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Mostrando las entradas etiquetadas como misión

Rompecabezas

  Un juego que apasiona a muchos e impacienta a otros. Consiste en encontrar esa pieza que encaja en ese espacio. Implica concentración, lógica y estrategia para tomar en cuenta el color y forma porque solo existe aquella única pieza que encaja perfectamente. Estoy convencida que cuando Dios piensa en nosotros nos ha creado de tal manera que podamos ubicarnos en ese lugar. Y puede ser que haya como “niveles o tipos” de rompecabezas pues algunos lo son para circunstancias particulares de nuestra vida en las cuales crecemos y ganamos muchas experiencias que nos hacen madurar pues en ese lugar ganamos muchas riquezas con todo lo que vivimos. Otras nos permiten ubicarnos en etapas más prolongadas o situaciones más importantes de nuestra vida. Y aquellos rompecabezas que sencillamente definen nuestra esencia, nuestras opciones fundamentales y aquello que no es negociable para nuestra felicidad. Y siempre habrá una misión que cumplir que nos hace felices... Me pongo de ejemplo para q...

Llegó el momento...

  Llegó la hora, llegó el momento e hiciste lo que el Padre te pidió. Fuiste a buscar a Juan, aquel que iba preparando el camino para que otros se encontraran contigo. Fuiste a buscarlo, pero no le dijiste: “Llegué, diles a tus discípulos que me sigan”. No. Sencillamente llegó el momento de vivir lo que el Padre te pidió: te pusiste en la fila y, como uno más, fuiste bautizado. Juan el Bautista, obviamente, se sorprendió y cuestionó tu pedido, pues en realidad eres Tú quien debería bautizarlo a él. Pero no; llegó el momento e hiciste lo que el Padre te pidió. Llegó el momento de acercarte a nosotros, ya no solo como el Niño nacido en Belén o el joven de Nazaret.  Llegó el momento de acercarte a nuestras vidas como adulto, para caminar con nosotros o para cargarnos...  Llegó el momento de solidarizarte y hacerte presente en lo cotidiano de nuestro camino. Y entonces nos viste en la fila buscando la conversión, acogiendo la invitación de Juan para sumergirnos en el ...

Preguntas...

  Me acuerdo que en el colegio me gustaba usar las enciclopedias y los diccionarios, porque me venían muchas preguntas y dudas que quería resolver. Tenía muchos por qués, muchos dónde y diversos para qué. Y es que cuando uno empieza a imbuirse en algo importante y algo que empieza a apasionarnos mucho, no surge la tranquilidad de lo recibido y aprendido, es al revés, como algo que se activa, que nos emociona y nos lleva a ahondar en el misterio que nos asombra. Y creo que eso también puede ocurrir en las relaciones humanas, con esas personas que son significativas en nuestra vida. Preguntas que se van dando cada cierto tiempo, y mediante las cuales ahondamos en nuestras relaciones, en mejorar algún aspecto, en aclarar actitudes o sencillamente el preguntarnos por qué esa persona nos ama tanto y nos lo muestra de tantas maneras. Esa hermana, esa amiga, ese esposo, esa madre, ese nuevo amigo, esa tía; personas que de una u otra manera nos animan a dar gracias y a querer fortalecer ...

Frente a un espejo...

  Cuando era niña me impresionaba y encantaba la experiencia de verme en el espejo. Una pared plateada que repetía mis movimientos, que captaba mi risa, el color de mi pelo o mis conocidos cachetes… Y aún ahora pienso que la experiencia de mirarse largo rato en un espejo puede ser útil, un ejercicio sencillo que nos ayuda un poco a encontrarnos con nosotros mismos. Un ejercicio que nos guía simbólicamente a responder una pregunta fundamental: ¿Q uién soy yo? Hoy que rezamos el pasaje de la Anunciación, me remitió a pensar en María como aquella mujer que vivió junto un Espejo Vivo. Una Mujer que tuvo la certeza de saber quién es porque sabía mirarse con la mirada de su Hijo. Este es un pasaje y momento del Evangelio lleno de gracia, de misterio y de presencia. Un pasaje que definitivamente puede llevarnos a rezar y comprender cómo cada uno de nosotros vive el propio llamado, la propia misión y la acogida a todo lo que Dios nos va diçiendo en diversas etapas de nuestra vida. Un diálo...

Las escondidas al revés...

  El reto de este juego por el que hemos si bien recuerdas, consistía en ser creativos para escondernos en el lugar menos común, en el que no podrían encontrarnos. Y hoy luego de rezar, me vino a la mente este juego, porque me pregunte: ¿Si jugara este juego al revés, y fuera como una analogía de mi vida, cuál sería el lugar más común, al que primero irían a buscarme?  En otras palabras preguntarme: ¿Qué es lo más común y lo más característico en mí? ¿Qué es aquello que forma hasta parte de mi ser? Acciones, costumbres, gustos, hábitos que nos definen de alguna manera.   Aquello que es innegociable, aquello que no estamos dispuestos a renunciar. Aquello que si dejáramos de vivirlo, estaríamos como quitando lo que nos da vida y sentido… El Evangelio de este domingo describe experiencias y costumbres imprescindibles en Jesús. Que eran parte de su ser humano y divino. Cuenta que luego de estar en la Sinagoga, encontró a la suegra de Pedro muy enferma. Le tomó de la...

Los Regalos

               Qué lindo es dar un regalo. Esa libertad de ofrecer algo de valor interior para el otro, sin pedir nada a cambio. Darlo con cariño y con el entusiasmo de hacer feliz a la persona que amamos.            Me vino esta experiencia  al rezar el Evangelio tan rico de este domingo en el que Jesús luego de sentir compasión por una muchedumbre sin pastor, llamó a cada uno por su nombre para trabajar en la misión y con pedidos concretos para anunciarlo. Pautas que culminaron con esta frase clara e importante: “gratis lo recibisteis, dadlo gratis” Mt.10,9             Entonces me puse a buscar el significado de esta corta pero importante palabra “gratis”. Y decía: “sin cobrar “o “que no cuesta”. Palabra que se deriva del término latín “gratia”, que significa una gracia, un favor o una benevolencia.            Pero ...

Las dos caras de la moneda

  Es una figura muy usada, pero muy gráfica. Usada para tantos tipos de temas, de preguntas y situaciones. Una sola realidad, con dos verdades que se complementan. Figura, que me ayudó a categorizar la fórmula auténtica para amar, entregarnos y servir. Figura para recordar que la misión en nuestra vida necesita ir de la mano con las fuerzas necesarias. Y luego de rezar este Evangelio de la Aseción de Jesús, fue esa doble realidad la que le he agradecido.  Porque luego de 40 días resucitado, en el que se despide no solamente consolándolos y animándolos, sino que lo hace con un llamado (un lado de la moneda), unido a una promesa (la otra cara). Un llamado a bautizar a las gente, a anunciarle por todo el mundo. Una promesa: que estará con nosotros todos los días, hasta el fin. Démosle gracia a Dios este domingo, porque se va al cielo a abrirnos nuestra morada, una para cada uno de nosotros, pero también porque se queda con nosotros, dándonos la fuerza y amor necesarios ...