Todos de una u otra manera somos líderes o pastores de nuestra familia, nuestros hijos, nuestros hermanos menores, un grupo de amigos, un grupo en el trabajo, un grupo de alumnos, un grupo de enfermos o médicos, un proyecto que emprendemos. Los sacerdotes de una parroquia o capilla, los líderes políticos de una región, en fin… Si revisamos nuestra vida tal vez podemos tomar más conciencia de ello. Por ello creo que lo primero es ser consientes si sólo queremos o decidimos liderar, o además de ello queremos ser pastores, y buenos pastores… Ser un buen líder busca alcanzar la meta de un proyecto y lo logra, pero ello no siempre implicará ser además un buen pastor. Ser además un buen pastor es algo más exigente, pero estoy segura que aproximarnos así desde las distintas misiones que la vida y Dios nos ofrece, es algo que nos lleva a una mejor lectura de nuestro camino, de nuestra felicidad y del sentido de nuestra vida. Buscar ser pastores nos hace felices y nos realiza...
Todos tenemos experiencias cotidianas que nos llenan de asombro y nos llevan a encontrarnos con la presencia de Dios en nuestra vida. Quiero compartirles mis propias experiencias sencillas y reales, que puedan animarles a descubrir las que están a su alrededor...