Lleva varios días de enfermedad y no recupera. Y es una mujer de edad ya avanzada. Ella escucha que alguien llega a casa, quisiera levantarse, pero no tiene fuerzas. Y es que cuando la fiebre lleva días, el cansancio, la descompensación, los dolores y el malestar general se suman a la inseguridad de no saber qué más hacer. Probablemente ya intentaron curarla, pero no se puede sanar aún. Cuántos rostros podrían venirnos a la memoria en el contexto que vivimos este tiempo… Su yerno que también está preocupado por ella, llega a casa con un amigo que es el mejor médico. Este amigo entra hasta su cuarto a buscarla, la mira con compasión, entiende por lo que pasa, diagnostica qué enfermedad tiene y le cura... ¡Cómo está la familia de admirada y contenta al verla recuperada! Pero ella lo está más aún. El alivio y tranquilidad de saber que ya pasó es una experiencia grande. Y esta mujer tiene un detalle importante que además es señal de estar curad...
Todos tenemos experiencias cotidianas que nos llenan de asombro y nos llevan a encontrarnos con la presencia de Dios en nuestra vida. Quiero compartirles mis propias experiencias sencillas y reales, que puedan animarles a descubrir las que están a su alrededor...