Una sola gota de agua cayendo sobre una piedra es la descripción de algo débil que parece no poder actuar sobre lo fuerte y duro. Si observamos el impacto por unas horas, nada cambia. Pero la física y el tiempo nos enseñan algo distinto: que la constancia vence a la dureza . Esa pequeña gota, desprovista de fuerza bruta pero armada con una persistencia inquebrantable, termina por vencer la resistencia de lo que parecía indestructible. Si esto puede ocurrir con nuestra fuerza de voluntad y nuestros pequeños esfuerzos hechos con amor y constancia, ¿Cómo serán las gotas de amor que Dios va derramando en nuestros corazones? La primera lectura de este domingo tiene una verdad hermosa que nos llevará a entender también la realidad de la que Jesús nos habla después: «Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra que sale d...
Les invito a usar nuestra imaginación para proyectarnos a ser como un ave que ha volado muchos kilómetros y millas. Un ave que empieza a llegar a una zona de frío invierno, que se va agotando más y más. Un ave que empieza a ponerse más débil y que por el viento empieza a sentir que las plumas van desprendiéndose de ese cuerpo pequeño, esas plumas que son su fuerza para volar y protegerse de las inclemencias del clima. Imaginémonos ser esa ave que tiene que empezar a descender el poco vuelo que le resta para salvar su vida. Y en tierra, se ve desplumada, con frío, sola y con la necesidad de buscar alguna solución para vivir. Creo que en algún momento de nuestra vida hemos podido tener una experiencia parecida. Momentos en los que solo toca enfrentarnos con la realidad que vivimos. Momentos que podrían titularse: “la hora de la verdad”. Cuando llega la hora de la verdad, esa en la que no hay máscaras, bastones y corazas que protejan. Esos momentos en los que todas las barreras ...