Cuando vi este zapallo por primera vez, recién cosechado del huerto de nuestra comunidad, me sorprendí mucho. Nunca vi un zapallo grande de ese color y con tanta pulpa por dentro. H asta me pareció bonito, a sí que le tomé una foto… Siempre me ha parecido un hermoso regalo de Dios y una evidencia del tesoro de la vida, el ver cómo las semillas pueden crecer hasta ser grandes árboles, flores o frutos. Hoy que rezaba en la parábola de los talentos, me dieron ganas de agradecerle a Dios por tantos dones que nos regala. Tomé más conciencia que el recibir sus talentos no es algo para pasar por alto, es algo que siempre nos puede asombrar. Creo que se trata de saber acogerlos como dejando que siembre sus semillas en los surcos de nuestra vida... Meditaba que aquello que Dios nos da, simbolizado en el talento, puede tomarse de muchas maneras: como una “ obligación que Dios nos exige cumplir ”, como la ocasión de apropiarnos de lo suyo para ser más egoístas; o el recibir y valorar de cora...
Todos tenemos experiencias cotidianas que nos llenan de asombro y nos llevan a encontrarnos con la presencia de Dios en nuestra vida. Quiero compartirles mis propias experiencias sencillas y reales, que puedan animarles a descubrir las que están a su alrededor...