Un pozo de agua es esa fuente de la cual luego de cavar hondo podemos sacar algo tan necesario para no tener sed. Es una figura inspiradora para comprender lo que es remitirnos a esa fuente necesaria a la que acude todo ser humano para que, periódicamente, busque eso que lo mantiene vivo y feliz. Este domingo meditamos en el hermoso encuentro entre una mujer samaritana y Jesús, justamente en torno a un pozo. Esto me llevó a considerar que, así como fue a buscarla allí, también Jesús en todo momento nos busca, porque tiene sed de nosotros y nosotros tenemos sed de Él. Creo que todos tenemos un pozo en el corazón; uno que está allí, lo sintamos o no. Y que, a la vez, tenemos otro que es su reflejo, al que tenemos acceso y vemos de forma más concreta y cotidiana. Trataré de compartir esta experiencia en una oración que escribí. Espero que pueda ayudarnos a categorizar y meditar en algo tan hondo y profundo como el pozo que guardamos tú y yo. Juan 4, 5-42 Tengo un pozo al q...
Imaginemos que todos tenemos un cofre, el de la memoria. En él guardamos los tesoros importantes, los momentos felices e inolvidables. Si tenemos un buen hábito de conservar y retener todos esos momentos, podremos tener espacios de serenidad y buena soledad para recordar y retomar aquellas experiencias que son como una especie de gasolina para seguir luchando y esforzándonos por lo que más anhelamos y por quienes más amamos. Pero creo que este cofre de la memoria tiene otra característica fundamental: vendrán días difíciles y oscuros en los que no tendremos ni fuerzas ni tiempo, esos en los que parece que una nube oscura se posa sobre lo que estamos haciendo y en los que el reloj avanza lento y con manijas oxidadas de angustia y preocupación. Y entonces, en esos días podemos sacar este cofre de tesoros para recordar esos que son más inolvidables e importantes. Y entonces sentiremos una brisa suave y un poco de paz que nos ayudará a tener como un ecualizador en el corazón para d...