Una de las cosas que me impacienta muchas veces es cuando alguien se lleva el “copyright” de méritos o logros que no hizo. Es ese afán tan desordenado de recibir aplausos y reconocimientos, que es capaz de cambiar la historia para ponerle el aderezo de las exageraciones, las relativizaciones y hasta las mentiras para cambiar la historia. Analicemos un poco en qué consiste para luego explicarles lo que meditaba hoy sobre las lecturas tan ricas de este domingo: El copyright es el derecho legal que tiene un creador sobre su obra original. Y este derecho le otorga, entre otras cosas, tres posibilidades principales: Control: decidir quién puede copiar, vender, modificar o mostrar su obra. Reconocimiento: ser reconocido como el autor real de la obra. Beneficio económico: decidir si quiere obtener un beneficio económico por su trabajo y de qué manera. Con este contexto, recordemos que la parábola que narra Jesús es sobre un viñador que hace de todo en su vi...
Era buena en el colegio; aunque no era la primera del salón, siempre tenía buenas notas. Y si bien se me daban bien con los deportes (entrenaba tenis después de clases), hubo un tema en el que me fue mal. Fue la única vez que reprobé un examen y ocurrió en Educación Física: no era capaz de saltar la valla en atletismo. No sé si era el miedo a volver a resbalarme y hacerme una herida fuerte, pero la sola idea de tropezarme al saltar era un temor que no podía vencer. Hoy, meditando en la parábola que Jesús nos comparte este domingo, se me vino a la mente esta imagen. Es la historia de un padre que pide a sus dos hijos ir a trabajar a la viña. Uno le dijo que sí, pero al final no fue; el otro le dijo que no, pero terminó yendo a trabajar. De allí brota una verdad contundente: el bien cobra vida cuando realmente lo hacemos. Creo que, así como yo le tenía tanto rechazo a saltar esa valla, a lo largo de la vida se nos presentan retos, misiones y situaciones en las que nuestro prime...