Si alguno ha vivido en el extranjero o en una cultura diferente entiende cómo hay tantas cosas que se viven distinto. Los alimentos, las expresiones, los horarios, la forma de comunicarse y relacionarse con las personas, el clima, etc. Necesitamos adaptarnos y comprender muchas cosas. La historia de este domingo me hizo pensar un poco en este tema, pues es el encuentro de una mujer extranjera de otra religión que sale al encuentro de Jesús. Y es que cuando una madre ve sufrir a su hijo, puede ser capaz de muchas cosas por aliviarle. Y este es el testimonio de una mujer de otra cultura, de otra religión, con costumbres rechazadas por lo graves que podían ser (sacrificios de niños). Es una mujer que busca ayuda porque a quien más amaba estaba sufriendo demasiado con una enfermedad espiritual incapaz de curar con fuerzas humanas (con un demonio muy malo dentro). Y es Jesús que sabiendo los dolores de estos pueblos llegó a esta zona de Tiro y Sidón para acercarlos y mostrarl...
Cuando estás con esa persona a quien le tienes toda la confianza del mundo, esa persona incondicional que tan bien te conoce, es como que no mides las horas y el espacio. Hay una experiencia tan grande de libertad y seguridad, que aunque esté físicamente más o menos cerca, hay una certeza de encuentro constante. Es una presencia que no es rutina, sino una presencia fresca, noble y sencilla. Una presencia que no requiere de anuncios, no toca el timbre de tu casa o no hace bulla al acercarse. Una presencia que va más allá de la presencia física, porque es un encuentro que atraviesa barreras y murallas. Espero de corazón que todos hayamos podido experimentar este encuentro y presencia con esas personas que no se van de nuestra vida porque son parte de ella. Hoy al rezar las lecturas del domingo, me dejó resonando el tesoro que es experimentar la presencia de Dios en mi vida. Para mí ésta es una de las experiencias humanas que más me remiten al amor de Dios y de los demás. En l...