El pan es un alimento
que todos valoramos. Siempre se ha comido en toda cultura y en toda etapa de la
historia. Un alimento tan sencillo, tan combinable, tan necesario y cercano.
Y me encanta cuando,
al hablar de una persona que queremos y admiramos, llegamos a decir: “Es más
bueno que el pan…”.
Hoy,
que es la Solemnidad de Corpus Christi, me conmueve mucho que haya querido
quedarse presente y vivo de esa manera: en un pedazo de trigo hecho sin
levadura, sin sabor. Y que, al estar consagrado, ese mismo pedazo de pan se
convierta en el mejor alimento, en la mayor fortaleza, y lo único en darnos
vida plena.
Un Pan que sana y
cura toda enfermedad y dolencia. Un Pan que, siendo algo tan simple y sencillo,
contiene al mismísimo Dios adentro.
Amor
de Dios tan inmenso que nos invita a poder: COMER EL PAN DE VIDA.
Hoy
es el día para agradecer el mayor regalo de todos: el que Cristo haya decidido
quedarse en un Pan con el cual estamos tocando el mismo cielo, porque
estamos recibiendo al mismo Dios.
Un
misterio que no cabe en la cabeza, en el pecho ni en el corazón, porque es una
entrega que desborda, que rebasa no por su tamaño, sino por el amor entregado y
repartido.
Hoy
es un día para dar gracias por estar tocando y recibiendo al mismo Dios y al
mismo cielo en un pequeño y pobre pedazo de Pan.
Les
comparto una oración:
Pan sin levadura, sin colorante o
sabor.
Uno
sencillo, simple y silente,
para
que solo quede el sabor de tu paz
y
la melodía de tu amor.
Pan
que alimenta y sacia el hambre,
éste
de felicidad, de encuentro y vida plena.
Hambre
donde solo tu presencia y tu gracia
llenan
esta sed insaciable de eternidad.
Pan
que cae bien y combina con toda comida,
con
todo sabor y a toda hora.
Porque
así eres Tú en nuestras vidas:
llegando
siempre en el mejor momento,
combinando
con todas nuestras etapas y genios,
pudiendo
estar allí para que
callado
y solo escuchando,
alivies
el alma partida y el corazón vivo.
Pan
dócil y bueno que se reparte,
porque
llega y se entrega a todos.
Pan
bueno y dócil, siempre dispuesto a entregarse incondicionalmente, enseñándome a
hacer lo mismo.
Pan
que se multiplica y alcanza para todos
sin
hacer cálculos ni restas.
Que
hace milagros cuando menos se espera
y
dejamos que Tú actúes.
Pan
que Tú comías en esta vida terrena
en
la que Tú te encarnaste y naciste.
Alimentándote
incluso ya resucitado.
Pan
Vivo que te quedas escondido y encerrado,
esperando
y soñando
con
nuestro nuevo encuentro,
para
dialogar de nuestras vidas, dolores y esperanzas.
Trigo
que decide ser triturado y absorbido,
para
quedarte dentro,
hasta
lo más hondo del alma.
Pan
entregado a mí,
hambrienta
y sedienta
porque
sin ti no podría nada
y
contigo dentro, todo es posible.
Pan
Vivo bajado del cielo,
que
vino a quedarse y permanecer en esta tierra,
para
alimentar la vida, la fe y el camino al cielo.
Dame
siempre de este Pan bendito
para
darme y repartirme a los demás,
con
esa forma silente y generosa.
Dame
siempre de este Pan bendito,
porque
al recibirte
estoy
tocando el mismo cielo.
Amén.
Los
milagros que Dios nos ha regalado a lo largo de la historia permiten afianzar
nuestra fe.
Por
ello existen también milagros eucarísticos que ayudan a que creamos en la
presencia de Cristo en la hostia sagrada.
https://www.youtube.com/watch?v=dc8jR4ia74U
Y una lindisima canción:
https://www.youtube.com/watch?v=UaD_R0Fk5Mo&list=RDUaD_R0Fk5Mo&start_radio=1


Comentarios
Publicar un comentario