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El reto de la vainilla...

 


Nunca me voy a olvidar aquella vez de niña en la que veía cómo mi mamá hacía un postre en la cocina, y me llamó mucho la atención el olor de la vainilla. Bastaba echar un poco, y el olor que se sentía era muy bueno. Yo estaba convencida que, si tenía un olor tan bueno, el sabor sería mejor.

Mi mamá sabía ver mis gestos y miradas. Y adelantándose a lo que estaba a punto de hacer, me dijo: no pruebes la vainilla que está en el pomo, el olor es muy rico pero el sabor es muy feo y te puede hacer daño al estómago.

Yo era una niña obediente y confiaba mucho en ella, pero ese día estaba como muy terca y obsesionada con la vainilla.

Y entonces ¿Qué hice? Espere que hayan acabado de hacer el postre para que cuando esté la cocina vacía entre a escondidas y demostrarme a mí misma y a los demás que “la vainilla es rica de sabor …”.

No hay mucho que deducir sobre este final. Me pareció tan desagradable, que ni ganas tuve de comer el keke salido del horno.

Esta historia tan sencilla me vino hoy al rezar por dos razones: por lo que se nos dice en el Evangelio de hoy y por el día de la madre.

Hoy Jesús al despedirse de sus apóstoles dijo algo muy cierto:

“El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él”. Jn 14,21

Obedecer a Cristo, aceptar sus mandamientos y vivirlos. Creerle a Jesús y confiar en lo que nos dice. Eso es amarle de manera concreta, porque el que ama confía y el que confía obedece.

Y Jesús me dirá más de una vez que algo no me hace bien por lo cual no es sano probarlo o vivirlo (como pasó con la vainilla), me dirá otras veces que cumpla el mandamiento del amor y que me entregue a los demás. Y entonces como consecuencia, viviremos con Él plenamente.  

Y creo que lo hermoso de todo esto es que la obediencia a su verdad y sus mandatos, el ser coherentes y consecuentes con sus enseñanzas, seguirle y optar por el bien libremente haciéndonos más libres aún no empezó cuando cumplimos 18 años o cuando éramos adultos. Este camino de obediencia y confianza empezó con aquella mujer que Dios nos regaló, con esa madre que nos enseñó a vivir y amar, esa mujer a quien obedecimos y al obedecerle aprendimos a obedecer a Dios.

Y si hoy el día de la madre coincide con esta lectura, es una bellísima ocasión para reconocer que nuestras madres nos enseñaron a amar la vida y nos enseñaron a forjar nuestra voluntad para obedecer y optar siempre por el bien y la verdad. Nuestra madre nos enseñó cuándo no “tomar esa vainilla” y cuando gozar de ese “keke” ofrecido con amor y ternura por Dios para nuestra salvación.

Démosle gracias a Dios por nuestras madres que también supieron obedecer a Dios al traernos al mundo, al educarnos y formarnos con tanto amor y fuerza. Y también démosle gracias a Dios por ponernos un modelo de madre, quien madre de Jesús y también madre nuestra.



Madre María,

Hoy te pido por nuestras madres, las que están en el cielo y la tierra. Que su ejemplo, su incondicionalidad y ternura siempre nos animen a estar muy unidos a tu Hijo.

Gracias por darnos aquí en la tierra una muestra concreta del amor de Dios y un instrumento tan eficaz para obedecer a tu Hijo y amarlo como tú.

Cuida y guía siempre a nuestras madres y enséñanos a amar siempre a tu Hijo como solo tú lo sabes hacer.

Amén

Juan 14, 15-21


Doy gracias a Dios por tener una madre como la mía. Tengo tanto que recordar y atesorar que es un día para sentir el amor de Dios a través de ella. 

¡Feliz día de la Madre!, para todas las mamás que leen este texto.

 


https://www.youtube.com/watch?v=EeRiuMC6jo0



 


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