Era un hombre de mucho prestigio. U n buen líder y referente para su pueblo. Sus opiniones eran de mucho peso para los que le rodeaban. Alguien que podía ofrecer seguridad a los demás. Pero al conocerlo, cuestionó todo en su vida. Sabía que Él tenía algo muy importante que nada ni nadie le había dado antes. Se despertó entonces en su alma la conciencia de una sed más profunda. Esa sed que solo Dios puede evocar. Entonces fue a buscarlo como a escondidas. No le daba el orgullo para decir a plena luz del día que quería conocer a aquel Hombre cuestionado y rechazado por los demás fariseos. Y Jesús comprendiendo este temor, se vio con él de la forma y en el lugar que Nicodemo le pidió. Se encontraron, y se quedaron conversando mucho tiempo. No sabemos todo lo que hablaron, sólo algunas cosas que nos relata el Evangelio. ¡Qué encuentro tan misterioso! Cargado de amor y respeto de uno por el otro. Una noche oscura, pero llena de luz en sus corazone...
Todos tenemos experiencias cotidianas que nos llenan de asombro y nos llevan a encontrarnos con la presencia de Dios en nuestra vida. Quiero compartirles mis propias experiencias sencillas y reales, que puedan animarles a descubrir las que están a su alrededor...