este domingo. Corazones con incertidumbres, angustias, temores, decepciones, dudas, soledades o preocupaciones.             Y creo además que una de las raíces más importantes es cuando no se tiene algo verdaderamente seguro para apoyarnos. Y el corazón humano no sólo requiere de algo, sino de ALGUIEN estable y permanente que nos ofrezca un amor y seguridad eterna.             Creo que, por eso, el inicio de esta lectura me conmueve mucho, porque sabiendo esta realidad te ofreces Jesús, para creer en ti y para darnos una gran promesa, Una tan personal y cercana: que puede aliviar las angustias y ansiedades:   irás a una de las moradas del Padre para prepararla y estar con nosotros. ...

No todo lo que brilla es oro…

  Cuántas cosas en nuestra vida parecen un bien y no lo son. Eso que hasta se convierte en una meta, porque nos convencemos que esa ilusión nos hará felices. Pero al alcanzarla solo nos apaga y daña. A veces con la mejor intención o con ingenuidad, creemos en esas propagandas o comentarios sobre cosas o acciones que pueden ayudarnos. Y al reconocer que no es así, podemos recordar una vez más que no todo lo que brilla y figura es oro, no es el tesoro que verdaderamente busca nuestro sediento corazón. Me puse a pensar en estas falsas ilusiones al meditar el Evangelio de este domingo. Me quedé muy fijada en lo que dijo Jesús a los apóstoles antes de morir: “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde” Jn 14, 27 Y es que nos dice también a nosotros que hay una paz que nos regala. Una que no es como la del mundo. Una que es la suya. Entonces me puse a categorizar y comparar una con la otra…. Jesús nos deja una paz que...