Este título suena un trabalenguas… pero estoy convencida que es una realidad. ¿Saben? Siempre he pensado que la organización y la eficacia es una virtud. Y sigo pensando lo mismo. Pero reconozco que en muchas circunstancias de mi vida me ha sido difícil diferenciar la eficiencia y eficacia al organizar y encargarme de una misión, con ese vicio de querer tener todo controlado. Muchas veces, creo que podemos perder el tiempo repasando todo paso a paso, con plan A, B y C. Muchas veces queremos tener “planes de contingencia” en el trabajo o en la casa. Y puede ser un buen hábito cuando ésto se toma con tranquilidad o de una forma realista humana. Pero creo que puede hacernos daño cuando estos planes y estrategias nos roban la paz, el sueño y nos llenan de ansiedad. He visto personas que pueden explotar desproporcionadamente o tratar mal a los demás cuando un pequeño detalle no salió como lo había esperado. Otras que quedaron negativas con una actividad y hasta con...
Todos tenemos experiencias cotidianas que nos llenan de asombro y nos llevan a encontrarnos con la presencia de Dios en nuestra vida. Quiero compartirles mis propias experiencias sencillas y reales, que puedan animarles a descubrir las que están a su alrededor...