Quienes me conocen saben que me gusta hacer helado utilizando leche congelada. Este método permite que, al batirla, su volumen se duplique, resultando una textura cremosa y perfecta para mezclar con fruta y un toque de azúcar. No intento dar una receta de cocina, solo compartirles la analogía que se me vino a la mente cuando rezaba el Evangelio de este domingo. Perdonen si les parece un poco disparatado, pero así me pasa a veces: experiencias muy cotidianas me recuerdan alguna experiencia interior en la que Dios me habla. Más adelante les explicaré esta simple relación que espero les ayude. Este pasaje es una de mis citas favoritas: la pesca milagrosa, en la que Simón Pedro tuvo un encuentro con Jesús que marcó el resto de su vida. Pensemos en este pescador que era probablemente orgulloso, terco y rudo, el mismo que ha pasado una mala noche sin pescar nada. Algo con lo cual podemos identificarnos por habernos sentido así: experiencias de fracaso, desánimo, y frustración po...
Todos tenemos experiencias cotidianas que nos llenan de asombro y nos llevan a encontrarnos con la presencia de Dios en nuestra vida. Quiero compartirles mis propias experiencias sencillas y reales, que puedan animarles a descubrir las que están a su alrededor...