Es una figura muy usada, pero muy gráfica. Usada para tantos tipos de temas, de preguntas y situaciones. Una sola realidad, con dos verdades que se complementan. Figura, que me ayudó a categorizar la fórmula auténtica para amar, entregarnos y servir. Figura para recordar que la misión en nuestra vida necesita ir de la mano con las fuerzas necesarias. Y luego de rezar este Evangelio de la Aseción de Jesús, fue esa doble realidad la que le he agradecido. Porque luego de 40 días resucitado, en el que se despide no solamente consolándolos y animándolos, sino que lo hace con un llamado (un lado de la moneda), unido a una promesa (la otra cara). Un llamado a bautizar a las gente, a anunciarle por todo el mundo. Una promesa: que estará con nosotros todos los días, hasta el fin. Démosle gracia a Dios este domingo, porque se va al cielo a abrirnos nuestra morada, una para cada uno de nosotros, pero también porque se queda con nosotros, dándonos la fuerza y amor necesarios ...
Todos tenemos experiencias cotidianas que nos llenan de asombro y nos llevan a encontrarnos con la presencia de Dios en nuestra vida. Quiero compartirles mis propias experiencias sencillas y reales, que puedan animarles a descubrir las que están a su alrededor...