Cuando era niña, me despertaba muy temprano los fines de semana, y me encantaba ir a la cama de mis papás para quedarme en medio de los dos. Les hacía preguntas, les contaba lo que estaba andando por mi cabeza o escuchaba lo que conversaban. A veces no había nada que decir, pero eran momentos que no se han borrado de mi alma porque en ellos me sentía protegida y amada por las personas que más amaba en este mundo. Recibir amor y seguridad, admirarlos y quererlos con todo mi corazón. Y hoy que celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad, me evoca esta experiencia porque es una sencilla analogía de lo que estamos llamados a vivir. Hoy tomamos conciencia que estamos invitados a participar de este amor, poder estar en medio del amor entre el Padre y el Hijo con el amor del Espíritu. Un misterio que no se puede explicar. Pero un misterio que es indispensable por participar y vivir. Comprender este misterio es difícil, tal vez nos ayuden figuras que nos explicaron de niños: como e...
Todos tenemos experiencias cotidianas que nos llenan de asombro y nos llevan a encontrarnos con la presencia de Dios en nuestra vida. Quiero compartirles mis propias experiencias sencillas y reales, que puedan animarles a descubrir las que están a su alrededor...