Todos en algún momento de nuestra vida hemos tenido la experiencia de hacer una corrección a una persona que amamos mucho: hijos, pareja, amigos, hermanos, compañeros de trabajo, etc. Y es que, si queremos a alguien, buscamos el bien para esa persona. Buscamos que sea feliz, que deje de vivir en la mentira, que se conozca bien y sea consciente de sus grandezas, pero también de todo aquello que necesita cambiar. Cuando amamos a una persona no podemos evitar el dolor cuando le vemos torcer el camino y tomar malas decisiones. Es entonces cuando el amor que nos muestra Jesús nos pide actuar, nos anima a no quedarnos con los brazos cruzados, nos pide hablar y hacer lo que esté en nuestras manos para que pueda cambiar. Pero hemos de reconocer que esta experiencia muchas veces no es tan fácil. Tendremos personas en nuestra vida que con sencillez y gratitud nos escuchan y acogen lo que podemos decirles. Pero hay otras que el orgullo o la dependencia tan fuerte a lo que viven...
Esa es la medida de un grano de mostaza. Tan pequeña y a la vez capaz de crecer rápidamente hasta ser un arbusto con más de 4 metros. De una semilla así, es como hoy Jesús nos describe al reino de los cielos. Y es la lectura con la que hoy se recuerda a Santa Rosa de Lima. Una mujer enamorada de Dios, laica, catequista y cuidadora de los débiles. Una mujer llena de amor por los pobres que sabía hablar de su Amado con tanta pasión y fuerza sirviendo sin límites a todo necesitado. Hoy es un día para tomar conciencia una vez más que todos hemos sido llamados a ser santos desde el grano pequeño de nuestra vida. Llamados a serlo desde quienes somos, como somos y cuanto somos. Llamados a ser felices desde ya con lo recibido, regalado y conseguido. No es algo lejano, es un llamado hecho para nuestra medida que se alcanza con el ingrediente fundamental de nuestra libertad y la gracia infinita de Dios que nos quiere felices para siempre. Santa Rosa tuvo su centro de batalla en una pequeña...