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Mostrando las entradas etiquetadas como esperanza

Peregrino

  Este domingo tenemos un Evangelio lleno de sentido, de símbolos y realidad humana. La historia de 2 discípulos confundidos y rendidos por la pena de ver a Jesús muerto. 2 discípulos que se parecen mucho a nosotros cuando la pena, la crisis, el fracaso, el duelo o el sin sentido invaden el corazón, la historia y el aire que respiramos. Una historia con 3 protagonistas: los discípulos y este Peregrino que se les aparece en el camino.   ¿No es algo así lo que a todos nosotros nos ha ocurrido alguna vez en la vida? Ese vivir una situación en la que no encontramos salida, en la que desaparece la alegría y las tensiones o problemas pueden sobrepasarnos; en la que la palabra muerte está más cerca que la palabra vida y resurrección.   Por ello hoy me queda resonando el profundo respeto, cariño y paciencia que tuvo Jesús con ellos. No se les aparece intempestivamente, se acerca como un peregrino más, como uno que está también en el camino de regreso, de decepción y...

4 días

  Dios me ha regalado en este tiempo la oportunidad de ahondar en el misterio de la muerte y del duelo. Una experiencia tan humana, tan honda y difícil de describir porque es muy particular y única para cada uno de nosotros. Todos hemos pasado por alguna pérdida que puede ser de muchos modos. Hoy me refiero a la de haber pasado por el tránsito de una persona querida que fue parte de nosotros. Duelo en el que se siente como ese desgarro del alma y de la vida, como experimentar que, en ese entierro, se ha enterrado la mitad del corazón. Y hoy en este Evangelio tan hermoso y lleno de esperanza, se nos cuenta el milagro que hace Jesús con su amigo, Lázaro. Un amigo entrañable por quien cuenta en más de un versículo del Evangelio que lloró por su muerte. Junto a Jesús hoy podremos vislumbrar y acoger la esperanza de algo que va más allá del duelo, la certeza de que Él estará siempre acompañándonos y llorando con nosotros. Puse de título el número 4. Y lo puse porque me ha resonado...

Esperando visita...

  Qué emoción se vive cuando preparamos la visita de alguien querido a nuestra casa. Esperamos la llegada de ese día preparando y disponiendo todo para que esté a gusto, para que se sienta bien y perciba el cariño que le tenemos con detalles y esfuerzos. Cuando sabemos el día y la hora que vendrá, podemos organizar y planificar mejor cosas más especiales y elaboradas. Y todo con entusiasmo porque nos llena de alegría el corazón. Pero existen también esas personas a las que queremos tanto y que le tenemos una confianza tal, que no tienen que anunciar su visita, pues pueden llegar en cualquier momento para hacernos compañía, para contarnos algo nuevo o para quedarse en silencio y comunión haciéndonos compañía. Personas que ocupan un lugar mucho más profundo en el alma. Y tal vez por ser tan especiales, les guardamos en la despensa lo que tanto le gusta, o tenemos siempre a la mano lo que sabemos que necesitará. Son esas personas que ocupan un lugar indispensable en nuestro camino...

Creer en invierno

  Hay días en los que el corazón puede sentirse como en invierno, donde el sol demora en salir y el frío nos hace más sordos y ciegos. Días de invierno por causas simples o muy profundas, pero en los que el corazón está como arrugadito y da miedo tocarlo porque puede caer en pedacitos. Días de invierno como los vividos por estos amigos de Jesús que le siguieron, caminaron, rieron y lloraron con Él. Sentían que explotaba de entusiasmo por el Reino que llegó y el cielo prometido. Le vieron dormido, madrugando, orando, haciendo milagros indescriptibles y derritiéndose de ternura por los niños, los débiles o con las caricias de su Madre. Amigos cercanos, apóstoles que lo dejaron todo para seguir al Hijo de David, pero que en cuatro días vieron esa intempestiva tortura, el dolor inenarrable y la misma muerte de Dios. Amigos como Tomás, que tanto le amaba. El que animó a los apóstoles a seguir a Jesús cuando corrían peligro hacia Jerusalén (Jn 11,16). El que al preguntar otro día, recibe...

El mejor tiempo…

  “La paciencia todo lo alcanza”, decía Santa Teresa de Jesús. Y cada vez me parece más cierto y necesario. Creo que en un mundo acelerado donde el hacer las cosas rápidamente es una virtud, tener experiencias en las que toca esperar, toca confiar porque no se ven los resultados, toca aceptar que debemos aguardar más tiempo de lo que suponíamos, se convierte en algo hasta desagradable o que puede ponernos de mal humor. Situaciones en las que la impaciencia hasta nos lleva a buscar culpables fuera o dentro... Y aunque unos tienen más de paciencia que otros, es humano el desconcierto cuando las cosas no suceden como lo esperamos. Hoy al rezar en torno a la Sagrada Familia y en torno al inicio de un nuevo año, me vino a la mente y al corazón la pregunta sobre la importancia del tiempo, los tiempos de la vida, los tiempos de Dios. ¿Cómo medimos y valoramos el tiempo? ¿Cuándo es mucho tiempo y cuándo poco tiempo? El pasaje del Evangelio nos sitúa en torno a José y María que van al templ...

Reencuentro

  Qué linda es esta experiencia que vivimos cuando vamos a reencontramos con alguien cercano y querido. Ese familiar, ese amigo de la infancia, esa persona que vive lejos. Puede ser que esté un poco cambiada o que se le vea más vital, más contenta o más vivida. Pero sabemos que, a pesar de los muchos o pocos cambios, nos veremos con la misma persona. Hoy me llamó la atención meditar en este reencuentro que Jesús vivió reencontrándose con su pueblo Nazareth al iniciar su misión. Él era el mismo de siempre. Era ese primo y vecino de toda la vida, ese amigo de la niñez y adolescencia, ese compañero de trabajo que en más de una vez ofreció sus servicios de artesano y carpintero junto a José. No cambió de aspecto, no quiso mostrarse especial poniéndose un traje diferente como los superhéroes o haciendo milagros. Sólo se sabe que luego de estar en el desierto, se dirigió a la Sinagoga, un lugar tan familiar al que fue desde niño hasta los 30. Lugar donde iban todos para escuchar ...

No hay temor en el amor...

  Te animo a pensar en esa persona por quien estarías dispuesto a arriesgarlo todo. Por quien no mides tiempo, cansancio ni renuncias. Por quien estas dispuesto a vencer los miedos más grandes o los peligros más inminentes. Quien te anima a levantarte cada día. Y por quien darías la propia vida… Qué bendición poder amar mucho a alguien o algunos así … Y es que el amor es definitivamente un misterio, y la fuerza más grande que puede movilizar y remover el corazón humano de forma sorprendente. Hoy rezando el Evangelio de este domingo, Dios me invitó a tomar conciencia del poder del amor. Y me encontré con el ejemplo maravilloso de María, la mujer del Adviento y de la Navidad. Ella que antes de ser madre, fue hija y una verdadera amiga aprendiendo a entregarse y arriesgarse por los suyos, viviendo el servicio con quien lo necesitaba, como se relata en este maravilloso encuentro con su prima anciana y en el sexto mes de embarazo. Y si alguno no es muy cercano a ella, los animo ...