Desde que planeé armar el nacimiento en mi nueva casa, me entusiasmó la idea de hacerlo bajo esta pared llena de cruces. Y
estoy contenta porque me ayuda mucho a relacionar más estos
dos misterios…
Uno podría preguntarse qué tiene que ver el tema de la cruz, del dolor
de Jesús con esta etapa del año que nos remite más a la ternura, sencillez y alegría. Pero creo que todos también podemos reconocer que en nuestra
vida las dos realidades pueden ir de la mano.
En
más de una oportunidad todos hemos podido experimentar una gran alegría que fue
de la mano con un sufrimiento. Y es que así es nuestra vida, así es nuestra
humanidad.
Y
Dios nos ama tanto, que viene a estar con nosotros en todas las etapas de nuestra
vida: en los veranos y primaveras, pero también en los otoños e inviernos. Dios
viene para quedarse en TODO momento de nuestra vida porque viene a vivir, a
caminar, a reír, a cargarnos y a permanecer para siempre a nuestro lado.
Es
más, ¿Qué sentido tiene la Navidad y el que Dios se haya hecho hombre, si no fue para
salvarnos?
Qué
misterio es además la forma como nació: en un establo, en un lugar sencillo, en un
contexto de dolor e incertidumbre al no encontrar posada. Nació y fue recostado
en un pesebre, en un lugar hecho de madera, aquel material que sería luego el
de su amorosa salvación.
Me
hizo acordar esta experiencia en la letra de un villancico que hicimos las
fraternas hace tiempo que dice lo siguiente en la primera estrofa:
Entre los maderos de un áspero leño
se está cobijando el Rey de los cielos,
la dureza del madero entraña sabor a
profecía.
Quién diría que el leño que a las bestias
servía,
sería el reposo cálido donde Dios mismo
descansaría.
Y este año me brota mucho darle gracias a Dios por este amor que no acaba y
que no solo se expresa en la ternura de un niño, en el gozo de la Madre que le
arrulla y canta, que no solo nos conmueve al ver la sencillez de los pastores,
en el silencio y fortaleza de San José, en el asombro y búsqueda de los sabios
de oriente. La Navidad está colmada de misterios de esperanza, de amor, de
gratitud, de ternura. Tiene el don de disolver durezas y frialdades. Tiene ese
olor a calidez y cercanía. La Navidad tiene el color del amor y la fraternidad.
Tiene la melodía de la bondad y la apertura de corazón.
¿Y
si este bendito misterio se enriquece con la profecía de la Cruz, de las
promesas cumplidas, de la Salvación?
¿Y si uniéramos la Navidad con esa cruz que Jesús vivió, y con las cruces que tantos seres humanos cargan en este momento?
Hoy me nace dirigirme especialmente a quienes desean vivir la alegría de la Navidad, pero no pueden ignorar el duelo que atraviesan, esa prueba difícil, el problema que les quita el sueño, esa sensación fuerte de depresión, de desesperanza y de miedo incontrolable; o esa decepción que ha dejado grietas hondas en el corazón.
A pocos días de la fiesta, hay muchos hermanos que quisieran estar contentos, pero no se sienten capaces de vivirlo así.
A ellos les quiero decir de todo corazón que hay Alguien, protagonista de esta Navidad, que no quiere dejarles solos, y que, en esa tierna cuna, en ese cálido pesebre, nace y viene para sanar, para consolar, para estar a tu lado y para vivir esa cruz contigo.
Hermano, hoy Jesús hecho Niño te promete que nace, muere y resucita por ti. Te invito a mirar el pesebre y a mirar las promesas de la salvación.
Hoy al contemplar a Jesús tierno y niño, recordemos que las cruces de la vida son como estrellas en nuestra historia, que también dejarán huellas de amor, de entrega, de ofrecimientos y de esperanza porque no las llevamos solos. Las llevamos con Él y el cireneo que las lleva es Él.
El amor vivido en la cruz nos abre las puertas para el misterio de una alegría más honda, una alegría que experimenta el amor recibido, que trasciende toda barrera, ese amor vivo de Dios que no se va de nuestro lado.
Que
esta Navidad no se quede en una fiesta superficial. Que sea ocasión para comprender
que el amor infinito de Dios es un regalo que vino para siempre. Y que no hay experiencia de
nuestra vida en la que Él no pueda llegar, habitar, curar y salvar.
Jesús
nace, Jesús vive, Jesús camina y abraza nuestra existencia en todo momento y en
toda estación. Jesús nos llena de cantos, de dulces y promesas cumplidas pase lo que pase...
¡Feliz
Navidad!
Y
les comparto una oración que le escribí a Jesús por Navidad
Llegas callado,
silente y dulce
en una noche
agitada,
con gente que
transita y se apura.
Llegas al mundo con
esa ternura y dulzura
ésta de recién
nacido.
Llegas con esta
fragilidad divinamente elegida,
acallando y
serenando el corazón asustado.
Llegas para alegrar
el espíritu adormecido
con tu corazón vivo
y en brazos de
María.
Llegas con tu risa y
llanto
de Niño, de Dios
encarnado,
y me enseñas a
guardar y acoger la paz:
la de tu obrar y
escuchar divino.
Llegas y me enseñas
a descansar el alma,
a dejar todo en tus
manos,
a dejar toda
tristeza en este pesebre,
para hacerte Tú una
cuna,
acogiendo mis
ofrendas y sudores.
Estás aquí dormido,
respirando y protegido
tan confiado y
seguro.
Estas dentro de mí,
así vivo,
porque tu amor y tu
paz tan tierna
se aviva con tu
poder frágil
se aviva con este
amor indescriptible,
tan divino, tan
humano, tan hermano.
Amén.


Feliz Navidad para Todos y que Dios reine paz y amor en nuestros corazones.
ResponderEliminarMe encanto Magali
ResponderEliminarSí...llega...llega, cómo una fuerte ráfaga y al acercarse a nuestro corazón 💕 entra como una suave brisa...un suave susurro... lo envuelve en silencio y lo abraza en su Amor.
ResponderEliminarMe llegó al alma Magali, gracias
ResponderEliminarQue lindo Magaly, Feliz Navidad!!!!
ResponderEliminarHermosa reflexión y oración 🙏. Gracias Magali
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