Esa
es la medida de un grano de mostaza. Tan pequeña y a la vez capaz de crecer
rápidamente hasta ser un arbusto con más de 4 metros.
De
una semilla así, es como hoy Jesús nos describe al reino de los cielos. Y es la
lectura con la que hoy se recuerda a Santa Rosa de Lima.
Una
mujer enamorada de Dios, laica, catequista y cuidadora de los débiles. Una
mujer llena de amor por los pobres que sabía hablar de su Amado con tanta
pasión y fuerza sirviendo sin límites a todo necesitado.
Hoy
es un día para tomar conciencia una vez más que todos hemos sido llamados a ser
santos desde el grano pequeño de nuestra vida. Llamados a serlo desde quienes
somos, como somos y cuanto somos. Llamados a ser felices desde ya con lo
recibido, regalado y conseguido. No es algo lejano, es un llamado hecho para
nuestra medida que se alcanza con el ingrediente fundamental de nuestra libertad
y la gracia infinita de Dios que nos quiere felices para siempre.
Santa
Rosa tuvo su centro de batalla en una pequeña ermita en la que rezaba, hablaba
con Jesús y decidía vivir lo que se le iba mostrando. Y creo que todos nosotros
aún sin saberlo, tenemos una ermita donde habita Él y que puede tomar la forma
de una familia o de una misión; que al recibir el amor y fuerza de Cristo se
convierte en el motor de nuestra vida.
Que
Rosa de Santa María nos ayude, nos anime y enseñe a creer que la santidad es
posible, uniendo nuestro grano de mostaza a la gracia y amor de Jesucristo. Que
ella nos ayude a entregar todo lo vivido y acogido humildemente en la ermita de
nuestra vida.
Les
comparto una pequeña oración que hice al rezar en este llamado:
Un grano pequeño,
como es pequeña mi alma frente a tu grandeza,
pequeñas mis acciones
y quehaceres
pequeños los
esfuerzos frente al mundo tan urgido
pequeñas mis
palabras, mis canciones o escritos frente al grito y al llanto de tantos
pequeños los frutos
madurados y logros conseguidos
pequeños los trabajos
construidos
pequeñas mis ideas y
propuestas para construir una casa sólida
sólo un milímetro de
camino, esfuerzo y tejido.
Todo es pequeño como
ese grano de mostaza
cuando se compara con
el cielo y la eternidad.
Todo es inmenso y los
retos suenan inalcanzables,
todo parece infinito y
este horizonte inimaginable.
Pero todo esto
ofrecido para esta pequeña alma.
Y entonces ¿Cómo se
llena esta diferencia?
entre mi pequeñez y
el cielo
entre mi fragilidad y
la felicidad ofrecida
entre mi poquedad y
la plenitud anhelada
entre mi humanidad
quebrada y el llamado a ser santa
entre mi debilidad
constante y tu amor infinito…
Sí, se llena y se une
solamente
con tu gracia, con tu
salvación y tu entrega.
Una abismal
diferencia que se transforma en comunión y encuentro.
El encuentro de mi
corazón pequeñito y tu divino e infinito amor.
Todo es tu obra, tu
acción y tu salvación.
Y solo esperas que
estire mis brazos
solo esperas mi libre
sí y mi pobre respuesta
solo esperas que te
mire y sonría,
para que cargada y
llevada de tu mano
puedas hacer que mi
pequeña semilla crezca, se alimente y fortalezca
hasta ser un arbusto
grande y sólido a la medida de tu corazón.
Y todo esto habita en
esta noble tierra y campo bueno
en el que has
sembrado mi espíritu y has colocado mi vida.
Todo ocurre en esta
casa que es tu casa
y en esta mi vida que
es la tuya.
Y entonces, te digo sí
una vez más,
para que transformes
mi vida y la hagas más tuya
para vivir con gozo la
misión a la que me has encomendado
para que pueda ser
cada vez más yo y más Tú
para que la santidad
deje de ser una palabra
y se transforme en
verbo y vida
para que el amor sea
concreto, sea vivo
y sea cada vez menos
sueño y deseo
para ser una realidad
aquí en la tierra
y una promesa
cumplida en el cielo.
Amén.
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Bella oración y reflexión sobre la Ermita de nuestra vida, gracias Magali🙏
ResponderEliminarMuy hermoso e inspirador. Muchas gracias Magali. Qué Dios te siga bendiciendo 🙏
ResponderEliminarGracias Magaly. Hermosa Oración. Lidia
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