El otro día me
encontré en una situación que seguramente les ha sucedido a ustedes: después de
varias horas de trabajo, mi computadora comenzó a ralentizarse. Los programas
tardaban en responder, y no podía avanzar igual. Recordé que hacía días que no
la había apagado, dejándola solo en modo de hibernación. Entonces decidí reiniciarla.
Esperé unos minutos con paciencia y vi que valió la pena. La máquina volvió a trabajar
bien.
Esta
simple historia me llevó a un simple paralelo con lo que estaba rezando sobre el
Evangelio de este Segundo Domingo de Adviento, cuando la Iglesia nos invita especialmente
a la conversión.
Este
pasaje comienza con las palabras Juan Bautista desde el desierto: «Convertíos,
porque está cerca el reino de los cielos». Este es el que anunció el Profeta
Isaías diciendo: «Voz del que grita en el desierto: “Preparad el camino del
Señor, allanad sus senderos”» (Mt
3, 1-3).
Espero que esta tan
simple comparación no les moleste y les pueda ayudar un poco a comprender la importancia
de vivir en una constante experiencia de conversión en nuestra vida.
Lo
primero que sucede para que la computadora se reinicie, es que necesitamos
apagarla y detener todos sus programas entrando en un silencio total. De igual
forma, la invitación a la conversión, nos pide primero ese silencio interior. Desconectarnos
del ruido constante, de las múltiples voces que nos distraen, y de ese
activismo que hasta se hace más fuerte en estos días. Ya no tener “hibernada” nuestra
alma. Necesitamos más bien, entrar en nosotros para escuchar los ecos de lo
verdaderamente importante que habita en nuestro espíritu, escuchar lo que Dios
nos muestra y acoger su amor.
Una
vez que la máquina se apaga, el reinicio implica una revisión del sistema para
identificar y corregir cualquier desperfecto o detectar algún virus que le esté
dañando. Y creo que algo así es lo que ocurre en nuestro interior cuando
acogemos la invitación a la conversión. Es el momento de una revisión honesta
de vida, identificando valientemente: los vacíos que necesitamos rellenar (como
la falta de caridad o esfuerzo); lo que necesitamos vivir más (nuestros dones,
nuestros buenos deseos, etc.); lo que necesitamos actualizar (nuestras
motivaciones, compromisos, etc.); y lo que necesitamos sacar (pecados, orgullos,
las cargas inútiles, apegos desordenados, etc.). Revisar todos los aspectos de
nuestra vida como nuestra relación con Dios, con nuestros seres queridos, nuestras
decisiones personales, nuestra misión, etc. Revisar nuestra vida para poder estar
más unificados, consientes y libres para amar de verdad.
Y
lo que me encanta del reinicio es que la máquina no borra todo lo que ya tiene,
sino que lo actualiza para mejorar el rendimiento. Así también, nuestra vida
cristiana necesita una actualización espiritual en la que agradecemos y vivimos
lo bueno que tenemos para lograr cada vez una mejor versión de nosotros mismos.
Y el Adviento es la
época ideal para renovar nuestros compromisos, nuestras motivaciones y nuestra
forma de ver la vida. Tiempo para renovar nuestro deseo de ser santos buscando el
cielo con mayor pasión y sincero esfuerzo. Tiempo de renovar la forma como nos
conocemos y valorarnos a nosotros mismos, la forma como nos relacionamos con
los demás. Un tiempo bendecido para renovarnos más.
Se trata de crecer,
madurar y buscar esa vida plena a la que Cristo nos llama, convertirnos para sacando
lo que nos hace daño y acoger la gracia de Dios para vivir en plenitud.
Y
entonces, si para una simple máquina es necesaria una renovación constante,
¡cuánto más para nuestra vida, hecha para la eternidad!
Cada Adviento es una
excelente ocasión para ser valientes y reiniciar. Y la buena noticia es que no lo
hacemos solos. Juan Bautista nos recuerda el poder de Aquel que viene: “Él
tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero”
(Mt. 3, 12).
No sé si saben que el
bieldo era una herramienta agrícola utilizada para separar la paja del trigo. Este
domingo se nos explicita que Jesús nos asiste y nos da la fuerza del Espíritu
Santo y nos ayuda a discernir y descubrir cuál es la "paja" que nos
estorba y cuál es el "trigo" que nos ha regalado.
Dejemos que Jesús, con Su Bieldo, nos hable y nos guíe. Es el momento de quedarnos con el trigo, de renovar nuestro corazón y de reiniciar una vez más nuestra vida, con la certeza de que con Él todo es bueno, todo es posible y la plenitud de la vida es real y verdadera.
Convertirnos no solo por cambiar, convertirnos a Él, con Él y en Él. Convertirnos para estar cada vez unidos al único que puede darnos la plenitud de la vida y la existencia...



Hermosa reflexión. Gracias
ResponderEliminarGracias Maga por ayudarnos a renovar nuestros buenos propósitos 🙏🏼💕
EliminarExcelente reflexión. Gracias Magali
ResponderEliminar¡Excelente reflexión! ...¡Adviento, tiempo de conversión para llegar al cielo!.. ¡Y cada noche antes de dormir, también puede ser un momento de reiniciar nuestra vida, si Dios Padre nos concede un día más aquí en la tierra!...
ResponderEliminarMuchas gracias, como siempre hermoso mensaje de 2do Domingo de Adviento
ResponderEliminar*Reiniciar* palabra que nos da las posibilidades de mejorar cada día, ser más útiles con nosotros mismos y para los demás prójimos...estaremos más cerca de nuestro*Creador*.
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