Si hiciéramos una comparación entre las matemáticas y nuestra vida, podríamos decir que rechazamos la resta y buscamos la multiplicación. Todo ser humano prefiere ganar y nadie quiere perder. ¿Y qué podríamos decir si en nuestra vida cristiana Jesús nos habla de un reto que rompe nuestra lógica interior? Él nos afirma que, a medida que demos la vida, la recibiremos y la ganaremos en abundancia. Pero como en las buenas operaciones, ésto es muy comprobable... Trataré de explicarme: Hay cosas en nuestra vida que nos llenan de vida. Son esas acciones que sacan lo mejor de nosotros; experiencias en las que vemos tanta necesidad o retos por delante, que nos volcamos hacia ellos con toda nuestra pasión y esfuerzo. Esa entrega y esfuerzo para dar lo mejor de nosotros por lograr una meta, una ayuda o un proyecto que hace mucho bien. Entonces ocurre algo extraño pero especial en nuestra atención y conciencia: perdemos la dimensión del tiempo. Nos olvidamos de que ya es hora de almorz...
La autoestima es una cualidad y una habilidad muy necesaria en nuestra vida. Muchas veces dejamos de arriesgarnos, de actuar o de hablar sencillamente porque no nos valoramos, no nos creemos capaces o tenemos un mal concepto de nosotros mismos. Este es un tema que me encanta y me ha tocado reflexionar y explicar de diversas formas a distintos grupos de personas. La autoestima es algo que se gana con el tiempo, con el autoconocimiento, con la decisión de arriesgarnos a mostrarnos tal como somos, con la aceptación propia y con la indispensable ayuda de Dios y de los demás. Sin embargo, creo que muchas veces se ha querido equiparar la autoestima con una especie de “poder personal”, según el cual, automáticamente, deberíamos dejar de temerles a los riesgos, a las personas que nos dañan o a los desafíos de la vida. Pero la verdad es que es ingenuo e implica una exigencia absurda asumir que llegará un momento en la vida en el que no le temamos a nada. Es imposible que algún día seamos ...