Este domingo tenemos un Evangelio lleno de sentido, de símbolos y realidad humana. La historia de 2 discípulos confundidos y rendidos por la pena de ver a Jesús muerto. 2 discípulos que se parecen mucho a nosotros cuando la pena, la crisis, el fracaso, el duelo o el sin sentido invaden el corazón, la historia y el aire que respiramos. Una historia con 3 protagonistas: los discípulos y este Peregrino que se les aparece en el camino. ¿No es algo así lo que a todos nosotros nos ha ocurrido alguna vez en la vida? Ese vivir una situación en la que no encontramos salida, en la que desaparece la alegría y las tensiones o problemas pueden sobrepasarnos; en la que la palabra muerte está más cerca que la palabra vida y resurrección. Por ello hoy me queda resonando el profundo respeto, cariño y paciencia que tuvo Jesús con ellos. No se les aparece intempestivamente, se acerca como un peregrino más, como uno que está también en el camino de regreso, de decepción y...
Estoy convencida de que uno de los regalos más maravillosos que nos ha dado Dios es la amistad. Creo que tener un verdadero amigo es una ruta segura para nuestra felicidad. Es esa persona con quien podemos pensar en voz alta, a quien podemos abrirle el corazón sin miedo pues sabemos que nos trasciende, y a quien le damos permiso para recordarnos quiénes somos si lo olvidamos o nos desviamos. Antes de explicar algo con palabras, ya sabe lo que pasa por nuestra mente y corazón. Y cuando estamos con esa persona, todo se renueva porque la historia en común va tomando nuevos retos y caminos a lo largo de los años. El tesoro de la amistad es una hermosa responsabilidad y un reto; y como todo tesoro, es importante hacerla crecer. Creo que cuando existe una auténtica comunión, ver sufrir a esa persona puede ser más fuerte que el sufrimiento propio. Personalmente, cuando me pregunto qué experiencias son las que más me han costado vivir, no dudo en responderme que es el haber visto sufri...