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Mostrando las entradas etiquetadas como verdad

Terremoto

  Creo que estas semanas y meses las noticias de terremotos y catástrofes nos llevan a estar preparados para posibles siniestros. Ahora pensamos en el lugar más seguro donde permanecer ante un sismo y estamos alertas a noticias sobre el tema, pero también a evaluar temas en nuestra vida. Es un tiempo que puede recordarnos un poco esa sensación en la época de la pandemia. Fue un tiempo que mucha gente buscó a Dios nuevamente porque nos rodeaba la enfermedad, la muerte y la vulnerabilidad. Y tal vez también ahora todo esto nos puede llevar a revisar nuestras prioridades.   Y vienen entonces preguntas importantes que podemos hacernos, que pueden evocar miedos y dudas sobre nuestro futuro. Y aún más esas preguntas sobre la muerte, sobre la vida eterna y nuestra relación con Dios y los demás. Me vino esta idea al meditar en este Evangelio del Domingo tan importante. Una historia en la que Jesús pide sinceridad a sus discípulos. Es como si evaluara y quisiera sincerar su relació...

Las preguntas eternas...

  Cuando era niña me encantaba leer unos libros que se llamaban el ¿Por qué? y el ¿Cómo? Preguntas que mes las hice siempre, y que me han llevado a tanto asombro y a nuevas preguntas que sin haberlas podido responder, me llevaron a encontrarme con el mismo Dios.   Creo que es muy humano y comprensible preguntarnos y querer tener la vida más controlada con respuestas claras.   Sin embargo, hemos de entender también que nuestra humanidad y las realidades más importantes de nuestra vida tendrán siempre un resquicio de misterio y de respuestas inconclusas.   Algo así es lo que me viene al corazón en el Evangelio de este domingo. Un diálogo que se da en la Última Cena, en la que Jesús les promete prepararnos una morada y en la que ante la pregunta sobre el camino para llegar a ella, Cristo revela que Él es el Camino, la Verdad y la Vida.   Un diálogo en el que revela su unión con el Padre y en el que nos muestra claramente que la única manera de alc...

El eco del desierto

  I maginémonos estar en un desierto por más de un día, así como lo estuvo el Señor Jesús. Una experiencia difícil y exigente por el calor, el polvo, la sed y otros factores. Hoy me quedé meditando en una de estas realidades que se viven allí: la soledad. En un desierto no se escuchan sonidos, bullas ni músicas. Estamos sin estímulos físicos y sociales que nos distraigan. Traslademos ahora esta experiencia a la de un desierto interior que implica muchas vivencias. Un desierto en el que no haya personas o distracciones. Sin urgencias por hacer ni ayudas externas que nos hagan más fáciles las cosas. Estar en un desierto interior es como estar cara a cara con nosotros mismos, con la imperiosa necesidad de tener un único eco que suena y resuena en nuestro corazón: el de nuestra verdad y nuestra presencia. Un desierto en el que no podemos ocultarnos con distracciones, evasiones o facilismos; donde ya no podemos echar la culpa a otras personas por nuestra realidad. Tal vez por es...

Verdad que cuesta y libera

Sí, creo que ésto es lo que Dios nos dice muchas veces de una u otra manera. Palabras vivas y actuales en todo momento que nos hacen más libres y felices. Palabras verdaderas que cuestan, pero que liberan. Y lo pensaba cuando veo una vez más a Jesús llegando a nuestras vidas para decirnos y ofrecernos lo que necesitamos, y no lo que quisiéramos escuchar. Y es que en el Evangelio de este domingo, le vemos dando un discurso que es todo lo contrario a palabras bonitas y suaves. Dijo palabras que fueron directamente al corazón como lo hacen aquellos verdaderos amigos que nos dicen la verdad porque nos aman. Palabras que les hicieron sentirse comprendidos también porque categorizaban lo que todos hemos vivido, vivimos o viviremos. Aquello que nos cuesta vivir. Situaciones que están escondidas y guardadas en la memoria y el corazón. Historias de hambres, pobrezas, rechazos o llantos de muchos tipos pero que son parte de toda realidad humana. Les habló ese día de estas situaciones...

Luz, NO y verdad...

  Llegué a mi cuarto en la noche, y la luz del techo no funcionaba, así que decidí organizarme rápidamente con la lámpara del escritorio. Y al día siguiente cuando abrí las cortinas, la luz entraba por todos lados. Una luz fuerte y natural, mejor que la artificial del techo. Encontré entonces el lapicero y el papel que no pude ver la noche anterior. No es una novedad. Pero el contraste de oscuridad y luz me dejó pensando esa mañana en la diferencia de las cosas cuando están iluminadas. Con la luz, las cosas se ven mejor y como son. Algo que también ocurre en nuestro interior cuando dejamos que nuestra vida se vea desde la luz de la fe, la del amor y de la esperanza… Siempre está en nuestras manos cómo ver la vida. Somos libres de permitir que entre o no esa luz… No sé si por ser profesora o por mi manera de ser, nunca dejo de maravillarme cuando veo a una persona que descubre algo nuevo en su vida. Me encanta ver cómo de ese asombro surge luego esa alegría, fruto de esa verdad desc...