Subí
al bus el otro día, y me llamó gratamente la atención un pequeño detalle:
había gente parada, pero había 4 sitios en la zona preferencial en los que nadie
se sentó. Me quedé pensando entonces que todo pudo empezar con una persona que
decidió dejar libre el lugar, lo cual llevó a otro a hacer lo mismo. Me quedé
conmovida pues era como la cadena de una buena acción que contagió a que otros
hicieran lo mismo. Una cadena que empezó con una primera chispa que encendió a
otros. Y así el bien creció...
Y
al rezar el lindo Evangelio en el que Jesús nos dice que somos la luz del mundo
y la sal de la tierra, me acordé de esta experiencia, porque en nuestra vida
cristiana existe esa primera chispa que empezó el fuego de la verdadera
revolución del amor. Una primera chispa que tiene el rostro de Jesús.
Y
es que El amor de Dios, es luz de vida, es como esa Chispa indescriptible y
misteriosa que puede transformar absolutamente todo.
Es
esa Chispa de amor capaz de convertir lo más oscuro y difícil en un jardín fresco de
flores y pastos verdes porque la luz de su gracia nos ilumina.
Capaz
de alumbrar lo triste y doloroso de tal manera, que pueda acelerar el reloj y los
días para que al amanecer, descubramos que Él nos estuvo cargando y sosteniendo toda
la noche.
Esa
Chispa de amor, capaz de transformar las pruebas y cruces en regalos y ofrendas
dulces que se dan a los que amamos entrañablemente.
Esa
Chispa de amor capaz de alumbrar los misterios e incertidumbres de la vida transformándolos
en sendas seguras y ligeras, porque vamos de la mano con Él.
Y
entonces, al recibir esa chispa de amor en nuestras vidas, somos luz para el
mundo, porque se ha encendido en nosotros un fuego que arde por alumbrar a otros para que comprendan sus vidas y se
encuentren también con Él.
Y
entonces, somos luz en el mundo para gritar con pasión y esperanza que el amor
triunfa, que la esperanza existe y que la felicidad es plena y real.
Y
entonces, somos luz para ser parte de una cadena de luz.
Hemos
nacido para ser luz, y si hemos nacido para serlo, estoy convencida que la
única forma de ser felices es alumbrando a otros para que reciban esta luz del
amor de Dios.
Todo
comienza entonces, con dejar que la chispa encienda nuestro corazón una y otra vez.
Todo
comienza, cuando el amor se hace concreto al servir y entregarnos con generosidad
a los demás.
Todo
comienza cuando amamos con su amor e iluminamos con su luz.
Todo
comienza con dejar que su chispa se encienda en nosotros para brillar con
gratitud, con esperanza y alegría en medio de este mundo.
Si
fuimos hechos para ser luz, brillemos sin temor con
esa llama particular y única que Él nos ha dado.
Mateo 5, 13-16


Que el Espíritu Santo nos guíe e ilumine a través de esos pequeños detalles que se manifiestan en nuestro servicio, especialmente en nuestro entorno...familia; dándonos con alegría, serenidad ... oremos nos dé su luz, paz y tranquilidad de Espíritu, que solo Dios puede darnos en su infinita misericordia, para poder servirle en nuestros hermanos 🙏
ResponderEliminarHermoso mensaje
ResponderEliminarQuerida Magali, como siempre muy agradecida por compartir, tu bellísima reflexión de esta semana.
ResponderEliminarTu nos dices:
-Todo comienza en dejar que su chispa se encienda en nosotros para brillar con gratitud, esperanza y alegría.
-Y porque vamos de la mano con Él, es capaz de alumbrar los misterios e incertidumbres de la vida, transformándolas en sendas seguras y ligeras..........🙏
Bella, muy bella reflexión como todas las que nos compartes.
Dios te Bendiga y te Guarde siempre querida Magali.
Elvira Orellana.