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El reto de la vainilla...

  Nunca me voy a olvidar aquella vez de niña en la que veía cómo mi mamá hacía un postre en la cocina, y me llamó mucho la atención el olor de la vainilla. Bastaba echar un poco, y el olor que se sentía era muy bueno. Yo estaba convencida que, si tenía un olor tan bueno, el sabor sería mejor. Mi mamá sabía ver mis gestos y miradas. Y adelantándose a lo que estaba a punto de hacer, me dijo: no pruebes la vainilla que está en el pomo, el olor es muy rico pero el sabor es muy feo y te puede hacer daño al estómago. Yo era una niña obediente y confiaba mucho en ella, pero ese día estaba como muy terca y obsesionada con la vainilla. Y entonces ¿Qué hice? Espere que hayan acabado de hacer el postre para que cuando esté la cocina vacía entre a escondidas y demostrarme a mí misma y a los demás que “la vainilla es rica de sabor …”. No hay mucho que deducir sobre este final. Me pareció tan desagradable, que ni ganas tuve de comer el keke salido del horno. Esta historia tan sencilla ...
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Las preguntas eternas...

  Cuando era niña me encantaba leer unos libros que se llamaban el ¿Por qué? y el ¿Cómo? Preguntas que mes las hice siempre, y que me han llevado a tanto asombro y a nuevas preguntas que sin haberlas podido responder, me llevaron a encontrarme con el mismo Dios.   Creo que es muy humano y comprensible preguntarnos y querer tener la vida más controlada con respuestas claras.   Sin embargo, hemos de entender también que nuestra humanidad y las realidades más importantes de nuestra vida tendrán siempre un resquicio de misterio y de respuestas inconclusas.   Algo así es lo que me viene al corazón en el Evangelio de este domingo. Un diálogo que se da en la Última Cena, en la que Jesús les promete prepararnos una morada y en la que ante la pregunta sobre el camino para llegar a ella, Cristo revela que Él es el Camino, la Verdad y la Vida.   Un diálogo en el que revela su unión con el Padre y en el que nos muestra claramente que la única manera de alc...

Sin llaves

  Con mis amigas cercanas tenemos la buena costumbre de guardar la llave de la casa de la otra por si sea necesario entrar para algún favor de emergencia. Es para mí un símbolo de la confianza entre nosotras y de esa apertura y hermandad que vive entre nosotras. Y me vino esta referencia porque este domingo es el día del Buen Pastor, un domingo para recordar que Jesús al mostrarnos que es Aquel que nos guía, nos rescata y conduce a los verdes prados de la vida y del cielo; también nos dice que Él es la Puerta del redil de las ovejas. Pero en el redil de Jesús hay una gran diferencia: no hay necesidad de llaves. ¿Por qué? Para ello hemos de comprender cuál  es el significado de la Puerta. Y me encantó la explicación que encontré en un texto, que les quiero compartir:   “En las montañas de Judea del siglo I, los pastores construían rediles temporales para pasar la noche. Hacían un círculo con piedras apiladas y dejaban un pequeño espacio abierto para que entraran la...

Peregrino

  Este domingo tenemos un Evangelio lleno de sentido, de símbolos y realidad humana. La historia de 2 discípulos confundidos y rendidos por la pena de ver a Jesús muerto. 2 discípulos que se parecen mucho a nosotros cuando la pena, la crisis, el fracaso, el duelo o el sin sentido invaden el corazón, la historia y el aire que respiramos. Una historia con 3 protagonistas: los discípulos y este Peregrino que se les aparece en el camino.   ¿No es algo así lo que a todos nosotros nos ha ocurrido alguna vez en la vida? Ese vivir una situación en la que no encontramos salida, en la que desaparece la alegría y las tensiones o problemas pueden sobrepasarnos; en la que la palabra muerte está más cerca que la palabra vida y resurrección.   Por ello hoy me queda resonando el profundo respeto, cariño y paciencia que tuvo Jesús con ellos. No se les aparece intempestivamente, se acerca como un peregrino más, como uno que está también en el camino de regreso, de decepción y...

El duelo por el mejor amigo

  Estoy convencida de que uno de los regalos más maravillosos que nos ha dado Dios es la amistad. Creo que tener un verdadero amigo es una ruta segura para nuestra felicidad. Es esa persona con quien podemos pensar en voz alta, a quien podemos abrirle el corazón sin miedo pues sabemos que nos trasciende, y a quien le damos permiso para recordarnos quiénes somos si lo olvidamos o nos desviamos. Antes de explicar algo con palabras, ya sabe lo que pasa por nuestra mente y corazón. Y cuando estamos con esa persona, todo se renueva porque la historia en común va tomando nuevos retos y caminos a lo largo de los años. El tesoro de la amistad es una hermosa responsabilidad y un reto; y como todo tesoro, es importante hacerla crecer. Creo que cuando existe una auténtica comunión, ver sufrir a esa persona puede ser más fuerte que el sufrimiento propio. Personalmente, cuando me pregunto qué experiencias son las que más me han costado vivir, no dudo en responderme que es el haber visto sufri...

Seguridad

  Esta es una palabra que, aunque pensemos no tenerla muy presente en el diccionario de la vida, sí lo está… Creo que la búsqueda de seguridad motiva gran parte de nuestras acciones; su ausencia genera carencias y problemas, y su presencia define nuestras decisiones. Todos, sin importar cuán autosuficientes seamos, necesitamos sentirnos protegidos y seguros. Y es que la experiencia de vulnerabilidad, de sentirnos frágiles y desprotegidos es una experiencia que puede hacernos sentir incompletos e insatisfechos a pesar de ser algo tan humano y comprensible. Nadie disfruta la inseguridad. ¿Cómo podría gustarnos un estado que nos enfrenta directamente con el miedo al sufrimiento y a nuestra propia finitud? Pero es una condición que nos acompañará hasta el fin de nuestros días.  Sin embargo, hay formas de llevar esta condición tan nuestra. Creo que hay personas que pueden vivir en una mentira, pensando que no necesitan de nadie, que se bastan a si mismos y que además deben ...