Subí al bus el otro día, y me llamó gratamente la atención un pequeño detalle: había gente parada, pero había 4 sitios en la zona preferencial en los que nadie se sentó. Me quedé pensando entonces que todo pudo empezar con una persona que decidió dejar libre el lugar, lo cual llevó a otro a hacer lo mismo. Me quedé conmovida pues era como la cadena de una buena acción que contagió a que otros hicieran lo mismo. Una cadena que empezó con una primera chispa que encendió a otros. Y así el bien creció... Y al rezar el lindo Evangelio en el que Jesús nos dice que somos la luz del mundo y la sal de la tierra, me acordé de esta experiencia, porque en nuestra vida cristiana existe esa primera chispa que empezó el fuego de la verdadera revolución del amor. Una primera chispa que tiene el rostro de Jesús. Y es que El amor de Dios, es luz de vida, es como esa Chispa indescriptible y misteriosa que puede transformar absolutamente todo. Es esa Chispa de amor capaz de convertir lo...
Hace un tiempo tuve un sueño muy bonito en el que estaba volando. Tomaba impulso, y con esfuerzo y ganas podía elevarme más alto. Me sentía libre y sentía cómo el viento fresco me impulsaba a seguir haciéndolo. Hoy al rezar en el Evangelio de este domingo sobre las Bienaventuranzas, me vino el recuerdo de este sueño. El Espíritu me dio el regalo de comprender un poco más cómo el Señor nos quiere libres y que volemos alto. Libres porque podemos liberamos de cadenas o cintas delgada que puedan atarnos y atrasar nuestra felicidad. Este domingo tal vez sea ocasión para escuchar al Señor y cortar esas cintas o cadenas para volar alto con la fuerza del amor de Dios. Les comparto una oración que escribí. Espero que les ayude ver a las Bienaventuranzas como un verdadero camino de libertad y de amor que se logra cuando nos unimos a Él y tenemos puesta la mirada en el Sol, en lo alto y en lo verdaderamente importante. Soltemos lo que nos ata y volemos para ser felices desde ya y para...