Ir al contenido principal

Dejarnos sorprender...

 


Hay veces que sentimos que todo se junta. Esas en las que hay cambios de planes, exigencias mayores y la clara experiencia que se nos levanta la varilla. Experiencias que nos llevan a mirar más alto y comprender que el horizonte es más inmenso de lo que suponíamos. Estas semanas me tocó vivir y aprender muchas cosas de ello…

Siempre estará en nuestra libertad el renegar por las exigencias que nos toca vivir, o el hacer un acto de confianza, con la certeza de que Dios está detrás de todo, incluso sacando bienes de los males y que siempre estaremos protegidos por Él…

Cuántas veces he podido experimentar en momentos así, el misterio de sentir claramente que Dios me busca y me habla. Cuántas veces al ver dificultades o preguntas sin resolver, veo que hay una voz amorosa que me tranquiliza y una mano firme que me sostiene con su gracia invitándome a poner y renovar mi seguridad en Él.

Son esos momentos en los que siempre me sorprende, porque me habla, me recuerda lo esencial, me llama para algo nuevo o me consuela en medio de mis que haceres y de mi vida simple y cotidiana. Cuando menos lo espero, allí está su presencia y la sorpresa de su amor con otra forma y color.

Así pues, como en el Evangelio de este domingo Jesús llamó a 4 de sus apóstoles en medio de las redes y la pesca, en medio del oficio diario, en medio de la familia, en medio de los amigos, en medio del trabajo y en plena luz del sol, Jesús también me llama y te llama buscando nuestra salvación y mostrándonos el verdadero horizonte de la vida.



Estos 4 pescadores le siguieron, porque no cabía duda que era la verdad y lo mejor. Así también nosotros al saber que Él nos llama, podemos optar esa verdad evidente donde los engaños, las fantasías y los argumentos que no nos responden, caen por su propio peso.

Y es que, ante la mirada de Cristo, solo nos brota caer de rodillas, mirarlo de frente y abrir el corazón para mostrarle nuestros sueños, nuestras heridas y fragilidades. Solo queda decirle con sinceridad que no podemos solos, que necesitamos de Él y su gracia. Solo nos queda reconocer que confiar en nuestras fuerzas es ingenuo e irreal. Solo nos queda dejar que nos tome de su mano y caminar con Él.

Los pescadores entendieron que sus redes, su trabajo, los peces, el dinero que obtenían, el padre que les acompañaba y todo era importante, pero no era suficiente para calmar el hambre interior. Entendieron que no solo nacieron para ser pescadores, sino como Jesús les dijo: para ser pescadores de hombres.


Cuántas veces podemos reconocer que estamos bien, que tenemos una vida en paz, sana, que no hacemos daño a nadie y que incluso hacemos el bien a los demás. Tal vez somos conocidos como buenos cristianos o modelos de vida para otros. Pero en el fondo del corazón podemos darnos cuenta que no basta con eso. No basta con ser buenos para este mundo. Hemos nacido para cosas más grandes aún, hemos nacido para ser santos, para poder amar, vivir, actuar, decidir, hacer y sentir como Él. Meta que no es imposible porque con la gracia de Dios sí lo podemos lograr.

Hoy le pedía una vez más al Señor que me siga sorprendiendo, que me siga cambiando los planes para escuchar en esas situaciones exigentes cómo Él me tiene de su mano. Le pedí con miedo y entusiasmo a la vez que me invite a dejar esas redes que pueden simbolizar muchas cosas. Y como me dijo un sacerdote a quien le tengo gran aprecio y gratitud, que aprenda a “dejar las redes que me enredan” para ser toda de Él.


Tengamos los oídos atentos y vivamos el día a día con gratitud, confianza y esperanza. Jesús está a nuestro lado y cuando menos lo esperemos nos mirará de manera más especial a los ojos para invitarnos a dar otro salto de fe, otro terremoto en el corazón, otra situación que nos lleve a lo esencial y a la certeza que con Él sí podemos ser plenamente felices pues podremos dejar las redes, caminar a su lado y ser pescadores de hombres desde la situación personal y concreta de nuestra vida.



Animémonos a seguirle cada vez más y mejor. Animémonos a abrirle nuestro corazón para dejar las redes que nos hacen daño, tomar las que nos hacen más felices. Dejemos que Él conduzca nuestra barca hacia esa vida plena y feliz que tanto anhelamos.

¡Dejémonos siempre sorprender por Él!

San Marcos 1,14-20

 

Les invito a escuchar esta canción que a tantos nos gusta, buscando estar a solas con Él para decirle lo que esta bella letra dice.




Comentarios

  1. Bravo , viva Magali !!! Totalmente cierto y real . Tu blog semanal me está ayudando mucho a hacer crecer mi fe En el .

    ResponderEliminar
  2. Querida Magali, si supieras como tus reflexiones me llegan al Alma y como mi Espíritu se llena de la Gracia de Dios, con cada envío de que nos compartes cada semana.
    Vivir como dices, cada día con Gratitud, Confianza y Esperanza, llenarnos del conocimiento de Dios y reconocer que por él vivimos, nos movemos y existimos.
    Magali, realmente me siento muy agradecida por tus reflexiones, que llenan de regocijo mi Alma, mi Mente y mi Corazón.
    Dios te Bendiga y te Guarde!!!!
    Un grande y fuerte abrazo.
    Elvira.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Elvira me alegra mucho que te ayuden. Y como dices nunca dejemos de confiar y mantener nuestra esperanza en El

      Eliminar

Publicar un comentario