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La primera chispa...

 



Subí al bus el otro día, y me llamó gratamente la atención un pequeño detalle: había gente parada, pero había 4 sitios en la zona preferencial en los que nadie se sentó. Me quedé pensando entonces que todo pudo empezar con una persona que decidió dejar libre el lugar, lo cual llevó a otro a hacer lo mismo. Me quedé conmovida pues era como la cadena de una buena acción que contagió a que otros hicieran lo mismo. Una cadena que empezó con una primera chispa que encendió a otros. Y así el bien creció...

Y al rezar el lindo Evangelio en el que Jesús nos dice que somos la luz del mundo y la sal de la tierra, me acordé de esta experiencia, porque en nuestra vida cristiana existe esa primera chispa que empezó el fuego de la verdadera revolución del amor. Una primera chispa que tiene el rostro de Jesús.  

Y es que El amor de Dios, es luz de vida, es como esa Chispa indescriptible y misteriosa que puede transformar absolutamente todo.

Es esa Chispa de amor capaz de convertir lo más oscuro y difícil en un jardín fresco de flores y pastos verdes porque la luz de su gracia nos ilumina. 

Capaz de alumbrar lo triste y doloroso de tal manera, que pueda acelerar el reloj y los días para que al amanecer, descubramos que Él nos estuvo cargando y sosteniendo toda la noche.

Esa Chispa de amor, capaz de transformar las pruebas y cruces en regalos y ofrendas dulces que se dan a los que amamos entrañablemente.

Esa Chispa de amor capaz de alumbrar los misterios e incertidumbres de la vida transformándolos en sendas seguras y ligeras, porque vamos de la mano con Él.

Y entonces, al recibir esa chispa de amor en nuestras vidas, somos luz para el mundo, porque se ha encendido en nosotros un fuego que arde por alumbrar a otros para que comprendan sus vidas y se encuentren también con Él.

Y entonces, somos luz en el mundo para gritar con pasión y esperanza que el amor triunfa, que la esperanza existe y que la felicidad es plena y real.

Y entonces, somos luz para ser parte de una cadena de luz.

Hemos nacido para ser luz, y si hemos nacido para serlo, estoy convencida que la única forma de ser felices es alumbrando a otros para que reciban esta luz del amor de Dios.

Todo comienza entonces, con dejar que la chispa encienda nuestro corazón una y otra vez.

Todo comienza, cuando el amor se hace concreto al servir y entregarnos con generosidad a los demás.

Todo comienza cuando amamos con su amor e iluminamos con su luz.

Todo comienza con dejar que su chispa se encienda en nosotros para brillar con gratitud, con esperanza y alegría en medio de este mundo.

Si fuimos hechos para ser luz, brillemos sin temor con esa llama particular y única que Él nos ha dado.



Mateo 5, 13-16




Comentarios

  1. Que el Espíritu Santo nos guíe e ilumine a través de esos pequeños detalles que se manifiestan en nuestro servicio, especialmente en nuestro entorno...familia; dándonos con alegría, serenidad ... oremos nos dé su luz, paz y tranquilidad de Espíritu, que solo Dios puede darnos en su infinita misericordia, para poder servirle en nuestros hermanos 🙏



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  2. Querida Magali, como siempre muy agradecida por compartir, tu bellísima reflexión de esta semana.
    Tu nos dices:
    -Todo comienza en dejar que su chispa se encienda en nosotros para brillar con gratitud, esperanza y alegría.
    -Y porque vamos de la mano con Él, es capaz de alumbrar los misterios e incertidumbres de la vida, transformándolas en sendas seguras y ligeras..........🙏
    Bella, muy bella reflexión como todas las que nos compartes.
    Dios te Bendiga y te Guarde siempre querida Magali.

    Elvira Orellana.

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