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Mostrando las entradas etiquetadas como Misericordia de Dios

Presbicia

  Muchos que leen este blog ya deben tener presbicia, que es el dejar de enfocar objetos cercanos, común con la edad. Necesitamos de lentes para ver las imágenes como son. Pero creo que junto con este problema físico, poco a poco y con los años podemos caer también en una presbicia interior. Circunstancias en la vida donde vemos a las personas, pero no de una manera completa. Tal vez ese quedarnos más atentos a los defectos, las caídas y errores. Y la verdad es que me parece complejo tener todos los elementos de una persona para poder ser verdaderamente objetivos y justos, por más honestos que busquemos ser. Presbicia con otros y a veces con nosotros mismos. Hoy cuando rezaba el pasaje de esta mujer sorprendida en adulterio, me vino esta enfermedad de la vista. En el pasaje eran unos fariseos que buscando respuestas justas y completas le piden a Jesús que decida sobre apedrear o no a una mujer sorprendida con un pecado que para la ley antigua significaba apedrearla. Era incluso un ...

Lejos o cerca...

  Cuando uno va de viaje puede experimentar cosas muy buenas y disfrutar momentos inolvidables, más aún cuando estás con los que quieres. Y cuando llegas de regreso a casa, viene una sensación sana de haber llegado a ese espacio que ofrece protección y tranquilidad porque vives allí. Modos de estar lejos o cerca de la casa hay muchos. Y justo este domingo, Jesús nos regala la hermosa historia llamada el Hijo Pródigo y mejor llamada la del Padre Misericordioso. Los animo a ir haciendo un paralelo en sus vidas, para ubicar en qué aspecto podemos encarnarlo y recibir su enseñanza de vida para el momento que atravesamos. Esta historia empieza con el hijo menor que le pide la herencia a su padre. Y el padre respetando su libertad y a pesar de su pena, se la da. Herencia que puede ser en nuestra vida el uso de nuestros dones, talentos y recursos para ser usados incluso de forma errada, con el fin de sentir “algo nuevo” o para sentirnos “libres” de usarlos sin amor si es que se nos antoja...

Alto y bajo

  Hace unos días en la fila de comunión estuve detrás de un señor muy alto. Le llegaba como al hombro, y me dio mucha risa tomar más conciencia de lo baja de estatura que soy. Ya luego me puse a pensar cómo vemos las cosas de la vida cotidiana los que somos bajos y cómo los que son más altos. Es una condición física que también se puede trasponer a la experiencia de vida interior. Una persona alta de espíritu puede ver mejor el horizonte y lo que está por delante. Una persona baja está más cerca al suelo, puede ver más fácil lo que circula por debajo. Una persona alta puede tomar mejor aire y estar más cerca al cielo. Una persona baja de espíritu puede echarse más fácilmente y permanecer cerca al suelo con mayor facilidad. Y justo hoy el Evangelio nos cuenta la historia de Zaqueo, este personaje bajo de estatura que vive un encuentro tan hermoso con Jesús, que lo convierte gracias a Él en un hombre muy alto de espíritu y muy alto de gratitud y esperanza para nosotros. Si la...

Perdidos y encontrados

  Voy caminando y es novedoso lo que veo por primera vez en ese lugar. Bonito pero descampado.  Poco a poco el cansancio físico me recuerda que ya llevo más tiempo del esperado disfrutando y dando vueltas por allí. Veo la hora y me doy cuenta que pronto atardecerá. No veo ningún rostro familiar. Mi celular no funciona allí y creo que la batería al igual que mis monedas se acabaron. Entonces tomo conciencia que estoy perdida. No sé donde estoy, no conozco a nadie y la luz se ha oscurecido sin poder ver con claridad este lugar. Tengo que buscar soluciones en una mente que se empieza a nublar porque el miedo y preocupación aumentan. Estoy en un lugar lejano a mi casa, con un idioma diferente y además estoy sola.  Fueron tres horas que me llevaron a tener miedo en ese país lejano.  Y cuando ya sólo rezaba para saber qué hacer, pasó el bus de nuestro grupo. ¡Era como un milagro que pasen por allí! Ellos ni sabían que me había perdido. Y al subir tampoco dije nada, sólo di...

Ver con tus ojos...

  Estaba en Misa, cuando me di cuenta que había una hoja de papel tirada en el suelo. Pensé ir a recogerla al terminar la Eucaristía para botarla, pero al ponerme de pie, noté que ya alguien la había recogido y dejado delante de mi banca. Pero ya no estaba por el lado del texto, sino por el otro, observando que en éste había la foto de una linda flor. Fui entonces a dejarla en otro lugar, y ya no en la basura. Este pequeño detalle me dejó pensando cómo muchas veces podemos aproximarnos a una realidad dependiendo de qué lado veamos las cosas. Esa hoja de papel estaba destinada a ser basura, pero al observar la realidad completa me llevó a comprender que tenía una riqueza distinta.   Creo de verdad, que algo así es lo que ocurre entre nuestra manera de mirar las cosas, y la forma como Dios se aproxima a nuestra realidad. La vista es un regalo hermoso que nos permite comprender todo misterio desde sus colores, sus formas, tamaños y proporciones. Regalo que nos lleva a poder hacer...

Escribió sobre tierra...

  Si hay algo que me puede emocionar mucho, es la experiencia de asombro y gozo de un niño cuando aprende a leer y escribir. Es como si el universo le abriera las puertas. Y entonces, empiezan a sentirse más fuertes, seguros y como capaces de poder construir grandes historias y grandes encuentros. Uno de los métodos que más me gustan para ello, es cuando lo hacen escribiendo sobre la arena o la tierra. Que con sus pequeños dedos van marcando e interiorizando la letra y el sonido que escriben. Es unir sus sentidos para recibir el contenido de aquella letra incluida en esa palabra nueva y ese significado hermoso. Hoy, cuando meditaba en el Evangelio del domingo sobre la historia de la mujer sorprendida en adulterio, aunque parezca extraño, me vino esta experiencia de aprendizaje que les menciono. Quise darle hondas gracias a Jesús por su actitud. No sólo por protegerla de los juicios y humillaciones al decir: “aquel que nunca haya pecado que tire la primera piedra” . Sino que...

Camino a casa...

  Varias veces me ha toca en estos tiempos tener que dormir fuera de mi casa. Días bonitos y de encuentro. Días necesarios y útiles para lo que Dios me pide. Pero siempre me llama la atención lo que siento cuando voy de regreso. Voy en el camino contando a mis hermanas lo vivido. Y al llegar y saludar a las demás, es como una sensación de gratitud y de alivio porque ya estoy de regreso. En mi casa estoy con aquellas que me conocen en el día a día, que saben en qué andan mis preguntas, mis asombros o mis búsquedas. Las que se ríen con mis distracciones y ocurrencias. Que rezan conmigo, que ríen, sueñan y caminan con lo que hoy nos toca vivir. En mi casa, puedo caminar segura y libremente por las rutas y rutinas de mi vida sencilla y cotidiana. Caminar por mis lugares favoritos, sintiéndome como niña, y escuchando lo que Él me dice. En mi casa, está ese cuarto en el que puedo descansar del esfuerzo, de las emociones del día, de los encuentros vividos o llorar a solas de las pen...