Me encanta ver en los pasajes del Evangelio, como el de este domingo, cómo Jesús no se deja llevar por las presiones y exigencias de los demás. Tenía personas que le tenían envidia o que se sentían incómodas con su presencia, por lo cual lo buscaban de tal manera que, en la actualidad, hasta podría decirse que le hacían algo parecido al bullying : lo molestaban sistemáticamente y le ponían trampas para humillarlo y dejarlo mal ante los demás. En este pasaje se ve cómo le tendían una trampa para que dudara, se equivocara y terminara siendo rechazado: «En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron: “Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿Es lícito pagar impuesto al César o no?”. Comprendiendo su mala voluntad, le...
Recuerdo con cuánto entusiasmo preparé el vestido que me puse el día de mi profesión perpetua. Quise que fuera de color hueso, casi blanco, para sentirme una novia que se casa con el mejor Esposo. Recuerdo también el día de mis bodas de plata, cuando quise ponerme una blusa muy alegre que me remitiera al gozo que sentía después de 25 felices años de mi sí definitivo. Recuerdo aquel saco negro y blanco que elegí para el día en que enterramos a mi adorado papá, como un símbolo de lo que vivía en mi corazón: había muerto, pero nacía a una vida nueva. O aquella blusa blanca que llevé el día en que celebré los 30 años de mi profesión perpetua, sintiendo que volvía a casarme con Él. Y puedo evocar otros momentos importantes en los que elegí un traje apropiado que simbolizara lo que habitaba en mi corazón. No es una cuestión de etiqueta, sino de algo externo que expresa lo que vivo interiormente. En el Evangelio de este domingo, Jesús nos presenta la parábola del rey que invita a ...