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Mostrando las entradas etiquetadas como Desierto

El eco del desierto

  I maginémonos estar en un desierto por más de un día, así como lo estuvo el Señor Jesús. Una experiencia difícil y exigente por el calor, el polvo, la sed y otros factores. Hoy me quedé meditando en una de estas realidades que se viven allí: la soledad. En un desierto no se escuchan sonidos, bullas ni músicas. Estamos sin estímulos físicos y sociales que nos distraigan. Traslademos ahora esta experiencia a la de un desierto interior que implica muchas vivencias. Un desierto en el que no haya personas o distracciones. Sin urgencias por hacer ni ayudas externas que nos hagan más fáciles las cosas. Estar en un desierto interior es como estar cara a cara con nosotros mismos, con la imperiosa necesidad de tener un único eco que suena y resuena en nuestro corazón: el de nuestra verdad y nuestra presencia. Un desierto en el que no podemos ocultarnos con distracciones, evasiones o facilismos; donde ya no podemos echar la culpa a otras personas por nuestra realidad. Tal vez por es...

Empujado...

  ¿Quién no ha sido empujado alguna vez? Esa fuerza que no sale sólo de uno mismo, en la que rápidamente o hasta de sorpresa fuimos impulsados por alguien más. Una experiencia que pudo suscitarnos emociones de susto, diversión, sorpresa, temor o hasta gratitud… Una experiencia que de una u otra manera puede ocurrir también en nuestra vida interior…Ese deseo, esa moción o aquello que se hace realidad porque alguien nos animó a tomar una decisión o arriesgarnos para vivir algo bueno. Y al ser empujados se nos lleva a una dirección.  Cuenta el Evangelio de este domingo, que el Espíritu Santo EMPUJÓ a Jesús. Pero no fue llevado al cielo, ni al mar, a ver un arcoíris o al encuentro con el Padre. Fue empujado por el Espíritu a un lugar duro, árido e inhabitable llamado desierto y además para ser tentado por el mismo diablo… ¿Por qué allí? ¿Por castigo? No. Pues Dios no castiga y además qué mal podría hacer Jesús. ¿Por tortura? No. Se aman las 3 Personas y son ...

Los buenos gritos...

  En estos días pude encontrarme con personas que me dieron un testimonio sobre la fuerza del amor. Corazones que se vencían a sí mismos para ayudar y entregarse con todo su ser. Madres ancianas aceptando su fragilidad y dejándose ayudar para ver felices a los suyos, mujeres sacrificando sus espacios de descanso para sacar adelante a lo que aman, esposos dispuestos a tener un trabajo más difícil con el fin de tener a su familia contenta y estable. Actitudes que me conmovían, porque me mostraban que el amor puede estar por encima del orgullo, de los propios gustos o de todo aquello que les pueda dar seguridad y control sobre las cosas. Me acordé de estos testimonios cuando rezaba el Evangelio de este domingo, 2da semana de Adviento, en la que se habla del testimonio de Juan Bautista y lo describen como un profeta que vive y grita en el desierto: “Una voz grita en el desierto: "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”.” Mc. 1,3 Me puse entonces a pensar cómo es l...

Conmigo en el desierto...

  Hoy me conmueve ver a Jesús que viene a mi vida de tantas formas.   Si, mi amado Jesús, pues S i te hiciste hombre y viniste al mundo para unirte a nuestra humanidad, hoy tomo conciencia que viniste a encontrarte conmigo también en mi propio desierto.  Vas y te introduces a nuestro desierto, este lugar tan árido y seco por el que todos nosotros atravesamos.  Mi humanidad como la de todos, reconoce que tenemos ocasiones en las que nos experimentamos sedientos, cansados, solos o sin frutos por delante. Unos más largos que otros, unos más difíciles que otros. Pero todos al final lo son… Y hoy Jesús, quisiera hacer un pequeño viaje en el interior para reconocer tu presencia allí…  Espero que lo que hoy grafique de forma tan pobre y sencilla, anime a mis hermanos a experimentar al igual que yo, una inmensa gratitud por tu entrega, tu compañía y solidaridad en estos momentos. Cuando me experimento en un desierto, puedo percibir el cansancio y calor. Pued...

Un grito en el desierto...

  Estuve estos días en Tarica, Huaraz. Me fascinó ver la Cordillera Blanca y Negra con los nevados de fondo. Hermoso ver las faldas de los cerros y las subidas de las colinas con esos verdes variados y la tierra tan fértil. Era hermoso ver los campos de cultivo con el fondo de la lluvia suave o fuerte que riega en este tiempo. Cerros llenos de vida con un cielo tan celeste. Daban ganas de tomar fotos a todo, pero no era suficiente y lo hice reteniendo muchas imágenes en el  corazón. Fue hermoso confirmar una vez más cómo toda la naturaleza me remite a la presencia constante y amorosa de Dios. Y de regreso, pasamos por zonas de desierto llevándome a ver el contraste de los dos paisajes. Cuando meditaba las lecturas del Segundo Domingo de Adviento que nos presenta a Juan Bautista, me remitió a esta experiencia. Juan es este hombre pobre y sencillo, que vivió en el desierto. Comía miel silvestre y se vestía con piel de camello. Es el que hablando las cosas con verdad y firmeza, e...