Hay
experiencias en nuestra vida que marcan, que son inolvidables y dejan huella.
Experiencias que pueden definir nuestra forma de ver la vida, nuestras opciones
y decisiones. Esos momentos de nuestra historia que nos pudieron llevar a ser y
hacer lo que somos y vivimos en la actualidad.
Hoy, en la Solemnidad
de la Ascensión, las lecturas nos ofrecen un detalle muy hermoso del que hoy
pude tomar conciencia. Y es que la primera lectura sobre la Ascensión ocurrió en
Jerusalén, pero antes, Jesús les pide encontrarse con ellos en Galilea, que
queda a 190 km de Jerusalén (4 o 6 días a pie).
¿Por qué?
Allí todo
comenzó. Galilea es el lugar del llamado a los primeros apóstoles en el mar de
Tiberíades, donde empezó a hablar y darse a conocer. Donde Simón, Andrés, Juan
y Santiago se convirtieron, dejando sus redes para empezar una vida nueva y
plena.
Y por ello en
Galilea, quiso explicitarles su misión:
«Se me ha
dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a
todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que
yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos». (Mt 28,
18-20)
Y ya luego,
con todo dicho, ascendió al cielo desde Jerusalén.
¿Será que el
Señor hace lo mismo con nosotros?
Creo que todos
tenemos una Galilea con Él. Galilea representa ese "primer amor", el
lugar o el momento exacto donde tuvimos ese encuentro con Él, donde todo cobró
sentido y la vida cambió. Nuestra historia de amor, de llamado y conversión
tiene una Galilea: un retiro, un diálogo, una experiencia de vida, una canción,
un libro, una persona que nos ayudó. Todos tenemos una experiencia fundante que
quedó marcada en nuestra alma, en la que comprendimos que Dios nos ama tanto y que
está siempre con nosotros.
Y en este
encuentro en Galilea, Jesús les dijo tres verdades que les aliento a reflexionar
en estos días. Y hagámoslo evocando nuestra Galilea:
- «Se me
ha dado todo poder en el cielo y en la tierra», como diciéndonos una y otra vez: “no tengas
miedo a confiar, a vivir lo que te pido, a luchar, a levantarte y a hablar
de mí, porque tengo TODO el poder en el cielo y en la tierra para
protegerte, darte la fuerza y ofrecerte lo que necesitas en cada momento
de tu vida”.
- «Id,
pues, y haced discípulos a todos los pueblos… enseñándoles a guardar todo
lo que os he mandado»,
pidiéndonos que hablemos de Él, que este amor que tenemos dentro no se
quede callado y se muestre por todos lados. "Todos los pueblos"
es como decir todo tipo de personas, de ambientes y espacios en los que
vivimos: mi propia familia, mi trabajo, mis estudios, mis amigos, mis
vecinos y demás. Es como respirar el amor de Dios y tener la necesidad de
contagiarlo a todos. Como un vaso que se llena tanto que rebasa y necesita
repartir el Agua de la vida a los demás. Desde ello se entiende toda
misión que nos toque vivir.
- «Y
sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los
tiempos»,
porque Él no se ha ido nunca, no se va y no se irá. Jesús no deja de estar
vivo, presente y cercano en nuestra vida. Dios camina con nosotros, nos
sostiene, nos escucha, nos habla y nos arrulla con sus cantos de amor todo
el tiempo. ¿No será que no le abrimos el alma para percibir su presencia y
amor tan fuerte? Aunque no lo percibamos, Él sí está…
Vayamos
siempre a nuestra Galilea, y desde ella agradezcamos todo lo que nos rodea.
Vayamos para abrir el corazón y compartir nuestra alegría. Vayamos siempre a
Galilea para renovarnos con su presencia viva.
Vayamos
siempre a nuestra Galilea para recordar, además, una verdad muy importante: que
el cielo que anhelamos tanto y que hoy celebramos, es una realidad que se vive
desde este mundo. El Reino de los Cielos del que nos habla el Evangelio empieza
aquí. Amemos y vivamos todo desde nuestra Galilea para llegar a Jerusalén y a
toda realidad a la que Él nos llame.
Y desde
nuestra Galilea, hagámonos una pregunta fundamental:
¿Qué misión
me pides Señor? ¿Cuál para toda mi vida, y cuál para este tiempo?
Porque desde
su amor y comprendiendo nuestra misión, todo lo que vivamos tendrá sentido…


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