Quedarse en el plano de las comparaciones a partir de lo que hacemos puede generarnos reclamos de injusticia o susceptibilidades. Y creo que, a la vez, es un acto injusto en sí mismo. Injusto porque estamos asumiendo que nuestra manera de determinar quién hace bien las cosas parte solo de nuestra mirada; asumimos que únicamente nuestra forma de juzgar es la correcta cuando en realidad no es así. Ninguno de nosotros tiene la capacidad de ver la realidad de forma objetiva y total, nadie. ¿Quiénes somos para dictar una sentencia eterna? ¿Quiénes somos para determinar que una persona pueda “merecer” más que otra? Solo Dios es capaz de ver y comprender todo y a todos para juzgar con justicia. Y, finalmente, solo Dios es el juez. ¡Felizmente no somos Dios! Queridos amigos, la justicia de Dios es totalmente diversa a la nuestra. La justicia humana dirá que los actos malos merecen un castigo, que uno debe recibir según la cantidad de cosas y horas que realiza, que debemos ser atendid...
El perdón es una de las experiencias humanas más difíciles de experimentar y vivir. Perdonar implica dejar de lado la venganza ante el daño recibido, implica pasar a otra página para que el corazón deje de estar aferrado a una experiencia dolorosa, injusta, humillante, violenta que nos hizo daño. Y cuando esta experiencia invita a ser vivida con aquella persona que amamos más, es algo sumamente difícil de vivir. La herida y el dolor puede llevarnos como a estar anestesiados y paralizados, sin dejar de asombrarnos por haber recibido una herida tan grande de alguien en quien confiábamos mucho, de aquella persona a quien pusimos el corazón en la mano, con la que crecimos o aquella que vimos y ayudamos a crecer. Muy difícil y a veces hasta imposible. Tal vez por ello el perdón es una verdadera muestra de amor, porque implica confiar y mirar a esa persona con ojos de amor nuevamente, porque implica decirle: “sé que eras consciente del daño y a pesar de eso lo hiciste, y yo aunque ...