Les invito a usar nuestra imaginación para proyectarnos a ser como un ave que ha volado muchos kilómetros y millas. Un ave que empieza a llegar a una zona de frío invierno, que se va agotando más y más. Un ave que empieza a ponerse más débil y que por el viento empieza a sentir que las plumas van desprendiéndose de ese cuerpo pequeño, esas plumas que son su fuerza para volar y protegerse de las inclemencias del clima. Imaginémonos ser esa ave que tiene que empezar a descender el poco vuelo que le resta para salvar su vida. Y en tierra, se ve desplumada, con frío, sola y con la necesidad de buscar alguna solución para vivir. Creo que en algún momento de nuestra vida hemos podido tener una experiencia parecida. Momentos en los que solo toca enfrentarnos con la realidad que vivimos. Momentos que podrían titularse: “la hora de la verdad”. Cuando llega la hora de la verdad, esa en la que no hay máscaras, bastones y corazas que protejan. Esos momentos en los que todas las barreras ...
Si hiciéramos una comparación entre las matemáticas y nuestra vida, podríamos decir que rechazamos la resta y buscamos la multiplicación. Todo ser humano prefiere ganar y nadie quiere perder. ¿Y qué podríamos decir si en nuestra vida cristiana Jesús nos habla de un reto que rompe nuestra lógica interior? Él nos afirma que, a medida que demos la vida, la recibiremos y la ganaremos en abundancia. Pero como en las buenas operaciones, ésto es muy comprobable... Trataré de explicarme: Hay cosas en nuestra vida que nos llenan de vida. Son esas acciones que sacan lo mejor de nosotros; experiencias en las que vemos tanta necesidad o retos por delante, que nos volcamos hacia ellos con toda nuestra pasión y esfuerzo. Esa entrega y esfuerzo para dar lo mejor de nosotros por lograr una meta, una ayuda o un proyecto que hace mucho bien. Entonces ocurre algo extraño pero especial en nuestra atención y conciencia: perdemos la dimensión del tiempo. Nos olvidamos de que ya es hora de almorz...