Cuando era niña me encantaba leer unos libros que se llamaban el ¿Por qué? y el ¿Cómo? Preguntas que mes las hice siempre, y que me han llevado a tanto asombro y a nuevas preguntas que sin haberlas podido responder, me llevaron a encontrarme con el mismo Dios. Creo que es muy humano y comprensible preguntarnos y querer tener la vida más controlada con respuestas claras. Sin embargo, hemos de entender también que nuestra humanidad y las realidades más importantes de nuestra vida tendrán siempre un resquicio de misterio y de respuestas inconclusas. Algo así es lo que me viene al corazón en el Evangelio de este domingo. Un diálogo que se da en la Última Cena, en la que Jesús les promete prepararnos una morada y en la que ante la pregunta sobre el camino para llegar a ella, Cristo revela que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Un diálogo en el que revela su unión con el Padre y en el que nos muestra claramente que la única manera de alc...
Con mis amigas cercanas tenemos la buena costumbre de guardar la llave de la casa de la otra por si sea necesario entrar para algún favor de emergencia. Es para mí un símbolo de la confianza entre nosotras y de esa apertura y hermandad que vive entre nosotras. Y me vino esta referencia porque este domingo es el día del Buen Pastor, un domingo para recordar que Jesús al mostrarnos que es Aquel que nos guía, nos rescata y conduce a los verdes prados de la vida y del cielo; también nos dice que Él es la Puerta del redil de las ovejas. Pero en el redil de Jesús hay una gran diferencia: no hay necesidad de llaves. ¿Por qué? Para ello hemos de comprender cuál es el significado de la Puerta. Y me encantó la explicación que encontré en un texto, que les quiero compartir: “En las montañas de Judea del siglo I, los pastores construían rediles temporales para pasar la noche. Hacían un círculo con piedras apiladas y dejaban un pequeño espacio abierto para que entraran la...