16 en 3 minutos. Esas son las veces que reventaban las olas a la orilla del mar la última vez que se me ocurrió contarlas. Tengo el regalo de estar viviendo este tiempo frente a esta playa pequeña y de mar manso, donde los niños de los campamentos de Cruz Blanca se bañan en verano. Hoy mirando este hermoso paisaje, tomaba más conciencia que las olas nunca paran, pero nunca son iguales. El proceso sí es el mismo: el mar que se levanta con el viento y al chocar con la superficie o con la arena es como que si el agua se corta poniéndose de color blanco y terminando con una gran espuma que se esparce en la orilla. Olas que siempre revientan, pero que lo hacen en distintas distancias, que se elevan a distintos tamaños, que suenan unas veces más fuertes que otras, que se demoran en formarse unas veces más que otras, olas que a veces toman más impulso para regresar con mayor altura, o como aquellas que regresan muy pronto pues llegan con menor volumen y fuerza. Entonces me preguntaba: ¿...
Todos tenemos experiencias cotidianas que nos llenan de asombro y nos llevan a encontrarnos con la presencia de Dios en nuestra vida. Quiero compartirles mis propias experiencias sencillas y reales, que puedan animarles a descubrir las que están a su alrededor...