Una de las
cosas que me impacienta muchas veces es cuando alguien se lleva el “copyright”
de méritos o logros que no hizo. Es ese afán tan desordenado de recibir aplausos
y reconocimientos, que es capaz de cambiar la historia para ponerle el aderezo
de las exageraciones, las relativizaciones y hasta las mentiras para cambiar la
historia.
Analicemos
un poco en qué consiste para luego explicarles lo que meditaba hoy sobre las
lecturas tan ricas de este domingo:
El copyright
es el derecho legal que tiene un creador sobre su obra original. Y este derecho
le otorga, entre otras cosas, tres posibilidades principales:
- Control: decidir quién puede copiar, vender,
modificar o mostrar su obra.
- Reconocimiento: ser reconocido como el autor
real de la obra.
- Beneficio económico: decidir si quiere obtener
un beneficio económico por su trabajo y de qué manera.
Con este contexto, recordemos que la parábola que
narra Jesús es sobre un viñador que hace de todo en su viña para que dé buenos
frutos. Luego la deja en manos de unos labradores, quienes se encargarían de
regarla y mantenerla.
Pero llega el momento de la cosecha y, cuando
espera recoger los frutos, se encuentra con la enorme injusticia de aquellos
que quieren quedarse con lo que no les pertenece, hasta el punto de golpear,
matar y hacer daño a sus mensajeros e incluso al propio hijo del dueño de la
viña.
Una historia llena de injusticias. Asumen como
propio lo que no les pertenece. Porque la avaricia llega hasta matar al propio
heredero de la viña. Y también porque no fueron agradecidos ni respetaron al
dueño que les había dado tanto bien durante todo ese tiempo en que gozaban de
la viña, donde vivían, se alimentaban y donde seguramente aquel buen dueño
también les daría un buen salario y otras bendiciones.
Pero, lamentablemente, Jesús nos narra que no fueron
ni justos ni respetuosos. Son labradores que quieren quedarse con todo el copyright
de la viña y de sus frutos.
Y, lamentablemente, podríamos hacer una analogía
con los derechos que tiene el dueño de la viña y nuestra propia vida, siendo
nosotros los labradores.
Pero también podemos quedarnos agradecidos, una vez
más, por la respuesta de Dios y por su amor hacia nosotros:
- Control: Sí. Él, que es el dueño, siendo Dios,
sabe qué es lo mejor, qué beneficia a la viña de nuestra vida y de
nuestros caminos, y nos da lo necesario para vivir. Pero aceptemos que cuando
nosotros queremos controlarlo todo, se nos puede ir de las manos; podemos
quedar peor de como estábamos y podemos terminar caminando por el camino
equivocado.
Por ello, lo
que más nos pide el Señor es confiar, dejarnos llevar y hacer caso en todo
aquello que nos toque vivir.
- Reconocimiento: Sí. Él es el dueño de la obra
y es Aquel que sembró y regaló los talentos y recursos que hoy nos ayudan
a caminar. Y Él se pone feliz cuando reconocen nuestros logros. Pero, con
honestidad, es ocasión también para decirle: “Gracias. Lo hicimos juntos”.
- Beneficio económico: Y aquí el Señor quiere
las cosas al revés. Porque el beneficio no será para Él. Todo lo que la
Viña nos ofrece es para nosotros: para nuestra vida, para nuestra
felicidad, para poder llegar al cielo, para poder amar sin límites en esta
hermosa vida.
Y por todo ello, hay una cita en la primera lectura
de hoy que puede iluminar todo esto y derretir aún más nuestro corazón. Porque
Él nos dice, a través del profeta:
“¿Qué más podía hacer yo por mi viña que no hubiera
hecho?”
Is 5,4
Y es que así es…
El que tiene el derecho del “copyright” nos lo dio
todo. Nos regaló la viña de nuestra vida y la promesa del cielo.
Lo único que nos pide es que no olvidemos que Él es
la piedra angular de nuestra vida. Porque sin Él no nos vienen las ideas, ni
tenemos fuerzas para cumplir nuestros logros, ni podemos levantarnos cuando
estamos agotados, ni podemos encontrar motivación para lo que viene, ni podemos
amar cada vez más y mejor.
Él es el dueño de la viña. Él es el único que puede
enseñarnos cómo cuidarla y cómo hacerla crecer.
Y Él vendrá a preguntar por los frutos, por los
logros. No para Él, sino para que podamos ofrecerlos a la humanidad, para
repartir más amor en el mundo y para que, mirándonos en el espejo del alma,
podamos alegrarnos por tantas batallas ganadas con Él y en Él.
No dejemos de ser agradecidos. No dejemos de mirar
al autor de nuestra vida y de nuestra felicidad.
Él no se va y nos dice una y otra vez: “¿Qué más
podía hacer yo por mi viña que no hubiera hecho?”
Is 5,4
Mateo
21, 33-43
Les comparto esta pequeña oración que espero les
ayude:
Es por ti:
Protegida, mimada y acompañada siempre.
Sabiendo que te pueda ver o no, vives conmigo y me sostienes de la mano.
Al levantarme por las mañanas, veo todo lo recibido
y es un momento para decirte al corazón nuevamente:
Es por ti.
Y al caminar, miro las ocasiones que tengo para servir y compartir mis
dones: esos que Tú me regalaste.
Y al gozar y disfrutar con mis nuevos y viejos amigos,
y al disfrutar tantos buenos momentos,
solo puedo agradecerte por todos aquellos que Tú pusiste en mi camino.
Y al encontrarme con mi adorada familia, donde recibo tanto amor y
alegría, solo me queda confirmar nuevamente que Tú me la regalaste.
Y si tengo nuevos planes que van saliendo y formándose para ayudar a los
demás, solo me queda decir:
Tú me diste la idea y Tú me diste las fuerzas.
Y si concluyo un imborrable encuentro con una persona, me quedo
conmovida y solo puedo decir:
Gracias, porque me la trajiste a mi camino.
Y si termino de dar una charla, me quedo conmovida y con nuevas fuerzas,
y solo puedo decir:
Gracias por lo que me has enseñado.
Y si termino un nuevo reto en el que pudimos salir adelante, solo me
queda decir: Tú estuviste presente.
Y entonces, hay esos momentos en los que veo mi historia, lo ganado, lo
sufrido y lo aprendido; en los que solo me lleva a estar más agradecida y solo
puedo decir:
Tú estuviste siempre conmigo.
Momentos en los que veo las cruces y los dolores vividos, esos en los
que pude elevar el corazón poco a poco. Y solo puedo decir, una vez más:
Tú estuviste conmigo y me cargaste en tus brazos.
Todo, absolutamente todo, está sostenido por Ti.
Porque Tú sí eres esta piedra angular, como nos dices hoy.
Tú eres Aquel que no puede irse de mi lado porque, como dicen los
ingenieros, si esa piedra se va, la construcción queda inestable y, ante el
primer terremoto, pierde toda consistencia.
Difícil de explicar y de mostrar.
Porque es una realidad que se vive dentro, que se hace más madura con el
tiempo, que se hace más silenciosa cuanto más amor la alimenta.
El que estés aquí dentro, allá afuera y presente en todo lo que llega a
mi camino es sencillamente un misterio que no tiene que ser comprendido para
recibirlo, gozarlo y vivirlo.
Es el misterio del amor eterno, divino y agradecido.
Ven a la Viña, toma todo lo que quieras y bebamos juntos tu Vino de la
Vida.
Amén.
https://www.youtube.com/watch?v=h9C9jAjQ0Fg&list=RDh9C9jAjQ0Fg&start_radio=1


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