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Mostrando las entradas etiquetadas como Eucaristía

Pan del cielo

  El pan es un alimento que todos valoramos. Siempre se ha comido en toda cultura y etapa de la historia. Un alimento tan sencillo, tan combinable, tan necesario y cercano. Y me encanta cuando, al hablar de una persona que queremos y admiramos, llegamos a decir: “Es más bueno que el pan…”. Hoy, que es la Solemnidad de Corpus Christi, me conmueve mucho que Jesús haya querido quedarse presente y vivo entre nosotros de esa manera: en un trigo que hecho sin levadura y sin sabor se hace pan. Y que, al estar consagrado, ese mismo pedazo de pan se convierta en el mejor alimento, en la mayor fortaleza y lo único que puede darnos vida plena. Un Pan que sana y cura toda dolencia. Un Pan que, siendo algo tan simple y sencillo, contiene al mismísimo Dios. Amor que nos invita a poder COMERLO para que no quepa duda que lo tenemos muy dentro y que estamos tocando el mismo cielo. Un misterio que no cabe en la cabeza, en el pecho ni en el corazón, porque es una entrega que desborda, que r...

Hambre

  ¿Cómo definir y describir esta experiencia? Una cosa es tener hambre por algunas horas si se dejó de desayunar o almorzar, pero pensemos en el que es doloroso cuando no tenemos sustento para alimentarnos y más aún cuando no podemos dar alimento a los nuestros. Una necesidad tan humana, básica y cotidiana. Una experiencia que evidencia nuestra vulnerabilidad. Me viene esta experiencia porque hoy celebramos la Solemnidad del Cuerpo de Cristo en el que admiramos y agradecemos por este don inmenso de amor y entrega. Y el Evangelio no es la Última Cena, sino es el pasaje de la multiplicación de los panes. Narra la experiencia de más de 5,000 personas que estaban tan maravillados con las palabras de Jesús, que no se hicieron problemas de estar en un descampado, lejos de un lugar para alimentarse. Y cuenta la historia que los apóstoles al tomar conciencia de la hora le pidieron a Jesús que los despida porque no tenían nada para ofrecerles, a lo que Jesús les responde: “dadle vosotro...

Es con su amor y fuerza...

  Cuando éramos niños, pudimos recibir frases como: “mira cómo tu hermano sí lo hace, tú también puedes” o “ él ha sido bueno contigo, debes corresponder a ese gran favor”. Frases por el estilo que son lógicas y humanas porque implica el querer agradecer y hacer cosas buenas a los demás lo hicieron con nosotros. Pero creo que cuando esta experiencia brota de contemplar el amor y la entrega de Cristo, hay un abismo de distancia y no sabemos cómo corresponder. Es como si por un lado queremos responder a tanto amor, pero al ver lo que hizo por nosotros, sentimos que es demasiado poco lo que podemos ofrecerle. Cuántas veces al pasar por un sufrimiento, un buen amigo dijo “pero mira como Jesús ha sufrido más por ti”o cuántas veces queremos cambiar y al sentir que no podemos otra buena persona nos dice “mira cómo Jesús se ha esforzado para hacer y vivir lo correcto. Haz como Él”.   Es cierto lo que nos dicen, y Cristo siempre será nuestro modelo de vida y la persona que más nos ama ...

Vida...

  La vida es un regalo que nos deja atravesar la existencia. Cada cumpleaños le damos gracias a Dios por habérnosla regalado, y siempre tenemos cosas maravillosas por las cuales valorarla más y más. Una vida que, a pesar de las pruebas y problemas, nos ofrece cada día una nueva oportunidad para ser felices. Y cada uno de nosotros, desde nuestra particular forma de ser, desde nuestra condición de vida y cultura, tenemos alguna forma de experimentar que siempre vale la pena vivir y gozar de este regalo... Hoy rezando las lecturas de este domingo, me cuestionó de manera particular cómo los seres humanos podemos llegar a tener algo tan valioso como la vida, y podemos dejar de valorarla y atesorarla. Como Elías, en el relato de la 1ra lectura: “Elías anduvo por el desierto una jornada de camino, hasta que, sentándose bajo una retama, imploró la muerte diciendo: «¡Ya es demasiado, Señor! ¡Toma mi vida, pues no soy mejor más que mis padres!”. 1 Re 19, 4 O en el Evangelio, cuando la gente ...

Como el Nevado dentro…

  Vivo y trabajo en un lugar hermoso, rodeada de montañas verdes, nubes muy blancas, un cielo nítidamente celeste. Lugar en el que llega un aire frío y fresco cuando cae el sol tan claro dejándome ver todas las cosas con colores vivos y reales. Y además en la capilla de mi comunidad, tengo el privilegio de poder ver el nevado del Huascarán tan alto, tan firme y hermosamente blanco (esta foto la tomé allí...).  Y al admirarlo junto a otras montañas cercanas, tan lindas y muy verdes, tomo conciencia de lo pequeña que soy. Montañas y nevados hermosos que se ponen de colores naranjas cuando les cae el sol al atardecer. Montañas hermosas que minutos antes del amanecer, son sombras que poco a poco van poniéndose de colores nítidos con los primeros rayos de luz. Paisajes hermosos que además puedo verlos con el arrullo dulce y alegre de un río. Toda una obra de arte, de amor y de vida que es como si Dios amor me llenara de su presencia, me hablara, saludara y cantara con tanta belleza...