El pan es un alimento que todos valoramos. Siempre se ha comido en toda cultura y etapa de la historia. Un alimento tan sencillo, tan combinable, tan necesario y cercano. Y me encanta cuando, al hablar de una persona que queremos y admiramos, llegamos a decir: “Es más bueno que el pan…”. Hoy, que es la Solemnidad de Corpus Christi, me conmueve mucho que Jesús haya querido quedarse presente y vivo entre nosotros de esa manera: en un trigo que hecho sin levadura y sin sabor se hace pan. Y que, al estar consagrado, ese mismo pedazo de pan se convierta en el mejor alimento, en la mayor fortaleza y lo único que puede darnos vida plena. Un Pan que sana y cura toda dolencia. Un Pan que, siendo algo tan simple y sencillo, contiene al mismísimo Dios. Amor que nos invita a poder COMERLO para que no quepa duda que lo tenemos muy dentro y que estamos tocando el mismo cielo. Un misterio que no cabe en la cabeza, en el pecho ni en el corazón, porque es una entrega que desborda, que r...
Cuando era niña, me despertaba muy temprano los fines de semana, y me encantaba ir a la cama de mis papás para quedarme en medio de los dos. Les hacía preguntas, les contaba lo que estaba andando por mi cabeza o escuchaba lo que conversaban. A veces no había nada que decir, pero eran momentos que no se han borrado de mi alma porque en ellos me sentía protegida y amada por las personas que más amaba en este mundo. Recibir amor y seguridad, admirarlos y quererlos con todo mi corazón. Y hoy que celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad, me evoca esta experiencia porque es una sencilla analogía de lo que estamos llamados a vivir. Hoy tomamos conciencia que estamos invitados a participar de este amor, poder estar en medio del amor entre el Padre y el Hijo con el amor del Espíritu. Un misterio que no se puede explicar. Pero un misterio que es indispensable por participar y vivir. Comprender este misterio es difícil, tal vez nos ayuden figuras que nos explicaron de niños: como e...