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Rebalsados...


 

¿Cómo se puede describir una sed saciada? ¿Cómo describir el hambre profundo que está satisfecho a la vez? ¿Cómo describir esa necesidad profunda, honda y constante que, a la vez, es colmada y hasta rebalsada?

Hoy queridos amigos no me viene una historia o comparación. Hoy les digo con sinceridad que solo me brota una profunda gratitud por un misterio de amor que nunca se puede explicar bien. Como bien se podría decir: las palabras son vivencias a medias, y las vivencias, misterios humanos y divinos a medias comprendidos.

Y es que hoy me ha conmovido mucho ver la ilación y la riqueza de las 4 lecturas del domingo.

Isaías, que habla de esa sed y hambre a la que Dios ofrece todo, mucho y gratis:

“Esto dice el Señor: «Oíd, sedientos todos, acudid por agua; venid, también los que no tenéis dinero: comprad trigo y comed, venid y comprad, sin dinero y de balde, vino y leche”. Is. 55,1-2

La respuesta al salmo que dice: “Dios extiende su mano para saciarnos”.

Esta carta de Pablo con la certeza de que, con este amor infinito de Dios, todo es eterno y nada nos puede dañar:

“¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada? Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado”. Rm. 8,35-37

Para terminar con este Evangelio de ofrecernos Jesús saciar el hambre de tantos miles, con solo 5 panes y 2 peces:

“Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños”. Mt.14,19-21

Es como experimentar esa pequeñez, esa fragilidad mía y de todos. Esta humanidad necesitada, hambrienta y sedienta. Esta humanidad que se llena de miedos, riesgos, peligros y tantas circunstancias en las que comprensiblemente podemos tener miedo y podemos pasar tantas cosas. Realidades ante las cuales tengo en frente, dentro de mi alma, por encima y por debajo sosteniéndome a este Dios infinito, este Señor que tanto nos ama. Y es el único capaz de calmar, saciar, cambiar, consolar y solucionarlo todo…

Un amor que nos lo da como leche de balde, un amor que se entrega con manos llenas, un amor que no se detiene ante ningún peligro, un amor que alimenta y sacia siempre. Un amor que se muestra de tantas y tantas formas en el día a día de mi vida y la tuya.

¿No será cuestión de abrir bien los ojos, el oído y el alma para percibir cómo en cada segundo recibimos su amor bendito rebalsándose en el cofre de nuestros tesoros, en el recipiente de nuestra memoria, en la vasija de nuestras historias, en la olla de nuestros sueños y proyectos, en la cuna de nuestras relaciones, en el calzado de nuestro camino y en el abrigo de nuestros afectos?

Creo que es un domingo para dar gracias y más gracias. Porque somos infinitamente amados por el mismo Amor. Porque no hay nada que pueda pasarnos cuando estamos cargados, protegidos, consolados, arrullados y alimentados por Él.

Que descanse hoy el corazón, que se apaguen nuestras preguntas, que se suelten nuestras tensiones, que se alivien nuestras ansiedades, que podamos respirar y dormir profundamente como los niños.

Hoy los animo a tomar conciencia de este amor divino que nos envuelve, nos sostiene y nos lleva a estar como en unas nubes de algodón dulce, de melodías eternas y colores indescriptibles.

Un amor tan grande que rebalsa, llevándonos naturalmente a anunciarlo a amar más y arder por la misión que nos pide.

Señor, Tu amor rebalsa, tu amor sobrepasa todo, tu amor sana, salva y nos hace plenamente felices.

Gracias mi eterno amor…



Comentarios

  1. Definitivamente, su Amor nos hace plenamente felices… Gracias Magali

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  2. Como dice la canción "Solo Dios basta" No existe algo más inmenso que el amor infinito de Dios.
    Gracias querida Magali Dios te bendiga y te guarde siempre.
    Elvira Orellana.

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