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Rompecabezas

 




Un juego que apasiona a muchos e impacienta a otros. Consiste en encontrar esa pieza que encaja en ese espacio. Implica concentración, lógica y estrategia para tomar en cuenta el color y forma porque solo existe aquella única pieza que encaja perfectamente.

Estoy convencida que cuando Dios piensa en nosotros nos ha creado de tal manera que podamos ubicarnos en ese lugar. Y puede ser que haya como “niveles o tipos” de rompecabezas pues algunos lo son para circunstancias particulares de nuestra vida en las cuales crecemos y ganamos muchas experiencias que nos hacen madurar pues en ese lugar ganamos muchas riquezas con todo lo que vivimos. Otras nos permiten ubicarnos en etapas más prolongadas o situaciones más importantes de nuestra vida. Y aquellos rompecabezas que sencillamente definen nuestra esencia, nuestras opciones fundamentales y aquello que no es negociable para nuestra felicidad. Y siempre habrá una misión que cumplir que nos hace felices...

Me pongo de ejemplo para que comprendamos mejor: tengo un trabajo particular en este momento o tuve que dejar de trabajar hace un tiempo. Y en esas circunstancias aprendo y maduro como persona. Hay un rompecabezas que es un poco más profundo que es el de mi profesión que tanto me gusta al ser maestra, pudiendo desarrollarla de muchas formas. Y vivo también en un rompecabezas que no cambia en el que sabiéndome amada y llamada por Él trabaje o no, viva esa profesión o no es algo que no dejaré de vivir: mi vocación a la vida consagrada. Llamada a amar y a mostrar el amor de Dios a los demás desde mi carrera, mi vida cotidiana y lo que vivo y soy llamada cada día. Eso no se mueve.

Y lo hermoso de estos rompecabezas: los simples y los importantes, es que en todos ellos hay un llamado de Dios. En todos está la mano de Aquel que más no ama para permitir ese trabajo, esa misión y ese estado de vida. Sólo Él con su amor infinito permite que un rompecabezas dentro de otro construya en nosotros una vida plena y feliz.

Misiones que podamos vivir como el ser jefes en un trabajo, tutor en un salón, coordinador en un proyecto, cuidador de un paciente difícil, cuidar de nuestros padres ancianos, el apoyo de un amigo en un tema muy delicado; o también en esas misiones que definen nuestra vida como el ser padres, la vocación al matrimonio o a la vida consagrada son todas llamadas de Dios.

Y entonces vienen los miedos y preguntas tan humanas y comprensibles: ¿Soy capaz de hacerlo? ¿Con estos defectos y limitaciones voy a poder responder? ¿Y si fallo?

Y entonces las maravillosas respuestas de Jesús nos dirán que "..eres una pieza perfecta para ese rompecabezas, porque te hice de tal manera que encajarás". Que tu y yo tenemos defectos, miedos, errores y muchas debilidades, pero hay una lima bendita y mágica que es su amor y gracia que es capaz de pulir nuestros defectos a lo largo de este camino. Y Él con paciencia y poder permitirá que encajemos perfectamente para vivir esa misión.

¿Y sabes cuál creo que es la razón?

Que antes de pensar en nuestras cualidades o defectos a Él le interesa algo mucho más importante: nuestra felicidad, nuestra plenitud.

Y entonces vienen las palabras del Evangelio tan retadoras:

"La mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies." Mt 9, 37-38

Y para Él no hay oposiciones, por lo cual nos llamará y nos invitará a ser obreros de su mies amando, ofreciendo y dando aquellos dones que puso en el corazón, aquella entrega que somos capaces de dar. Obreros felices porque ofrecemos lo que nos gusta dar. Pero misioneros que no seremos felices si no nos entregamos, si solo pensamos en nosotros mismos, si solo nos quejamos por lo que falta y lo que no hemos recibido de los demás.

Los obreros y piezas del rompecabezas de Dios han recibido TODO lo necesario para ser felices cuando amamos y entregamos, pero son piezas que saben perfectamente que necesitan de su amor y gracia para encajar, para servir en la mies y para realizarse cada vez más como personas.

Así es, en el rompecabezas de Dios todo encaja: las necesidades del mundo con las piezas de una comunidad de amor, con nuestros dones y gustos. Y todo es unido perfectamente con ese amor, cuidado, paciencia, presencia y gracia infinita de Dios.



Veamos pues el ejemplo de estos 12 hombres que fueron llamados a ser los apóstoles de Cristo. Hombres tan débiles, pecadores y frágiles como nosotros. Hombres que decidieron y apostaron en confiar en Él. Hombres que con la fuerza del Espíritu fueron plenamente felices y santos: todos y cada uno desde quienes son. Ya en otro momento me encantaría analizar sus vidas y las enseñanzas para las nuestras.

Pero no olvidemos la hermosa verdad que este domingo Jesús nos enseña en el Evangelio: tu y yo somos piezas distintas, únicas y especiales para Él. Piezas que están llamadas a ponerse en el rompecabezas de la humanidad. Piezas que llenas de su amor, con la entrega de nuestros dones y talentos y con esperanza en Él podemos poner ese grano de arena para construir una humanidad donde reine el amor y la paz.

Cristo nos quiere felices, Cristo quiere que escuchemos su llamado en el aquí y ahora de nuestra vida, en el más allá de nuestra vida y en esa pista central de nuestro llamado principal en esta vida. Abramos el alma, abramos los oídos del espíritu y hagámosle caso cuando nos llame cada día.

Mateo 9, 36 – 10, 8

En aquel tiempo, al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos:
«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies». Llamó a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
«No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».

 

Si alguno no ha visto la serie The Chosen o Los elegidos, los animo sinceramente a verla. Aquí les dejo el link de la pagina oficial y también está en Netflix y Amazon. https://thechosen.tv/es-us





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