Era
de mañana, íbamos por una calle peligrosa y mi mamá manejaba. Hacía mucho calor
y tenía la ventana abierta. Cuando de pronto en una luz roja apareció un hombre
que arranchó su reloj. Ella se defendió como pudo, pero el ladrón se lo llevó.
Felizmente no pasó nada más. No sabía qué sentir; era una sensación de miedo e
impotencia y sobre todo cólera por una injusticia, porque arrebató algo que no
era suyo y que ella tanto valoraba. Cuando de pronto me preguntó si
estaba bien, para luego decir una frase que no se me olvida: “pobre hombre,
espero que lo use para lo que esté necesitando tanto…”. Y siguió
manejando serena...
Esa actitud no se me borró de mis recuerdos. Me dio una gran lección porque la nobleza, compasión y el perdón le brotó automáticamente, (obviamente luego le salió el susto y se fastidió mucho). ¿Quién no ha sentido cólera más de una vez en su vida?
Y
me vino esta historia al leer lo que Jesús nos alienta a vivir este domingo:
«A vosotros los que
me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os
odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian. Al que te
pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le
impidas que tome también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo
tuyo, no se lo reclames.
Tratad a los demás
como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué
mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien
sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen
lo mismo.
Y si prestáis a
aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores
prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.
Por el contrario,
amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande
vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los
malvados y desagradecidos.
Sed misericordiosos
como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no
condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os
dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con
la medida que midiereis se os medirá a vosotros». Lucas 6, 27-38
Un
reto que nos parece casi imposible e irreal…
Creo
que la cólera es una fuerza que sale desde el estómago. Es como algo fuerte que
busca dirigirse a algo o mejor dicho a alguien responsable o culpable. Se
activa y se mueve ante algo que no estuvo bien: una injusticia, una agresión,
un abuso, una humillación, una traición o un daño. Y a veces va acompañado
de esa difícil sensación de impotencia, de frustración y con un alto deseo de
venganza…
Una
emoción que puede evocar palabras y acciones para reclamar justicia, o buscar
el castigo. Y puede ir dirigida a uno mismo, a las circunstancias de la vida o
a Dios cuando no le entendemos, pero tal vez la forma más viva de evidenciarse
es en relación a otra persona.
Y
creo que en nuestra vida no es que tengamos “enemigos”, pero sí es real esta
cólera ante personas que nos han llevado al desconcierto, al resentimiento, a
algún descontrol. Ese dejarnos como descompuestos y hasta somatizándose en
nuestra salud.
¿Por
qué tanta descripción sobre esta emoción? Porque Jesús este domingo nos invita
a tener una sana respuesta ante estas experiencias desagradable y muy humanas
de las cuales brotan preguntas como el: ¿Por qué?, ¿Cómo empezó?, ¿Qué busca?,
¿Cuándo acaba?, ¿Para qué lo hace?, ¿Qué necesito vivir ante ello? etc.
Y
entonces, nos encontramos Él nos pide amar y bendecir como respuesta. Nos pide
seguir dando al que nos ofende, seguir haciendo el bien y ser compasivo con el
que nos hizo daño. Nos pide perdonar y amar.
Pueden
entonces darnos ganas de pensar que Jesús lo dice porque es Dios todopoderoso,
porque a Él no le cuesta, porque Él está en otro mundo. Pero si somos de los
que sabemos con certeza que Él ha sido tan humano como nosotros, entenderemos
que en realidad sí tenía más razones que todos nosotros juntos para vengarse,
para castigarlos o para juzgarlos. Y sin embargo, no actuó así. Siempre nos ha
enseñado a rechazar el mal y hasta odiarlo, pero nunca hacerlo con el pecador.
Hoy
Jesús nos enseña a levantar la mirada, el horizonte y también el corazón. Nos
invita a no quedarnos rumiando las injusticias recibidas, sino rumiar nuestros
sueños, nuestras metas, el amor recibido y vivido, para respirar aire fresco,
bueno y sano. Nos enseña a no desgastar nuestra vida y nuestro tiempo en
ajustar cuentas y habituarnos a recordar sólo las heridas…Nos invita a alcanzar
la paz...
Y
gracias a Dios no somos los jueces de los demás, y no nos toca dar sentencias.
Tenemos por Juez al mismo Dios. Y Él sabrá leer, comprender y decidir
correctamente, viendo los corazones de cada uno de nosotros. Un Rey y Juez que
definirá el futuro y la sentencia de nuestra vida y la de los demás con una
justicia perfecta que nuestra razón no puede comprender. Así que no gastemos
absurdamente el tiempo fantaseando o cumpliendo venganzas y castigos…
Tenemos
un Juez justo, un Juez bueno y misericordioso que nos perdona (porque también
muchos necesitan nuestro perdón) y perdona a los demás
Hoy
Jesús nos ofrece toda su fuerza y toda su gracia para caminar con misericordia,
con amor y compasión; para que el día que nos “arranchen el reloj” aprendamos a
poner la mejilla del perdón y misericordia. Algo que sabemos bien se va ganando
poco a poco, pero que sí se puede con su ayuda y gracia.
Liberémonos
poco a poco del resentimiento que nos daña, para poder caminar junto a Él sin
fijarnos en la paja en el ojo ajeno. Centremos todos nuestros sentidos en el
Amor que nos da y nos realiza al compartirlo cada vez más con los demás.
Si
queremos vivir la verdadera paz, aprendamos a recibir el perdón de Dios, pero
también a saber perdonar a los demás de corazón como Él nos ha enseñado…
El mayor acto de amor, el perdón
ResponderEliminarGracias Magali x la linda reflexión, perdonar con amor.
ResponderEliminarMe hizo reflexionar en el momento preciso, Dios habla a través de las personas, gracias.
ResponderEliminarUn tema muy fuerte...tenemos que fortalecernos con la fuerza el Espíritu Santo para dominar tantos defectos que nos hacen daño... Gracias interesante comentario...<<<
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