Todos hemos tenido esta sensación. Unos de forma más dura e injusta que otros. Pero para todos es una sensación fisiológica que puede hasta inquietarnos, distraernos, ponernos de mal humor, debilitarnos o llevarnos a sentir alguna emoción con más fuerza e intensidad. Despertar con hambre podría llevarnos a levantarnos a horas altas de la noche y en más de una obra literaria se nos han narrado situaciones que llevaron a realizar acciones que podrían ir en contra de la propia dignidad por un pedazo de pan. El hambre es algo muy concreto que puede expresar nuestra contingencia y debilidad. Y si no es satisfecha por algún tiempo hasta puede enfermarnos o llevarnos a una inanición que pueda acabar con la propia vida. Hoy rezando el Evangelio de este domingo me vino la pregunta sobre otros tipos de hambre que puedan existir en nuestras vidas. Hambres que no son fisiológicos, pero que también pueden debilitarnos y hacernos infelices si no los satisfacemos. Hambre de amor y comunión: de...
Todos tenemos experiencias cotidianas que nos llenan de asombro y nos llevan a encontrarnos con la presencia de Dios en nuestra vida. Quiero compartirles mis propias experiencias sencillas y reales, que puedan animarles a descubrir las que están a su alrededor...