Estoy convencida de que uno de los regalos más maravillosos que nos ha dado Dios es la amistad. Creo que tener un verdadero amigo es una ruta segura para nuestra felicidad. Es esa persona con quien podemos pensar en voz alta, a quien podemos abrirle el corazón sin miedo pues sabemos que nos trasciende, y a quien le damos permiso para recordarnos quiénes somos si lo olvidamos o nos desviamos. Antes de explicar algo con palabras, ya sabe lo que pasa por nuestra mente y corazón. Y cuando estamos con esa persona, todo se renueva porque la historia en común va tomando nuevos retos y caminos a lo largo de los años. El tesoro de la amistad es una hermosa responsabilidad y un reto; y como todo tesoro, es importante hacerla crecer. Creo que cuando existe una auténtica comunión, ver sufrir a esa persona puede ser más fuerte que el sufrimiento propio. Personalmente, cuando me pregunto qué experiencias son las que más me han costado vivir, no dudo en responderme que es el haber visto sufri...
Esta es una palabra que, aunque pensemos no tenerla muy presente en el diccionario de la vida, sí lo está… Creo que la búsqueda de seguridad motiva gran parte de nuestras acciones; su ausencia genera carencias y problemas, y su presencia define nuestras decisiones. Todos, sin importar cuán autosuficientes seamos, necesitamos sentirnos protegidos y seguros. Y es que la experiencia de vulnerabilidad, de sentirnos frágiles y desprotegidos es una experiencia que puede hacernos sentir incompletos e insatisfechos a pesar de ser algo tan humano y comprensible. Nadie disfruta la inseguridad. ¿Cómo podría gustarnos un estado que nos enfrenta directamente con el miedo al sufrimiento y a nuestra propia finitud? Pero es una condición que nos acompañará hasta el fin de nuestros días. Sin embargo, hay formas de llevar esta condición tan nuestra. Creo que hay personas que pueden vivir en una mentira, pensando que no necesitan de nadie, que se bastan a si mismos y que además deben ...