Sí, creo que ésto es lo que Dios nos dice muchas veces de una u otra manera. Palabras vivas y actuales en todo momento que nos hacen más libres y felices. Palabras verdaderas que cuestan, pero que liberan. Y lo pensaba cuando veo una vez más a Jesús llegando a nuestras vidas para decirnos y ofrecernos lo que necesitamos, y no lo que quisiéramos escuchar. Y es que en el Evangelio de este domingo, le vemos dando un discurso que es todo lo contrario a palabras bonitas y suaves. Dijo palabras que fueron directamente al corazón como lo hacen aquellos verdaderos amigos que nos dicen la verdad porque nos aman. Palabras que les hicieron sentirse comprendidos también porque categorizaban lo que todos hemos vivido, vivimos o viviremos. Aquello que nos cuesta vivir. Situaciones que están escondidas y guardadas en la memoria y el corazón. Historias de hambres, pobrezas, rechazos o llantos de muchos tipos pero que son parte de toda realidad humana. Les habló ese día de estas situaciones...
Todos tenemos experiencias cotidianas que nos llenan de asombro y nos llevan a encontrarnos con la presencia de Dios en nuestra vida. Quiero compartirles mis propias experiencias sencillas y reales, que puedan animarles a descubrir las que están a su alrededor...