Voy caminando y es novedoso lo que veo por primera vez en ese lugar. Bonito pero descampado. Poco a poco el cansancio físico me recuerda que ya llevo más tiempo del esperado disfrutando y dando vueltas por allí. Veo la hora y me doy cuenta que pronto atardecerá. No veo ningún rostro familiar. Mi celular no funciona allí y creo que la batería al igual que mis monedas se acabaron. Entonces tomo conciencia que estoy perdida. No sé donde estoy, no conozco a nadie y la luz se ha oscurecido sin poder ver con claridad este lugar. Tengo que buscar soluciones en una mente que se empieza a nublar porque el miedo y preocupación aumentan. Estoy en un lugar lejano a mi casa, con un idioma diferente y además estoy sola. Fueron tres horas que me llevaron a tener miedo en ese país lejano. Y cuando ya sólo rezaba para saber qué hacer, pasó el bus de nuestro grupo. ¡Era como un milagro que pasen por allí! Ellos ni sabían que me había perdido. Y al subir tampoco dije nada, sólo di...
Todos tenemos experiencias cotidianas que nos llenan de asombro y nos llevan a encontrarnos con la presencia de Dios en nuestra vida. Quiero compartirles mis propias experiencias sencillas y reales, que puedan animarles a descubrir las que están a su alrededor...