Cuando uno va de viaje puede experimentar cosas muy buenas y disfrutar momentos inolvidables, más aún cuando estás con los que quieres. Y cuando llegas de regreso a casa, viene una sensación sana de haber llegado a ese espacio que ofrece protección y tranquilidad porque vives allí. Modos de estar lejos o cerca de la casa hay muchos. Y justo este domingo, Jesús nos regala la hermosa historia llamada el Hijo Pródigo y mejor llamada la del Padre Misericordioso. Los animo a ir haciendo un paralelo en sus vidas, para ubicar en qué aspecto podemos encarnarlo y recibir su enseñanza de vida para el momento que atravesamos. Esta historia empieza con el hijo menor que le pide la herencia a su padre. Y el padre respetando su libertad y a pesar de su pena, se la da. Herencia que puede ser en nuestra vida el uso de nuestros dones, talentos y recursos para ser usados incluso de forma errada, con el fin de sentir “algo nuevo” o para sentirnos “libres” de usarlos sin amor si es que se nos antoja...
Todos tenemos experiencias cotidianas que nos llenan de asombro y nos llevan a encontrarnos con la presencia de Dios en nuestra vida. Quiero compartirles mis propias experiencias sencillas y reales, que puedan animarles a descubrir las que están a su alrededor...