Si hiciéramos una comparación entre las matemáticas y nuestra vida, podríamos decir que rechazamos la resta y buscamos la multiplicación. Todo ser humano prefiere ganar y nadie quiere perder. ¿Y qué podríamos decir si en nuestra vida cristiana Jesús nos habla de un reto que rompe nuestra lógica interior? Él nos afirma que, a medida que demos la vida, la recibiremos y la ganaremos en abundancia. Pero como en las buenas operaciones, ésto es muy comprobable... Trataré de explicarme: Hay cosas en nuestra vida que nos llenan de vida. Son esas acciones que sacan lo mejor de nosotros; experiencias en las que vemos tanta necesidad o retos por delante, que nos volcamos hacia ellos con toda nuestra pasión y esfuerzo. Esa entrega y esfuerzo para dar lo mejor de nosotros por lograr una meta, una ayuda o un proyecto que hace mucho bien. Entonces ocurre algo extraño pero especial en nuestra atención y conciencia: perdemos la dimensión del tiempo. Nos olvidamos de que ya es hora de almorz...
Todos tenemos experiencias cotidianas que nos llenan de asombro y nos llevan a encontrarnos con la presencia de Dios en nuestra vida. Quiero compartirles mis propias experiencias sencillas y reales, que puedan animarles a descubrir las que están a su alrededor...