Creo que estas semanas y meses las noticias de terremotos y catástrofes nos llevan a estar preparados para posibles siniestros. Ahora pensamos en el lugar más seguro donde permanecer ante un sismo y estamos alertas a noticias sobre el tema, pero también a evaluar temas en nuestra vida. Es un tiempo que puede recordarnos un poco esa sensación en la época de la pandemia. Fue un tiempo que mucha gente buscó a Dios nuevamente porque nos rodeaba la enfermedad, la muerte y la vulnerabilidad. Y tal vez también ahora todo esto nos puede llevar a revisar nuestras prioridades. Y vienen entonces preguntas importantes que podemos hacernos, que pueden evocar miedos y dudas sobre nuestro futuro. Y aún más esas preguntas sobre la muerte, sobre la vida eterna y nuestra relación con Dios y los demás. Me vino esta idea al meditar en este Evangelio del Domingo tan importante. Una historia en la que Jesús pide sinceridad a sus discípulos. Es como si evaluara y quisiera sincerar su relació...
Si alguno ha vivido en el extranjero o en una cultura diferente entiende cómo hay tantas cosas que se viven distinto. Los alimentos, las expresiones, los horarios, la forma de comunicarse y relacionarse con las personas, el clima, etc. Necesitamos adaptarnos y comprender muchas cosas. La historia de este domingo me hizo pensar un poco en este tema, pues es el encuentro de una mujer extranjera de otra religión que sale al encuentro de Jesús. Y es que cuando una madre ve sufrir a su hijo, puede ser capaz de muchas cosas por aliviarle. Y este es el testimonio de una mujer de otra cultura, de otra religión, con costumbres rechazadas por lo graves que podían ser (sacrificios de niños). Es una mujer que busca ayuda porque a quien más amaba estaba sufriendo demasiado con una enfermedad espiritual incapaz de curar con fuerzas humanas (con un demonio muy malo dentro). Y es Jesús que sabiendo los dolores de estos pueblos llegó a esta zona de Tiro y Sidón para acercarlos y mostrarl...