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Mostrando las entradas etiquetadas como Confianza en Dios

De extranjeros a ciudadanos...

  Si alguno ha vivido en el extranjero o en una cultura diferente entiende cómo hay tantas cosas que se viven distinto. Los alimentos, las expresiones, los horarios, la forma de comunicarse y relacionarse con las personas, el clima, etc. Necesitamos adaptarnos y comprender muchas cosas.   La historia de este domingo me hizo pensar un poco en este tema, pues es el encuentro de una mujer extranjera de otra religión que sale al encuentro de Jesús. Y es que cuando una madre ve sufrir a su hijo, puede ser capaz de muchas cosas por aliviarle. Y este es el testimonio de una mujer de otra cultura, de otra religión, con costumbres rechazadas por lo graves que podían ser (sacrificios de niños). Es una mujer que busca ayuda porque a quien más amaba estaba sufriendo demasiado con una enfermedad espiritual incapaz de curar con fuerzas humanas (con un demonio muy malo dentro). Y es Jesús que sabiendo los dolores de estos pueblos llegó a esta zona de Tiro y Sidón para acercarlos y mostrarl...

Rebalsados...

  ¿Cómo se puede describir una sed saciada? ¿Cómo describir el hambre profundo que está satisfecho a la vez? ¿Cómo describir esa necesidad profunda, honda y constante que, a la vez, es colmada y hasta rebalsada? Hoy queridos amigos no me viene una historia o comparación. Hoy les digo con sinceridad que solo me brota una profunda gratitud por un misterio de amor que nunca se puede explicar bien. Como bien se podría decir: las palabras son vivencias a medias, y las vivencias, misterios humanos y divinos a medias comprendidos. Y es que hoy me ha conmovido mucho ver la ilación y la riqueza de las 4 lecturas del domingo. Isaías, que habla de esa sed y hambre a la que Dios ofrece todo, mucho y gratis: “Esto dice el Señor: «Oíd, sedientos todos, acudid por agua; venid, también los que no tenéis dinero: comprad trigo y comed, venid y comprad, sin dinero y de balde, vino y leche”. Is. 55,1-2 La respuesta al salmo que dice: “Dios extiende su mano para saciarnos”. Esta carta de P...

La terquedad

  La terquedad se puede definir como “la actitud de una persona que se mantiene en sus ideas, opiniones o deseos, aun en contra de razones convincentes”. Es probable que conozcamos a más de una persona con estas características, o incluso que nosotros mismos seamos así. Estas personas pueden llevarnos a desencuentros, peleas o resentimientos por diversos temas. Nos sorprende, entonces, lo aferradas que pueden estar a un pensamiento o intención, lo que les impide ver las cosas desde otra perspectiva. Tienen una seguridad impresionante en sus convicciones, lo que las lleva a actuar con firmeza en lo que creen. Pero creo que la fuerza que revela una persona así, puede ser de mucha utilidad cuando es orientada y guiada hacia algo bueno e importante. Traigo esta característica humana porque al meditar en el Evangelio de este domingo, me dejó resonando cómo acaba esta cita. Como sabemos, estamos en las últimas semanas del año litúrgico y, en ellas se hace referencia a los signos de...

Antónimo y sinónimo...

  Me encanta ver cómo Jesús es tan buen maestro. La parábola que nos cuenta este domingo la describe de tal manera que no queremos ser como el protagonista y sí queremos ser como la otra protagonista. Entonces es algo así como una motivación e invitación para ser el antónimo de uno y el sinónimo de la otra: -Este es un juez que no le teme a Dios: que no confía en su poder, que no se entiende humano frágil y necesitado, autosuficiente, soberbio y sin entender la necesidad de recurrir al poder y fuerza de Dios para su misión. Y el antónimo es Jesús, quien no solo le teme a Dios, sino que no se entiende sin el Padre. Que sabe orar y clamar al Padre desde la madrugada, un Juez que le da gracias por todo y que sabe buscarlo y llamarlo hasta en el suplicio de la Cruz. Un Juez que entiende a la voluntad del Padre como su propio alimento. Un hermano que pide ayuda a sus amigos y a todos nosotros para hacer y vivir la justicia aquí en la tierra. ___ -Un juez a quien no le importan los...

Tráeme algo...

  Cuando era niña, y mi mamá salía a la calle o viajaba, me acostumbraba a decirle: “Tráeme algo” a lo que ella me decía: “¿Qué?” y le respondía: “No sé, algo…”. Y ella sabía qué traerme un detalle, un dulce, pero algo. Sabía que lo haría, confiaba en ella y la quiero con todo mi corazón. Otras veces no era necesario pedirle "algo" que necesite. Ella por ejemplo, cosía mi ropa muy bien, haciéndome esa blusa o vestido que necesitaba para esa fiesta de cumpleaños o para salir a jugar y ensuciarme en el parque.   Yo confiaba en ella, le agradecía y la quiero con todo mi corazón… Qué regalo del cielo es tener personas en quien confiar. Esos amigos o familiares con quieres podemos pensar en voz alta y caminar libremente a su lado porque sabemos que nos comprenden y trascienden. Aquellos que nos conocen bien y que incluso nos hacen favores por adelantado, sabiendo que pronto los hemos de necesitar. Confiar y amar van de la mano. Confiamos más en aquellos que amamos más. Tal v...

Se trata de confiar bien...

  Estaba en misa y noté que la fila de comunión no avanzaba. Entonces me di cuenta que había un hombre alto y ciego que no podía seguir caminando, desorientado, mientras la señora que lo acompañaba se había alejado. Estaba a punto de ayudarlo cuando ella regresó. Me conmovió su miedo y fragilidad, y esa necesidad inminente de depender de alguien para poder avanzar. Y de regreso a casa me vino al corazón la certeza que, si bien no somos personas tan limitadas físicamente, todos somos como este señor. Personas limitadas, frágiles y vulnerables que necesitamos de alguien para poder avanzar en la vida. Y pasadas unas horas le di gracias al Espíritu por hacerme comprender que esta es una clave importante para aproximarnos a la vida con una mirada sincera, humana e iluminada por la fe. Y es desde esta clave que les propongo entender mejor las palabras tan fuertes y muchas veces incomprensibles que nos muestra Jesús en el Evangelio de este domingo: las Bienaventuranzas. «Dichosos lo...

Cumplir las promesas

  “No porque el cielo esté nublado las estrellas murieron, así sucede con las promesas: existen las verdaderas que sostienen nuestra esperanza” Isabel Mayor   Qué linda manera de describir lo que ocurre en el alma al aferrarnos a las verdaderas promesas. Creo que cuando las vemos cumplidas por los nuestros, el gozo y gratitud se enciende porque es una muestra fuerte de su amor y fidelidad. Promesas que aprendimos a creer y confiar desde niños, y que a través de los años pudo llevarnos a decepciones, a ofrecer el perdón o a simplemente confirmar lo frágil que es nuestra humanidad. Pero son las mismas promesas que al verlas cumplidas, nos anima el espíritu y el amor crece. Confiar en las promesas es esperar del otro un compromiso que va más allá de la acción y de la intención. Y cumplir una promesa es el fruto del esfuerzo por ser fiel a quien queremos.    Y creo que, así como tenemos esta experiencia con los demás, también necesitamos confiar en las promesas que Dios ...

Como esa viuda...

    Eran esas mujeres del Antiguo Testamento y la época de Jesús que estaban totalmente desprotegidas. No tenían un padre, un esposo o un hijo adulto que las sostuviera. Vivían mendigando o haciendo lo que se pueda. Creo que todos en algún momento de nuestra vida nos hemos experimentado frágiles con ella. Vulnerables económicamente, por la salud, por la soledad, por los problemas, por las incertidumbres ante el futuro o tantas cosas por las cuales es como si no supiéramos a dónde mirar, a quién buscar y cómo salir adelante. Momentos en los cuales no basta con tener a los de nuestro lado, pues incluso ellos también están esperando algo de nosotros. Sentirnos como esas viudas, buscando otro tipo de ayuda: algo fuera de lo humano y cotidiano. Buscar una fuerza y un ser superior que pueda solucionar o resolver la pobreza y fragilidad que parece que no va a acabar. Y en ese sentido, la historia del Evangelio nos muestra a una viuda que nos da una gran lección. Un corazón que ...